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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 03/05/2026 12:06
La sobreexposición convierte la vida privada en un conjunto de datos explotables, facilitando la manipulación algorítmica, las estafas y los delitos como grooming o sextorsión La vida cotidiana ya no se explica sin redes sociales, pero esa naturalización de la exposición permanente esconde una trama mucho más compleja, donde lo íntimo se vuelve mercancía, lo personal se convierte en dato y la identidad digital empieza a tener consecuencias concretas en la vida offline. Investigaciones desarrolladas en la Universidad Nacional de La Plata, especialmente a través de su repositorio SEDICI, vienen advirtiendo desde hace años sobre este fenómeno: la sobreexposición no es un exceso individual sino el resultado de un sistema diseñado para capturar, procesar y rentabilizar información personal. Una tesis sobre protección de datos personales alojada en SEDICI centrada en usuarios de La Plata plantea un diagnóstico inquietante: existe una brecha creciente entre la expectativa de privacidad de los usuarios y la capacidad real de control sobre su información en entornos digitales. A esto se suma el libro Los derechos en la sociedad digital, compilado por Mario S. Gerlero, José María Lezcano y Ernesto Liceda, que advierte que la privacidad es un derecho fundamental cuyo problema no es su reconocimiento, sino su efectiva aplicación en la vida cotidiana. Desde la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, distintos trabajos publicados en SEDICI profundizan esa idea: millones de personas comparten a diario pensamientos, prácticas y datos íntimos sin dimensionar los riesgos. En ese proceso, la inteligencia artificial y los algoritmos no solo organizan la información, sino que también influyen en la construcción de identidades y decisiones, debilitando la autonomía individual. El problema, entonces, no es sólo tecnológico sino cultural. La exposición dejó de ser excepcional para convertirse en norma. Y esa normalidad es el terreno donde se construyen nuevas formas de vulnerabilidad. Pero si la exposición es visible, los mecanismos que la potencian son invisibles. Uno de los fenómenos más estudiados es el de las burbujas de filtro en Los derechos en la sociedad digital, Gerlero, Lezcano y Liceda; tesis UNLP sobre protección de datos personales, un concepto desarrollado por Eli Pariser. Trabajos alojados en SEDICI como la tesina sobre el efecto de las redes en la percepción de la realidad explican cómo los algoritmos construyen entornos informativos personalizados que aíslan al usuario. El funcionamiento es tan sofisticado como silencioso. Los algoritmos registran cada interacción clics, tiempo de visualización, preferencias y procesan esos datos para mostrar contenido afín. Lo complejo, lo incómodo o lo diferente queda fuera del radar. Así, el usuario no sólo ve una parte de la realidad: deja de saber que hay otra. Las consecuencias son profundas. La literatura académica señala que estas burbujas refuerzan creencias, generan la ilusión de consenso y amplifican la polarización. La información no desaparece: se filtra. Y ese filtrado, automatizado y constante, redefine el espacio público. Incluso estudios regionales muestran que una proporción significativa de usuarios consume noticias exclusivamente a través de redes sociales y, en muchos casos, cree en información falsa. El resultado es una sociedad fragmentada en múltiples realidades paralelas. Pero si los algoritmos son el riesgo invisible, el grooming y la sextorsión son la amenaza concreta. Desde la propia UNLP en tesina UNLP sobre percepción en redes; estudios sobre filter bubble en América Latina, materiales de extensión de la Facultad de Periodismo describen el grooming como un delito en el que un adulto contacta a un menor con fines sexuales a través de entornos digitales. La legislación argentina lo tipifica, pero su expansión sigue en aumento. Los datos de UNICEF Argentina son contundentes: una proporción significativa de las denuncias por violencia sexual contra menores tiene origen en entornos digitales, y el grooming ocupa un lugar central. Durante la pandemia, el aumento del uso de redes amplificó este riesgo. El mecanismo está documentado: el agresor construye un vínculo emocional, solicita material íntimo y luego lo utiliza para extorsionar. La confianza es la puerta de entrada; la amenaza, el mecanismo de control. Investigaciones como Inocencia en Juego, impulsada por organizaciones periodísticas y académicas, muestran que estas prácticas continúan activas en redes sociales sin suficiente regulación. La situación se agrava con el avance de la inteligencia artificial. Informes recientes advierten sobre el crecimiento de la sextorsión mediante deepfakes: imágenes falsas, pero verosímiles, que pueden