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Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 03/05/2026 13:19
Del oficio en la vereda a la reinvención permanente: la historia de Miguel Abel Taborda en el Día del Trabajador En cada 1º de mayo, las historias de trabajadores anónimos adquieren una dimensión especial. Son relatos que no solo describen trayectorias individuales, sino que reflejan épocas, contextos y transformaciones profundas en la vida social y económica del país. En Gualeguay, la voz de Miguel Abel Taborda se alza como testimonio de una vida atravesada por el esfuerzo, la adaptación y la dignidad del trabajo. Su historia comienza en la infancia, se extiende por distintos rubros y geografías, y llega hasta la actualidad con una mirada crítica, pero también cargada de memoria y emoción. Los primeros pasos: la infancia marcada por el trabajo Miguel Abel Taborda inició su camino laboral a los 12 años. En una época donde el trabajo infantil era una realidad naturalizada en muchos sectores, su ingreso al mundo laboral no fue una elección, sino una necesidad. Me dijeron que no podía estudiar, que tenía que trabajar, recuerda. Así comenzó como cadete en una fábrica de cinturones en Buenos Aires, donde se producían artículos de cuero para todo el país. Aquella primera experiencia no solo le permitió ayudar económicamente, sino que marcó el inicio de una vida ligada al esfuerzo cotidiano. La esquina como escenario: los años de canillita en Buenos Aires Tras su paso por la fábrica, Taborda encontró en la venta de diarios una nueva oportunidad. Se desempeñó como canillita en la intersección de Ángel Gallardo y Corrientes, en el barrio porteño de Villa Crespo. Eran tiempos en los que el diario impreso ocupaba un lugar central. La gente hacía fila para comprar, rememora. Vendía ejemplares de La Razón, Crónica y otras publicaciones, además de revistas populares que marcaban el pulso cultural de la época. La televisión era limitada, las comunicaciones escasas, y el diario era una ventana indispensable al mundo. Aquella esquina no solo era un punto de venta, sino también un espacio de encuentro social. El regreso a Gualeguay y el impulso industrial A fines de la década del 70, Taborda regresó a Gualeguay. Allí se insertó en un contexto donde la actividad industrial ofrecía oportunidades laborales a gran parte de la población. Su ingreso a la fábrica de zapatillas Sersa marcó una etapa importante. En ese establecimiento trabajaban alrededor de 45 personas, y según su testimonio, se producían zapatillas de alta calidad. Sin embargo, el cierre de la empresa dejó en evidencia la fragilidad del sector. Les dijeron que podían exportar, pero cuando llegó el momento, apareció un obstáculo. Y ahí se terminó todo, relata, dejando entrever la incertidumbre que rodeaba a muchas industrias locales. Entre talleres y hornos: la experiencia en la metalurgia y la cerámica Luego del cierre de Sersa, Taborda continuó su recorrido en una metalúrgica local. Más tarde, se incorporó a una fábrica de cerámica sobre la Ruta 11, donde el trabajo implicaba condiciones exigentes. Allí, la exposición a altas temperaturas y materiales tóxicos formaba parte de la rutina. Trabajábamos con plomo a 900 grados, describe. En ese contexto, protagonizó un reclamo vinculado a las condiciones sanitarias, lo que derivó en su salida de la empresa mediante un acuerdo. Este episodio refleja una constante en su trayectoria: la defensa de condiciones dignas, incluso en escenarios adversos. El Parador 5 Esquinas: trabajo, encuentros y vida nocturna Una de las etapas más recordadas por Taborda fue su paso por el Parador 5 Esquinas, donde trabajó entre 1983 y 1993. Allí retomó la venta de diarios, pero también amplió su actividad incorporando golosinas y otros productos. El parador era un punto estratégico para el transporte de pasajeros, con colectivos que conectaban distintas provincias. Había movimiento a toda hora, cuenta. Ese espacio se convirtió en un punto de encuentro con viajeros, camioneros, artistas y figuras públicas. Entre anécdotas, recuerda el paso de personalidades del espectáculo y del deporte como los Maradona, en una época donde el contacto era directo y cotidiano. Más que un lugar de trabajo, el parador fue un escenario de vida, donde se cruzaban historias, caminos y destinos. El kiosco propio: el desafío de emprender Tras dejar el parador, Taborda decidió emprender y adquirió un kiosco de diarios. Ubicado en una esquina estratégica, el comercio se convirtió en su nueva fuente de ingresos. Sin embargo, el contexto exigía diversificación. Había que vender de todo, afirma. Así, incorporó cigarrillos, golosinas, recuerdos y productos regionales. Llegó a vender cientos de alfajores por semana, adaptándose a la demanda de clientes locales y visitantes. El kiosco no solo fue un emprendimiento, sino también una muestra de resiliencia frente a los cambios económicos. El impacto de la tecnología: el fin de una era Con la llegada de internet, el negocio de los diarios comenzó a transformarse. La inmediatez de la información digital modificó los hábitos de consumo y redujo la demanda del formato impreso. El internet acabó con todo, expresa con claridad. La frase resume el cambio de paradigma que afectó a miles de trabajadores vinculados a la prensa gráfica. Para Taborda, este proceso no solo implicó una transformación laboral, sino también cultural, donde se perdió parte de la ritualidad asociada a la lectura del diario. La actualidad: seguir trabajando después de toda una vida Ya jubilado, y con más de 70 años, Taborda continúa activo. Actualmente se dedica a la venta de perfumes, una actividad que le permite mantenerse en movimiento. Su historia demuestra una constante: la capacidad de reinventarse frente a cada cambio, sin perder el valor del trabajo como eje de vida. Un mensaje en el Día del Trabajador En el cierre de la entrevista, deja una reflexión dirigida a las nuevas generaciones. Advierte sobre la importancia de los aportes previsionales y la necesidad de pensar en el futuro. Si no aportan, se van a quedar sin jubilación, señala, en referencia a la precariedad laboral y el avance de modalidades informales. Su mensaje no es solo una advertencia, sino también una síntesis de su propia experiencia: décadas de trabajo que hoy le permiten acceder a una jubilación. Memoria, trabajo y comunidad La historia de Miguel Abel Taborda no es excepcional, pero sí profundamente representativa. En ella se reflejan los cambios del país, las transformaciones del trabajo y la capacidad de adaptación de quienes construyeron su vida con esfuerzo. En este 1º de mayo, su testimonio invita a mirar hacia atrás con respeto y hacia adelante con responsabilidad. Porque detrás de cada oficio, de cada jornada y de cada sacrificio, hay historias que merecen ser contadas.
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