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» La Nacion
Fecha: 03/05/2026 19:24
Racing empató y sigue en carrera, aunque hace todo lo posible para quedarse afuera Racing se clasificó a los octavos de final del Apertura 2026... pese a Racing. La Academia se autodestruye. Se autoboicotea. A lo largo del semestre, ver al equipo de Gustavo Costas se transformó en un desafío para la vista, la paciencia y la esperanza de cualquiera de sus hinchas. Por eso, durante y después del 0-0 con Huracán (que también pasó a los playoffs), reprobaron a los jugadores y nuevamente- a la dirigencia encabezada por Diego Milito. Pese a otra paupérrima actuación, Racing accedió al mata-mata y visitará a Estudiantes. El 13 de diciembre del año pasado, en Santiago del Estero, Racing estuvo a un minuto de llevarse la gloria ante Estudiantes, que le empató sobre la hora y en la definición por penales lo dejó sin la vuelta olímpica. A casi seis meses de aquel encuentro, que se reeditará en los octavos de final de este Apertura, el presente académico es totalmente opuesto: el equipo es un cúmulo de nervios, errores graves, falta de ideas; tiene menos recambio tras el mercado de pases y, además, ya no vive un idilio con su gente. ¡Jugadores la con de su madre! ¡A ver si ponen huevos, que no juegan con nadie!, gritaron desde las tribunas del Coliseo albiceleste, donde una multitud combinó bronca y desilusión por otra prueba desaprobada por la Academia. Costas es, hasta ahora, el único exceptuado del escarnio popular, aunque también tiene responsabilidad desde su rol: su equipo no muestra conceptos para atacar ni garantiza seguridad del mediocampo hacia atrás. La imagen fue elocuente: una vez terminado el partido con Huracán, al que la igualdad le sentaba cómoda para asegurar su estadía entre los clasificados a los octavos de final, el plantel y el cuerpo técnico de Racing permaneció en el medio de la cancha para aguardar el resultado de Central-Tigre. Es que si el Matador de Victoria lograba imponerse en Rosario, la Academia se despedía del certamen en esta etapa de grupos. Con radios y aplicaciones en la mano, los racinguistas tuvieron que esperar el cierre de aquel 1-1 para saberse adentro. La derrota de Barracas Central ante Banfield fue clave para salvar a la Academia del fracaso. La ayuda de Central y de Belgrano (goleó 4-0) a Sarmiento, consolidó un reflejo de todo este semestre: no se puede confiar en este Racing. Atraviesa un presente en el que acumula preguntas y no da respuestas positivas, adentro ni afuera de la cancha. La clasificación, gracias a otros resultados, pintó apenas algunos trazos de relativa fortuna en un año plagado de problemas. La comisión, la comisión se va a la pu que lo parió, también volvió a sonar en las tribunas del Presidente Perón, donde la grieta racinguista se afirma día a día. Diego Milito, quien permanece en silencio hasta cuando desde su propio espacio hay directivos que consideran que descomprimiría escucharlo públicamente, no recibe insultos directos. Pero el cántico contra la comisión directiva que él encabeza es la prueba cabal de un descontento que va más allá de la interna con algunos ex dirigentes. El partido fue pobrísimo. Lo más resonante, su contexto. Adentro del campo de juego, por ejemplo, no hubo remates francos al arco en todos el primer tiempo. A los 32 de esa etapa, Santiago Solari fue abucheado luego de recibir adentro del área y, bien posicionado, no rematar: intentó enganchar para darle de derecha, pero perdió tiempo valioso y lo bloquearon. En el segundo tiempo, luego de que Solari se marchó condenado por el público, el pibe Tomás Pérez tuvo la ocasión más clara del local: recibió un mal rechazo de chilena- de Óscar Romero, remató y obligó a volar a Hernán Galíndez para evitar el 1-0. Demasiado poco para tanta posición sin sentido del balón. A partir de ahí, Racing no volvió a inquietar al arquero de Huracán, que a los 32 casi es vulnerado por su propio compañero Lucas Carrizo, quien en el afán de despejar una pelota casi la clava contra el palo. Ezequiel Cannavo, probablemente quien mejores rendimientos y mayor predisposición para atacar mostró en este partido y en la mayoría del semestre, se marchó lesionado. El lateral, aplaudido desde los cuatro costados mientras se retiraba entre lágrimas en la camilla (tendría una lesión muscular), constituye una baja importante de cara a los octavos de final. Este inconveniente es, igualmente, apenas uno entre tantos otros que tiene Racing por resolver. Matko Miljevic, que llegó desde Huracán por 3.000.000 de dólares, ya ni juega. Los juveniles tienen pasos esporádicos por el equipo. Gonzalo Sosa, que entró cuando todo era confusión, es uno de los casos testigo de esta falta de consolidación de los pibes. El equipo puede variar nombres, pero no cambia rendimientos: generalmente juega muy mal. Adrián Martínez, desde aquel penal picado y desperdiciado ante Independiente, no volvió a ser el mismo y sólo anotó una vez (ante Botafogo). El gol anulado a Jordy Caicedo, por una milimétrica posición adelantada según las líneas del VAR, salvó a Racing de la eliminación. Pero no del repudio. El fútbol es fútbol y, a veces, los equipos que entran por la ventana resultan campeones. Para Racing, imaginar el título hoy sería una cuestión meramente religiosa, ya que con los pies en la tierra tiene demasiados problemas.
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