Google cerró un convenio con el Pentágono que autoriza el funcionamiento de su modelo Gemini dentro de redes clasificadas. La decisión que activa el uso de esta IA en entornos militares despertó protestas internas: más de 600 empleados pidieron no firmar contratos de este tipo por riesgos de uso y falta de trazabilidad.
El acuerdo permite emplear la tecnología para fines gubernamentales lícitos y abarca tareas sensibles como análisis de inteligencia, apoyo a la planificación y procesamiento de datos reservados. La integración se realizará en sistemas militares concretos, bajo condiciones contractuales y controles compartidos.
Restricciones impuestas por Google y límites sobre el uso de inteligencia artificial militar.
En el documento se incorporaron límites formales: la IA no debe utilizarse para vigilancia masiva ni para desarrollar armas autónomas sin supervisión humana adecuada. Además, Google aclaró que no podrá vetar decisiones operativas del Gobierno una vez que la tecnología esté desplegada en entornos clasificados.
El texto establece que la empresa puede fijar principios de uso responsable, pero que las decisiones dentro de una misión quedarán en manos del Estado. La compañía reafirmó que participa tanto en proyectos clasificados como no clasificados, manteniendo ciertas restricciones sobre usos sensibles.
Protestas internas, preocupaciones éticas y el avance de la IA en defensa.
La movilización interna con más de 600 firmas reclama cancelar estos acuerdos por el riesgo de aplicaciones militares dañinas y por la dificultad de auditar decisiones automatizadas. Los empleados advierten posibles consecuencias éticas y legales si la IA opera sin control humano efectivo y piden mayor transparencia y garantías.
El convenio ubica a Google junto a otras tecnológicas como Microsoft, Amazon Web Services, Nvidia, OpenAI y SpaceX, que también colaboran con el Pentágono en desarrollos de inteligencia artificial aplicada a defensa.
Los modelos desplegados en estas redes operarán bajo condiciones más estrictas que los productos públicos, con exigencias de seguridad, auditoría y custodia de datos. Aun así, la controversia refleja una tensión creciente: el avance tecnológico en el ámbito militar frente a la necesidad de regulación, control humano y transparencia.