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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/05/2026 03:29
El 13 de septiembre de 1978, Cheryl Bradshaw eligió al soltero número uno. Era un miércoles más para el resto de Estados Unidos. Para ella, la joven que esa tarde se sentó frente a las cámaras del programa de citas The Dating Game, fue el día en que su instinto le salvó la vida. El hombre al que acababa de elegir (alto, de cabello largo y respuestas ingeniosas) ya había matado al menos a cuatro personas. Y mataría de nuevo antes de que terminara el año. Quién era Rodney Alcala Rodney James Alcala nació el 23 de agosto de 1943 en San Antonio, Texas, bajo el nombre Rodrigo Jacques Alcala-Buquor. Cuando tenía ocho años, su padre trasladó a la familia a México y los abandonó allí tres años después. Su madre los llevó a Los Ángeles. A los 17, Alcala se enlistó en el ejército, donde acumuló señalamientos por conducta sexual inapropiada hasta que sufrió un colapso nervioso. Fue dado de baja con diagnóstico de trastorno de personalidad antisocial. Luego se graduó con honores en Bellas Artes por la Universidad de California en Los Ángeles, con un coeficiente intelectual de 135. PUBLICIDAD El patrón que definiría sus crímenes quedó documentado en las autopsias. Los informes indicaron que golpeaba, mordía, violaba y estrangulaba a sus víctimas. En varios casos, las estrangulaba hasta hacerlas perder el conocimiento, esperaba a que recuperaran el sentido y repetía el proceso. Cuando terminaba, les quitaba aros, pulseras, anillos. Y se los guardaba como un trofeo. Preservaba esas joyas durante años, declaró la actriz y directora Anna Kendrick, quien investigó los crímenes para su película Woman of the Hour. PUBLICIDAD La primera víctima: Tali Shapiro, ocho años El 25 de septiembre de 1968, el agente Chris Camacho patrullaba Sunset Boulevard cuando recibió un llamado: un auto beige sin placas seguía a una niña. Un transeúnte había visto a Tali Shapiro, de ocho años, subir al vehículo de un hombre. Lo siguió. Llamó a la policía. Camacho llegó al departamento del sospechoso y tocó la puerta. PUBLICIDAD Dije: Policía. Abra la puerta. Necesito hablar con usted, relató Camacho en el programa 48 Hours de CBS News. Un hombre apareció en la entrada. Dijo: Estoy en la ducha. Necesito vestirme. Le dije: Tiene diez segundos. Camacho derribó la puerta principal. En la cocina, Tali Shapiro yacía en el piso rodeada de sangre, con una barra de metal junto al cuerpo. No respiraba. Mientras Camacho registraba la casa buscando al agresor, la niña comenzó a toser. PUBLICIDAD Estaba arcando e intentando respirar -recordó el agente-. Pensé que iba a lograrlo. Alcala escapó por la puerta de atrás mientras la policía entraba a la casa. En el departamento quedaron atrás cientos de fotografías de niñas muy jóvenes y documentos de identidad a nombre de Rodney Alcala, estudiante de UCLA. PUBLICIDAD El fiscal adjunto del condado de Orange, Matt Murphy, describió años después la escena con una precisión que no requiere adornos. Esos zapatitos blancos de charol en el suelo, esa barra de metal que usó para estrangularla y ese charco de sangre. Demasiada sangre para salir de una niña tan pequeña. Cornelia Crilley: el crimen que durmió cuatro décadas Alcala huyó a Nueva York. Cambió su nombre a John Berger y se matriculó en la escuela de cine de la Universidad de Nueva York, donde tomó clases con Roman Polanski. Consiguió trabajo como consejero en un campamento de artes dramáticas para niñas en New Hampshire. Allí, dos campistas lo reconocieron en el cartel de los Diez Más Buscados del FBI y lo reportaron. Lo arrestaron en agosto de 1971. PUBLICIDAD Sin la testigo principal (la familia de Tali Shapiro había salido del país y se negó a que la niña declarara), los fiscales no pudieron sostener los cargos de violación. Alcala negoció una condena menor por abuso infantil y quedó libre en agosto de 1974 tras 34 meses de prisión. Lo que nadie sabía entonces era que, semanas antes de su arresto en New Hampshire, Alcala ya había matado. PUBLICIDAD En junio de 1971, Cornelia Crilley, de 23 años, auxiliar de vuelo de TWA, pasó el día mudándose a su nuevo departamento