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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 03/05/2026 07:18
Cuando las temperaturas otoñales comienzan a descender y se acercan a los 0 grados centígrados, las hojas caen lentamente de los árboles para renacer una vez más. Así se presenta Tandil, al sur de la provincia de Buenos Aires, a 380 kilómetros de la Capital Federal. Allí se encuentra Sol Larraya Guidi en su tierra natal, arraigada a sus afectos y tomando impulso para una nueva gira europea que tendrá como ejes centrales dos Grand Slam junior: Roland Garros y Wimbledon. En ese paisaje serrano, de ritmo calmo pero con historia grande dentro del tenis argentino, la joven empieza a construir su propio camino. Con naturalidad y una madurez que sorprende para sus 17 años, cuenta: Mi familia está compuesta por mi hermano Nicolás, mi mamá Stella y mi papá Pablo, en el comienzo de la charla con Infobae, ordenando las piezas fundamentales de su historia. PUBLICIDAD El tenis, en su caso, no fue un descubrimiento casual sino una herencia emocional. La primera vez que agarré una raqueta fue a los 4 o 5 años. Mi hermano empezó a jugar antes que yo, en 2009, cuando Juan Martín del Potro ganó el US Open, recuerda. Y agrega, con una sonrisa implícita, que iba a verlo al club pero no la dejaban entrar a la cancha porque era muy chica. El acceso llegó casi como un premio esperado. Un día, para Reyes, me regalaron dos raquetitas de plástico y una pelota. Empecé jugando afuera de la cancha con mi papá y, a los 5, pude comenzar a practicarlo, reconstruye. PUBLICIDAD Larraya Guidi dio sus primeros pasos en la escuelita del Club Uncas, bajo la conducción de Graciela Pérez, donde comenzó a familiarizarse con el juego. Con el paso de los años, dio el salto a la competencia en la Academia Tandil Tenis, dirigida por el reconocido formador Marcelo Gómez, etapa en la que también compartió su desarrollo durante varias temporadas con Mario Bravo. En la actualidad, continúa su crecimiento junto a Guillermo Billy Czerner, entrenador con experiencia en el circuito femenino, y Mariano Di Lollo como preparador físico. El revés es uno de sus sellos distintivos. No es convencional, pero sí efectivo. Siempre tuve revés a dos manos. No me acuerdo bien porque era chica, pero la idea de los profes era que más adelante jugara a una mano. Como no tenía fuerza, usaba la mano de arriba como apoyo. Después me acostumbré y quedó así, explica. Y aclara que, si suelta la mano de arriba, puede pegar a una mano, aunque nunca lo cambió. PUBLICIDAD Lejos de representar una desventaja, con el tiempo lo transformó en una herramienta propia. De chica me costaba, sobre todo cuando me jugaban pelotas altas. Pero ahora es algo natural, me acostumbré y no siento que tenga ninguna dificultad. El salto al circuito internacional juvenil le permitió medirse en el máximo nivel. Jugué los cuatro Grand Slam Junior. El primero fue Roland Garros, que era el que más quería. Tenía 15 años y no era tan consciente de dónde estaba. Estaba muy nerviosa, admite. Explica que los Grand Slam son totalmente diferentes, con un entorno nuevo en el que no siempre es fácil adaptarse, y asegura que es otro mundo. También remarca diferencias con jugadoras europeas en la forma de entrenar y competir. PUBLICIDAD Entre esas vivencias, hay momentos que quedan grabados. Recuerda que en Roland Garros pudo hablar un rato con Novak Djokovic, quien le preguntó cómo le había ido y le aconsejó que disfrute, porque la carrera del tenista es corta. Su recorrido internacional comenzó temprano. Mi primer viaje fue un torneo Sub 14 en Brasil, señala. Y en cuanto a superficies, afirma que se siente más cómoda en polvo de ladrillo, aunque reconoce que tiene mucho por mejorar en todas, especialmente en la cancha rápida. PUBLICIDAD La transición al profesionalismo aparece como uno de los grandes desafíos. Explica que no es fácil porque conviven dos circuitos al mismo tiempo. En el último tiempo le dio prioridad al circuito junior para poder jugar los Grand Slam, pero la idea es enfocarse de lleno en lo profesional. El calendario inmediato ya está definido. Voy a jugar un J300 en Santa Croce (Italia), después la Copa Bonfiglio en Milán. Luego voy a entrenar a París y jugar Roland Garros. La idea es quedarme hasta Wimbledon, enumera. PUBLICIDAD Las expectativas son medidas, pero ambiciosas. Vengo jugando bien, pero en Europa es distinto. No te podés guiar por el ranking, todas juegan muy bien. Voy a intentar sumar puntos y buscar mi primera victoria en un Grand Slam. Larraya Guidi viene de conquistar dos medallas doradas en los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026, en singles y en dobles junto a Sofía Meabe. Representar a la Argentina es, además, uno de los aspectos que más valora. Me gusta mucho, porque el tenis es muy individual y esas semanas en equipo son diferentes. Me llevo eso más allá de las medallas. PUBLICIDAD En febrero, Paola Suárez tuvo su presentación oficial como capitana de la Selección Argentina de Tenis Femenino de la Billie Jean King Cup en las instalaciones del Club Náutico Hacoaj, en un encuentro que reunió a referentes del tenis nacional y a varias jugadoras juveniles. Allí, la tandilense tuvo su primer contacto con la ex número 1 del mundo en dobles. En ese camino también apareció el vínculo con referentes. Cuenta que la experiencia con Suárez fue muy linda, que era la primera vez que la veía y que estuvo muy involucrada con todas las jugadoras, hablándoles de cerca y compartiendo su experiencia. Fue una experiencia muy buena y ojalá algún día me toque ser convocada. Incluso, destaca que luego le escribió para felicitarla por las recientes medallas obtenidas en Panamá. PUBLICIDAD Si uno se pasea por Tandil, es habitual cruzarse a diario con chicos en bicicleta, raquetero al hombro, camino a los clubes. La ciudad serrana, considerada una de las capitales del tenis argentino, vio nacer a figuras como Guillermo Pérez Roldán, Mariano Zabaleta, Juan Mónaco, Juan Martín del Potro, Máximo González, Diego Junqueira, María Irigoyen y Lourdes Carlé, entre otros. Tandil, inevitablemente, remite a una figura. Desde chica, Del Potro es mi ídolo. Nadie me generó lo que me generaba él, confiesa. Aunque también observa el presente del circuito: le gusta Aryna Sabalenka y, en el circuito masculino, Novak Djokovic y Carlos Alcaraz, aunque aclara que ninguno le genera lo que le generaba el tandilense. A la hora de definirse dentro de la cancha, su respuesta sintetiza identidad. Soy muy luchadora. Me gusta tener el control, atacar y también defender. Siempre trato de tener garra y pelear hasta el final. Y cuando se trata de mirar hacia adelante, no hay espacio para la tibieza. A corto plazo, que me vaya bien en Roland Garros. Y a largo plazo, poder vivir del tenis, ser top ten, ser número uno y ganar un Grand Slam. En Tandil, mientras el otoño avanza y el paisaje se transforma, Sol Larraya Guidi se prepara. Lo que viene ya no es solo una gira, sino un nuevo capítulo en su proyección. Con la raqueta en la mano y un sueño claro, empieza a escribir su propia historia en el mismo lugar donde alguna vez otros la hicieron eterna. PUBLICIDAD PUBLICIDAD
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