arruinar reputaciones y ser utilizadas para chantaje. En este escenario, ya no es necesario que exista una foto real: alcanza con una imagen pública para generar un contenido manipulable. Frente a este escenario, la propia UNLP comenzó a desarrollar respuestas desde la extensión universitaria según materiales FPyCS-UNLP; informes UNICEF; investigación Inocencia en Juego. En el Colegio Nacional Rafael Hernández, dependiente de la universidad, se implementó una experiencia pedagógica centrada en el bienestar digital y la prevención del grooming, reconociendo que los entornos digitales son parte estructural de la vida adolescente. En paralelo, la Facultad de Periodismo impulsó seminarios sobre ciudadanía digital crítica, abordando problemáticas como el sharenting, el sexting, el ciberbullying y la exposición en redes. Estas iniciativas buscan algo más que informar: generar herramientas para interpretar y cuestionar el entorno digital. La lógica es clara: si la exposición es estructural, la respuesta también debe serlo. No alcanza con advertencias individuales; se requieren políticas educativas sostenidas. La educación digital aparece, así, como una de las pocas herramientas capaces de equilibrar un sistema que, por diseño, tiende a exponer. Pero la vulnerabilidad no se limita a los menores. En el otro extremo del mapa etario según una experiencia CN Rafael Hernández, UNLP; seminarios FPyCS sobre ciudadanía digital, los adultos mayores enfrentan riesgos igual de graves, aunque por razones diferentes. La brecha digital los coloca en una posición de desventaja frente a entornos que no comprenden del todo. Estudios sobre uso de tecnología muestran que una gran parte de los adultos mayores utiliza redes sociales y servicios digitales, pero con niveles bajos de configuración de seguridad. Esto los convierte en blancos frecuentes de estafas basadas en ingeniería social. Según especialistas en ciberseguridad, el factor determinante no es la edad, sino la falta de información. Los atacantes explotan emociones como el miedo o la urgencia para inducir decisiones impulsivas: compartir datos, transferir dinero o acceder a enlaces falsos. Las modalidades son múltiples: falsas promociones, suplantación de familiares, mensajes de emergencia. En todos los casos, el patrón es el mismo: aprovechar la confianza para convertir la información personal en un recurso explotable. El aislamiento social agrava el problema de acuerdo a estudios sobre brecha digital y ciberseguridad en adultos mayores. La pérdida de vínculos y la necesidad de conexión pueden ser aprovechadas por estafadores que construyen relaciones ficticias con fines económicos. En muchos casos, las víctimas no denuncian por vergüenza o miedo, lo que perpetúa el ciclo delictivo. Frente a este escenario, surgen respuestas locales. Programas impulsados en ciudades como La Plata buscan capacitar a estudiantes, adultos y organizaciones en el reconocimiento de estafas digitales y buenas prácticas de seguridad. Sin embargo, la velocidad del cambio tecnológico supera la capacidad de adaptación social. La inclusión digital avanza más rápido que la educación en seguridad, generando nuevas formas de exclusión. La paradoja es evidente: quienes logran incorporarse al mundo digital también quedan expuestos a sus riesgos. Lejos de ser un fenómeno aislado, la exposición total en redes sociales responde a una lógica estructural conforme programas de capacitación en seguridad digital en La Plata. Las plataformas están diseñadas para incentivar la publicación constante, premiar la visibilidad y convertir cada interacción en dato. En ese esquema, la privacidad se vuelve un obstáculo más que un valor. Las investigaciones académicas desde la UNLP, el CONICET, organismos internacionales como UNICEF y estudios regionales coinciden en un diagnóstico: la sobreexposición genera riesgos sistémicos que van desde la manipulación algorítmica hasta delitos concretos como el grooming, la sextorsión o las estafas. En definitiva, la vida digital contemporánea plantea una paradoja inquietante: nunca fue tan fácil mostrarse y, al mismo tiempo, nunca fue tan peligroso hacerlo sin conciencia. Entre algoritmos invisibles, datos que circulan sin control y usuarios que aprenden sobre la marcha, la exposición dejó de ser una elección para convertirse en una condición. Y en ese escenario, la pregunta central ya no es qué mostramos, sino quién usa esa información, cómo la transforma y con qué fines. IMAGEN GENERADA CON IA / GROK X ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? Ingresar Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. Bienvenido Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com Bienvenido DATOS PERSONALES Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com ¿Querés recibir notificaciones de alertas?
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