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  • Perdón Carlos Héctor Velázquez, el jubilado sanjuanino abandonado dos veces

    » Tiempo San Juan

    Fecha: 03/05/2026 20:49

    Perdón soldado. Nadie llegó a tiempo para calmar tu dolor, el que tu cuerpo tuvo que soportar de forma permanente desde que te operaron para extirparte un ojo. El 4 de marzo, en el monumento a San Martín del Parque de Mayo el suboficial mayor Carlos Héctor Velázquez intentó quitarse la vida luego de que la obra social IOSFA, a la que aportó durante 61 años, lo abandonara en sus tratamientos médicos. Dejó una carta que él mismo pudo explicar días después porque terminó esquivándole a la muerte. Pero el viernes 1 de mayo, Día del Trabajador, este hombre de 77 años no pudo manejar más el calvario y se suicidó. Perdón soldado. En San Juan, Carlos era uno de los 7.000 afiliados a IOSFA, la obra social de las fuerzas armadas y de seguridad de todo el país que está en pleno proceso de disolución y dejó a su gente a la deriva. El hombre padecía una infección grave en los ojos y en la nariz, que derivó en un cáncer. Convivía con dolores insoportables. A los síntomas físicos, se le sumó el desgaste. Trámite tras trámite en la obra social, todos sin resultados. Pedido tras pedido, todos sin respuesta. Cansado, Velázquez se pegó un tiro con un arma calibre 32, bajo la mirada del Padre de la Patria el 4 de marzo. Dejó una carta. 'Están muriendo jóvenes soldados por falta de salud. Ancianos, madres, niños, muriendo como hormigas y nadie se hace cargo. Esto es un genocidio', escribió en esos dos trozos de papel en los que intentó dejar testimonio del pesar que atravesaba. El suboficial mayor logró salvarse. El proyectil no tocó ninguno de sus órganos vitales. Días después habló en Pelado Stream y se refirió a ese intento de suicidio. Sintió que San Martín lo amparó y le dio un mensaje: «Me fui y me pegué un tiro el cual, gracias a Dios, estaba bajo el control de nuestro general San Martín que me dijo: Soldado, hoy no es tu día». Rápidamente su caso se viralizó. Todos prometieron ayuda. Pero no llegó. Y como nos tiene acostumbrados este momento histórico, en el que importa más parecer que ser y en el que todo es olvidado en el caótico universo de la digitalidad, la solución nunca llegó. Y el caso de Carlos pasó a ser el de un jubilado más, como los que cuentan en Crónica que no tienen para comer y viven gracias a los pocos pesos que les dan sus hijos. El Día del Trabajador, Carlos se cansó. Su cuerpo nunca paró de sufrir. Y tomó la drástica decisión de terminar con su vida. Esta vez, lamentablemente no pudo esquivarle a la muerte y falleció abandonado por el sistema y por los hombres y mujeres que gestionan la patria que él defendió desde los 16 años. La noticia de su muerte corrió rápidamente en los grupos de WhatsApp en los que los afiliados sanjuaninos de IOSFA comparten sus penurias diariamente. El colapso en San Juan de IOSFA refleja una crisis nacional: la obra social acumula una deuda de $300.000 millones y un déficit mensual de $15.000 millones, impulsado por el fuerte aumento de medicamentos y aportes salariales rezagados, en un contexto donde gran parte del personal militar está bajo la línea de pobreza. Frente a esto, el Gobierno dispuso mediante el DNU 88/2026 la liquidación de IOSFA y la creación de dos nuevas entidades (OSFA y OSFFESEG). En este período de transición de 365 días no se ha garantizado en la práctica la continuidad de la atención médica. En este escenario, los afiliados sanjuaninos piden el cumplimiento inmediato del decreto que asegura la cobertura durante el traspaso, la regularización de pagos a prestadores y la restitución de servicios, ya que actualmente ni siquiera se cubren cirugías complejas sin pago previo. Carlos fue obligado a disputar una pelea que no le correspondía. Hizo lo que socialmente dicta la norma: consiguió trabajo, llegó a ser suboficial mayor, aportó durante 61 años de manera ininterrumpida y aún así, 'cumpliendo', fue abandonado. Tuvo que subirse al ring para luchar contra el cáncer y contra el sistema. El dolor físico nunca ofreció una tregua. Tampoco los que debían acompañarlo para que pudiera aliviar los achaques del cáncer. Y murió. El 13 de agosto del 2000, el médico argentino René Favoloro se pegó un tiro en el corazón, cercado por las deudas y por el fantasma de tener que recortar las prestaciones médicas en el instituto cardiológico que lleva su nombre. El Estado le debía millones. Y Favoloro no pudo más. Este episodio de la historia nacional aún hoy atraviesa nuestra identidad nacional. El hombre que salvó a miles gracias a un invento que revolucionó la medicina, el by pass, falleció destruyendo en su cuerpo lo que siempre buscó salvar en los otros. Veintiséis años después, al lado de una estatua de San Martín, el suboficial Velázquez intentó morir usando las mismas armas con las que le enseñaron a cuidar el suelo que lo vio nacer. Perdón soldado.

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