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» Clarin
Fecha: 04/05/2026 06:20
Gracias a coincidencias que prodigan los ciclos de cine clásico en Madrid y las plataformas globales que ofrecen entretenimiento ininterrumpido, la semana pasada reuní y disfruté en cartelera la película Cabaret y la serie española Yakarta y a sus protagonistas: Sally y Joserra, dos perdedores memorables. Chica y sesentón; ella, estadounidense veinteañera en el Berlín que anticipa el ascenso del nazismo (interpretada por la deslumbrante Liza Minelli); él, español y exjugador olímpico de bádminton en Barcelona 92, divorciado, padre disfuncional de manual y ludópata en recuperación. Nadie mejor que Javier Cámara para ponerle piel y entraña a este hombre aferrado con sed a un sueño, tras décadas de intentarlo en vano. Joserra creerá ver una vía al campeonato nacional y al destino soñado (Yakarta, donde el bádminton es venerado) al descubrir a Mar, una excepcional jugadora de quince años, tan solitaria y golpeada como él. La historia de ambos se entrevera durante seis capítulos con la ilusión de ganar la medalla que hará del fracaso algo pasado. Las uñas pintadas de un color esmeralda shocking era lo primero que sorprendía del aspecto de Sally Bowles, el personaje de Christopher Isherwood, que Minelli encarnó en Cabaret (1972), la comedia musical que Bob Bosse llevó al cine y se alzó con ocho premios Oscar. Más de 50 años después, la película sigue imantando por su derroche de talento. El submundo en el que se mueve esa actriz de variedades del Kit Kat, un club berlinés de la década del 30 del siglo XX, encarna la decadencia de una época y el advenimiento del horror nazi. Los dos, Sally y Joserra, intentan cambiar su suerte, aunque para lograrlo chapotean en las malas artes y el autoengaño. A pesar de sus traspiés e incontables defecciones, despiertan solidaridad en los espectadores al menos a la hora del anhelo, porque todos hemos deseado furiosamente algo que no pasó, que era imposible que sucediera (o que nos sucediera a nosotros), pero aun sabiéndolo perseveramos en perseguirlo. Ambos personajes calzan como guantes esa idea borgiana de que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece. ¿Qué es vencer?, parecen preguntar saboreando sus hazañas. Sigo tarareando muchos días después las canciones de Sally y veo al Joserra del 92, un tigre aferrado a la raqueta, feroz al pelear cada punto como en sus mejores días. Sobre la firma Newsletter Clarín
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