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Concepcion del Uruguay » La Calle
Fecha: 03/05/2026 07:27
Entender cómo funciona el Concejo Deliberante es clave para saber qué se le puede exigir y qué no a un concejal. Entre gobernabilidad, representación y control, se define el verdadero alcance de su rol. Cada tanto aparece una pregunta que es tan simple como necesaria: ¿qué hacen los concejales? ¿Para qué está el Concejo Deliberante? No es una crítica, es una duda legítima. Y en un contexto de desconfianza hacia la política, vale la pena responderla con claridad. El Concejo Deliberante es uno de los pilares del gobierno municipal. En los municipios de Entre Ríos, como Concepción del Uruguay, la organización institucional se estructura principalmente en dos poderes autónomos: el Ejecutivo y el Legislativo. Y si bien existen Juzgados de Faltas en el ámbito local, estos son órganos administrativos con funciones jurisdiccionales limitadas, vinculadas a infracciones municipales. La función judicial en sentido pleno corresponde al Poder Judicial de la provincia, mientras que el Tribunal de Cuentas ejerce el control externo sobre la legalidad y el uso de los recursos públicos. Aun dentro de esa estructura de poderes autónomos, el funcionamiento político tiene una particularidad relevante. El sistema electoral vigente tiende a garantizar gobernabilidad al Ejecutivo, otorgándole una mayoría de bancas en el Concejo Deliberante. En la práctica, esto implica que el oficialismo cuenta con mayoría propia actualmente 7 de los 13 concejales, lo que le permite aprobar iniciativas con relativa estabilidad. Esto no invalida la representación de las minorías, pero sí define el marco en el que se desarrolla el debate: el oficialismo decide, y la oposición controla, propone y aporta otras miradas. El Concejo no ejecuta obras, no administra recursos ni dirige áreas del Estado. Esa función corresponde al Departamento Ejecutivo. El Concejo cumple otro rol: legislar, representar y controlar políticamente. Puede parecer menos visible, pero es igual de importante. Legislar significa establecer reglas: aprobar ordenanzas que organizan la vida en la ciudad, desde el uso del suelo hasta los servicios públicos. Representar implica canalizar inquietudes de vecinos, instituciones y sectores productivos. Y controlar supone discutir decisiones, pedir explicaciones y participar en la definición de prioridades. Ese funcionamiento no es informal ni discrecional. Está regulado por el propio Reglamento Interno del Concejo y por la Ley 10.027, que establece las atribuciones y límites de cada poder del Estado municipal. Dentro de ese esquema, el Concejo cuenta con distintas herramientas. Las ordenanzas son las normas generales que luego ejecuta el Ejecutivo. Las resoluciones expresan posiciones institucionales. Las comunicaciones permiten recomendar o solicitar acciones. Y los pedidos de informes son una herramienta clave de control político, que obligan al Ejecutivo a brindar explicaciones dentro de plazos establecidos. Ahora bien, no todo ocurre en las sesiones. De hecho, gran parte del trabajo se desarrolla en comisiones, donde se analizan los proyectos, se convoca a funcionarios, se incorporan miradas técnicas y se buscan acuerdos. El propio reglamento prevé comisiones permanentes que abordan temas como obras públicas, ambiente, salud, hacienda o desarrollo productivo. La sesión es la parte visible. Pero la discusión real muchas veces ocurre antes. Hasta acá, lo institucional. Pero vale la pena bajarlo a tierra. Para eso, veamos algunos ejemplos recientes que ayudan a entender cómo funciona este rol en la práctica. En materia de residuos, por ejemplo, el debate muchas veces se reduce a si la planta funciona bien o mal. Sin embargo, el problema es más amplio: es un sistema. Desde el Concejo no se opera la planta ni se manejan camiones. Lo que se puede hacer es proponer marcos normativos, exigir estándares y poner el tema en agenda. En esa línea se viene trabajando sobre el enfoque GIRSU, que apunta a ordenar todo el circuito, desde la separación en origen hasta la disposición final. En el caso de las demandas urbanas, existe un canal formal como el sistema de atención al vecino, que depende del Ejecutivo. Pero en la práctica muchos ciudadanos siguen acercándose al Concejo con sus problemas cotidianos. Es parte de la representación. El Concejo no puede ejecutar esas soluciones, pero sí puede organizar, sistematizar y dar seguimiento a esos reclamos. Herramientas como un registro de demandas urbanas buscan justamente eso: transformar reclamos dispersos en información útil para la gestión. Algo similar ocurre con la movilidad. Una bicisenda aislada puede ser una obra más. Pero una red de bicisendas y ciclovías, pensada estratégicamente, es una política pública: conecta barrios, mejora la seguridad y genera integración. Desde el Concejo, el aporte no es construir la obra, sino pensarla, proponerla y priorizarla dentro de una visión más amplia de ciudad. En todos los casos, el patrón es el mismo: el Concejo no ejecuta, pero puede ordenar, proponer, priorizar y controlar políticamente. Y acá aparece otra confusión frecuente. Cuando se habla de controlar al Ejecutivo, muchas veces se piensa en revisar facturas, auditar gastos o verificar legalidades administrativas. Ese no es el rol del Concejo. El control que ejerce el Concejo es político e institucional: discutir en qué se gasta, cómo se prioriza, qué se hace primero y qué después, qué funciona y qué no. El control técnico, contable y legal corresponde a otros órganos, como el Tribunal de Cuentas de la provincia, que es el encargado de auditar a los municipios y verificar que se ajusten a la normativa vigente en el marco de la Ley 10.027. Dicho de forma simple: un concejal controla decisiones, no rendiciones de cuentas. Propone mejoras a través de ordenanzas, pero no ejecuta. Escucha y canaliza las demandas de los vecinos como parte de su función de representación, incorporando otras miradas al debate público, pero no imponiendo su voluntad absoluta, sino construyendo consensos con sus pares. Porque, en definitiva, un buen concejal no es el que más habla, ni el que más proyectos presenta, ni el que más aparece en redes. Es el que entiende su rol, lo ejerce con responsabilidad y ayuda a que la ciudad tome mejores decisiones. (*) economista y concejal
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