04/05/2026 04:30
04/05/2026 04:30
04/05/2026 04:24
04/05/2026 04:12
04/05/2026 04:04
04/05/2026 04:04
04/05/2026 04:03
04/05/2026 03:59
04/05/2026 03:59
04/05/2026 03:54
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/05/2026 02:54
Es jubilada, tiene 64 años y armó su refugio energético dentro una mini casa de 15 m2 en las sierras cordobesas (Video gentileza: Modo Container) Hay decisiones que se toman con la cabeza y otras que se imponen con el instinto de supervivencia. Para Silvia Valdivia, la jubilación no fue el final de una etapa, sino la consolidación de un renacimiento que empezó en 2010 con una advertencia médica: era momento de priorizarse. Tras desempeñarse como supervisora en una empresa de cosméticos durante 15 años, esta cordobesa de 64 años entendió que tras separarse debÃa aprender a soltar y dejar de vivir en tribu. PUBLICIDAD Ese salto no solo la llevó a mudarse sola por primera vez después de décadas de rutinas familiares, sino a entender que la verdadera libertad no requerÃa de grandes estructuras de cemento, sino de una conexión profunda con la naturaleza y de aprender, finalmente, a verse a sà misma. Desde hace tres años y medio, Silvia es dueña de un mini hogar container de 15 metros cuadrados en Villa Flor Serrana, una reserva natural que pertenece a la comuna de Tanti, y donde -dice- aprendió a leer las señales del universo para encontrar su lugar en el mundo. PUBLICIDAD La decisión de invertir en Tanti no surgió de un frÃo análisis inmobiliario. Fue como un renacimiento, una cuestión de vibración, admitió. En agosto de 2021, mientras buscaba un espacio para conectar con la naturaleza, un encuentro mÃstico selló su destino. Estábamos tomando mates en la Reserva Natural Privada Cascada Los Chorrillo y sentà el ruido de unos caballos bañándose en el rÃo. Salieron del agua, se revolcaron en la arena y uno de ellos hizo contacto visual conmigo; se me vino encima. En ese momento miré a mi ahijada y le dije: Este es el lugar, relató Silvia a Infobae con la emoción todavÃa a flor de piel. PUBLICIDAD DÃas después, y tras visitar varios terrenos, la confirmación no vino de los papeles, sino del cuerpo. Silvia, que suele usar un péndulo para medir las energÃas, esta vez no lo necesitó. Al caminar bajo un monte sintió una vibración que la atravesó. Sentà la energÃa de los árboles. Antes de que la vendedora me dijera el precio, yo ya sabÃa que el lote era mÃo, recordó. Silvia no querÃa una construcción tradicional. No querÃa renegar con bolsas de cemento, robos de materiales o plazos eternos. Buscaba algo ágil, coherente con su filosofÃa sustentable y amigable con el medio ambiente de la reserva. Asà fue como Instagram o la causalidad, como ella prefiere llamarlo le puso enfrente al estudio de arquitectura Modo Contenedores. PUBLICIDAD Vi un video de un mini container marÃtimo transformado en un hogar compacto pero confortable y quedé fascinada, afirmó. Inmediatamente se puso en contacto con la firma y comenzaron a diseñar lo que serÃa su nuevo hogar en medio de las sierras. La construcción se realizó Ãntegramente en nuestra fábrica de San Francisco, Córdoba, y duró 90 dÃas. Luego, fue traslada con un camión y se descargó con una grúa sobre una base de cemento, que fue previamente armada en el terreno, precisó a este medio José Schreiberg, arquitecto y dueño de Modo Contenedores. PUBLICIDAD Actualmente, un monoambiente de este estilo cuesta $20.000.000. Podemos hacer el diseño con aberturas, revestimientos y equipamientos a gusto de cada propietario, ya sea más modernos o rústicos, precisó Schreiberg. El momento cumbre del proceso de la construcción fue la elección del color. Silvia rechazó el amarillo vibrante y optó por un verde agua profundo. El dÃa que me mandaron la foto del container ya pintado, me dio un golpe en el corazón. Me largué a llorar. Sentà que habÃamos bajado una idea que estaba allá arriba y la habÃamos plasmado en la Tierra. Trajimos el mar a la montaña, describió. PUBLICIDAD A simple vista, la casita es un ejercicio de eficiencia y diseño. Cuenta con un living, baño completo, termotanque, cocina instalada y un mobiliario diseñado a medida por el estudio para optimizar el guardado. Solo tiene una ventana y un ventanal doble que sirve como puerta de acceso. Está ubicada a solo dos cuadras y media del rÃo, en una zona de preservación donde las calles de tierra y el silencio son ley. El revestimiento de las paredes y el techo fue hecho de madera no solo para brindar una sensación acogedora, sino también para mejorar el confort térmico y la aislación. Esto se traduce en un menor gasto al momento de calefaccionar o refrigerar el monoabiente. Y en cuanto a las aberturas, todas son de aluminio. Brindan hermeticidad y no tienen otro mantenimiento más que la limpieza. PUBLICIDAD Aunque el espacio es reducido, el corazón de la casa es inmenso. Hoy esta mini casa es el epicentro de una tradición sagrada: cada primero de año, nos reunimos con la familia para cocinar un guiso de lentejas, una herencia que me transmitió mi madre para atraer la abundancia, contó. En el último festejo de fin de año, la familia llegó en siete autos. Como en la casa solo pude hospedar a tres personas, el resto durmió en carpas que armamos alrededor del terreno. La casita nos abrazó a todos, recordó Silvina. PUBLICIDAD Para ella, este lugar en Tanti es la prueba de que, cuando uno se anima a pegar el salto y confiar en las señales, el universo responde con un espacio donde el alma finalmente puede descansar. Es mi refugio energético, suelo venir todos los fines de semana y, cuando me organizo, me quedo seis o siete dÃas corridos, señaló. Desde que se jubiló, en noviembre de 2023, se desempeña en el negocio familiar que tienen en Córdoba Capital, una distribuidora mayorista de golosinas y cigarrillos. Allà trabaja codo a codo con su exmarido, de quien se separó hace 16 años, asistiéndolo en la gestión del local debido a su deterioro de salud. Él padece parkinson rÃgido, y Silvia, lejos de guardar rencores por el pasado, decidió estar presente. Independientemente de lo que haya sucedido, uno no cambia su esencia. Seguimos siendo familia, explicó. Ambos tiene dos hijas, LucÃa, de 37 años; y Aldana, de 34. Hoy, entre el aroma de los árboles y el sonido del rÃo, Silvia Valdivia no solo es una jubilada que compró un terreno en las sierras cordobesas; es una mujer que construyó, en solo 15 m2, el escenario perfecto para su libertad. PUBLICIDAD PUBLICIDAD
Ver noticia original