en Nueva York. Su novio, Leon Borstein, llegó esa noche a visitarla y encontró la puerta cerrada con llave. Nadie contestó el teléfono. La policía entró al departamento. Crilley estaba desnuda, atada, estrangulada con sus propias medias de nailon. Tenía algo introducido en la boca para impedir que gritara y una marca de mordida en el pecho. La fiscal de Manhattan Melissa Mourges, que décadas después llevaría el caso a juicio, describió la escena como de una ferocidad brutal. Con casi 2.000 homicidios registrados en Nueva York ese año, la investigación no avanzó. El caso quedó archivado. Permaneció sin resolver durante 40 años. Rodney Alcala no figuraba siquiera como sospechoso. PUBLICIDAD Ellen Hover: la ahijada de Sammy Davis Jr. Semanas después de salir de prisión por segunda vez, las autoridades de California lo dejaron viajar a Nueva York a visitar familiares. El 15 de julio de 1977, Ellen Hover, de 23 años, anotó en su agenda que ese día se reuniría con John Berger. La joven era música, hija del dueño del famoso club nocturno Ciros de Hollywood, ahijada de Sammy Davis Jr. y Dean Martin. Su amiga de la universidad Anita Feinberg la describió como alguien que nunca confundía lo que tenía con quién era. Días después, su madre llamó a Feinberg. -¿Has sabido algo de Ellen? -No -respondió Feinberg-. No pensé nada hasta que pasaron un par de semanas y apareció en los periódicos. La desaparición de Hover, dada la notoriedad de su familia, fue noticia de primera plana. Los detectives rastrearon la entrada en su agenda. Encontraron el nombre John Berger. No conectaron los puntos. Su cuerpo apareció un año después, enterrado en los terrenos del Hospital Memorial Phelps en el condado de Westchester, cerca de la finca Rockefeller, tan descompuesto que solo los registros dentales permitieron identificarla. La autopsia confirmó homicidio. El caso quedó abierto. El año más letal: cuatro mujeres entre 1977 y 1979 De regreso en Los Ángeles, Alcala consiguió empleo como tipógrafo en Los Angeles Times en septiembre de 1977. Era delincuente sexual registrado. Nadie verificó sus antecedentes. Fotografiaba bodas los fines de semana. Por las noches, abordaba mujeres jóvenes con el mismo anzuelo: era fotógrafo de moda y buscaba modelos para un concurso. En noviembre de 1977, Jill Barcomb tenía 18 años. Había llegado a California desde Nueva York. Su cuerpo fue hallado en una zona boscosa de Los Ángeles. Había sido violada y estrangulada. El caso no se vinculó a Alcala sino décadas después, cuando el ADN extraído de muestras tomadas durante su encarcelamiento lo conectó con la escena del crimen. En junio de 1978, Charlotte Lamb tenía 32 años. Trabajaba como secretaria legal. La encontraron en la lavandería de un complejo de departamentos en El Segundo, al sur de Los Ángeles. Había sido violada y estrangulada. Como en el caso de Barcomb, el ADN resolvió lo que la investigación original no pudo. En diciembre de 1978 (tres meses después de su aparición en The Dating Game) Georgia Wixted tenía 27 años y trabajaba como enfermera en Malibu. Fue violada, golpeada con un martillo y estrangulada en su propio departamento. Los investigadores hallaron en la escena del crimen una huella dactilar que no pudieron identificar durante décadas. El ADN, finalmente, cerró el círculo. En junio de 1979, Jill Parenteau tenía 21 años. Vivía en Burbank. Fue estrangulada en su apartamento. Su caso también permaneció sin resolver hasta que el perfil genético de Alcala lo delató. Cómo un asesino en serie llegó a la televisión en horario estelar En marzo de 1978, la policía de California entrevistó a Alcala como sospechoso en los crímenes del Estrangulador de las Colinas. Lo descartaron. No advirtieron que estaban frente a otro asesino en serie. Meses después, la producción de The Dating Game lo seleccionó como concursante. Tampoco realizó verificación de antecedentes. Fue presentado al público como un fotógrafo exitoso que comenzó su carrera cuando su padre lo encontró en el cuarto oscuro a los 13 años. El instinto que salvó una vida Detrás del escenario, Bradshaw habló con él por primera vez sin cámaras de por medio. Lo que sintió no fue atracción. Empecé a sentirme mal -declaró años después al diario australiano Sydney Telegraph-. Actuaba de manera muy perturbadora. Rechacé su oferta. No quería volver a verlo. Para ese momento, Alcala ya había asesinado al menos a cuatro mujeres en California. Y no había terminado. Robin Samsoe: doce años, una bicicleta prestada y un ballet al que nunca llegó El 20 de junio de 1979, Robin Samsoe, de 12 años, tomó prestada la bicicleta de una amiga para llegar a su clase de ballet en Huntington Beach, California. Ese mismo día, en la playa, un hombre había abordado a sus amigas y les había pedido que posaran para fotografías. Declinaron. Samsoe se fue pedaleando. Nunca llegó al ballet. Doce días después, un guardabosques encontró sus restos en una zona boscosa cerca de las estribaciones de Sierra Madre, en Pasadena. Los animales habían dispersado los huesos. La identificación requirió un trabajo forense minucioso. Un artista forense elaboró un retrato del sospechoso a partir de los testimonios de las amigas de Samsoe. El exoficial de libertad condicional de Alcala lo reconoció de inmediato. Los investigadores obtuvieron una orden para registrar el casillero de almacenamiento que Alcala tenía en Seattle. Dentro encontraron cientos de fotografías de mujeres y niñas, y entre los objetos guardados, los aros de Robin Samsoe. Fue arrestado el 24 de julio de 1979. Monique Hoyt: la que escapó No todas murieron. En febrero de 1979, Monique Hoyt, de 15 años, aceptó posar para Alcala en una zona montañosa aislada. Alcala la dejó inconsciente y la agredió sexualmente. Cuando recuperó el conocimiento, Hoyt evaluó la situación con una lucidez extraordinaria para su edad. La chica convenció a Alcala de que no estaba enojada, de que quería continuar viéndolo. Los dos volvieron al auto. Cuando Alcala se detuvo en una estación de servicio para ir al baño, Hoyt corrió. Encontró refugio en un restaurante cercano y dio la alarma. La policía arrestó a Alcala, pero su madre pagó la fianza y quedó libre poco después. Tres juicios, treinta años, una condena que no llegaba El primer juicio, en 1980, terminó con condena a muerte. La Corte Suprema de California la anuló. El jurado había sido indebidamente influenciado al conocer los antecedentes sexuales del acusado. El segundo juicio, en 1986, produjo otra condena a muerte. Un panel de la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito la revocó en 2001, en parte porque el juez no permitió que un testigo declarara en apoyo a la defensa. Durante esos años en prisión, Alcala publicó un libro titulado You, the Jury en el que proclamó su inocencia. Interpuso dos demandas contra el sistema penitenciario de California. El tercer juicio llegó en 2010, 31 años después del asesinato de Samsoe. Esta vez, el ADN extraído de muestras obligatorias tomadas durante su encarcelamiento vinculaba a Alcala con los asesinatos de Barcomb, Wixted, Lamb y Parenteau. La acusación combinó los cinco casos en un solo proceso. Alcala decidió ser su propio abogado. Durante cinco horas se formuló preguntas a sí mismo en voz grave, refiriéndose a sí mismo como el señor Alcala, y luego las respondía. Alegó haber estado en el parque de diversiones Knotts Berry Farm el día del asesinato de Samsoe. No recuerdo haber matado a esas mujeres, dijo. El jurado lo declaró culpable de los cinco cargos. En marzo de 2010 fue sentenciado a muerte por tercera vez. El rastro que no terminó con la condena En 2012, Alcala fue extraditado a Nueva York, donde se declaró culpable de los asesinatos de Cornelia Crilley y Ellen Hover. Recibió una condena de entre 25 años y cadena perpetua, aunque nunca la cumplió porque permanecía bajo custodia de California. En 2016 fue acusado del asesinato de Christine Ruth Thornton en Wyoming en 1977, una mujer que los investigadores identificaron en una de sus propias fotografías, guardadas en el casillero de Seattle. Los fiscales optaron por no extraditarlo dado su estado de salud. Rodney Alcala murió el 24 de julio de 2021, a los 77 años, por causas naturales en un hospital cercano a la prisión estatal de Corcoran, en California. La cámara de la muerte nunca se activó. PUBLICIDAD PUBLICIDAD
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