Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Siembran en el mar y con un producto aspiran a revolucionar la producción agrícola

    » La Nacion

    Fecha: 03/05/2026 03:12

    Un proyecto de la Fundación Por el Mar apunta al cultivo controlado de Macrocystis pyrifera, una macroalga con alto valor por sus propiedades como bioestimulante; realizaron la primera cosecha en la Bahía de Puerto San Julián, Santa Cruz, y trabajan en escalar la producción - 6 minutos de lectura' EL CALAFATE, Santa Cruz.- Siembran en agua salada. Hablan de hectáreas, pero no es tierra. Cultivan y se entusiasman en escalar el producto que ya tuvo su primera cosecha. Se trata de una prueba piloto de cultivo de macroalgas que apuntan a transformarlas en bioinsumos para el agro y explorar así una nueva cadena productiva. Este verano ya hubo cosecha en la primera granja marina del país que se instaló en Puerto San Julián, en un trabajo que integra la tierra con el agua y conecta el mar con el campo: el proyecto lo impulsa la Fundación Por el Mar y apunta al cultivo controlado de Macrocystis pyrifera, conocida como cachiyuyo, una macroalga con alto valor por sus propiedades como bioestimulante. El objetivo es proteger los bosques de macroalgas tanto en Santa Cruz como en Tierra del Fuego, por eso proponemos sembrarlas en el mar, y así preservar los bosques. Tanto por su rol como por sus servicios al ecosistema queremos que sean conservadas, entonces proponemos que antes que se deforesten, se promueva el cultivo controlado que pueda ser utilizada para otros usos, explicó a LA NACION Mariano Bertinat, coordinador de Santa Cruz de la fundación que lleva adelante varias iniciativas en la provincia. En lugar de extraerla del ambiente, el modelo propone sembrarla en el mar: las esporas se desarrollan en el laboratorio y luego se trasladan a líneas de cultivo llamadas longlines que se instalan a 9 metros de profundidad. Lo que primero hicimos fue obtener las esporas de las algas en la Bahía de San Julián, cultivamos la misma genética, luego en laboratorio las hacemos crecer en piletones en un carrete con un hilo especial donde se adhieren las algas. Cuando crecen a dos o tres mm y los llevamos al mar, esos carretes se disponen entrelazados en cabos marinos donde quedan suspendidos en el agua. Ya son algas bebé, dijo Bertinat, quien es ingeniero en Recursos Naturales y supo ser secretario de Ambiente de la provincia. Las algas pequeñas empiezan a desarrollarse y de seis a ocho meses ya pasan los tres metros de largo. La Macrocystis Pyrifera es uno de los organismos que más rápido crece en el planeta y a partir de ellas estamos trabajando en el desarrollo de bioestimulantes que se aplican sobre cultivos para mejorar la absorción de nutrientes, aumentar la tolerancia al estrés hídrico y potenciar los rindes, detalló. Sobre este punto aún están en una etapa de desarrollo para luego poder certificarlos. Desde la Fundación Por el Mar explicaron que los bioestimulantes son un insumo cada vez más utilizado a nivel global como complemento o sustituto de fertilizantes químicos que hoy, a partir de la guerra en Medio Oriente, provocan un impacto real en el precio de los insumos importados, por el aumento en los costos logísticos y porque muchos insumos del agro están hechos a base de hidrocarburos. La otra línea en la que trabajan es incorporar alga seca como suplemento alimentario ovino. Estamos estudiando si es posible producir un suplemento alimentario en forma de pellet, como suplemento alimentario para ganado, afirmó. Bertinat señaló que es necesario homogeneizar el producto y por ello están realizando un desarrollo controlado, que esperan escalar para la próxima temporada. Las condiciones del Mar Argentino son más desafiantes, hay mucha amplitud de marea en la zona, por eso necesitábamos probar primero que fueran viables. Logramos comprobar que es posible hacerlas crecer en el mar y ya obtuvimos nuestra primera cosecha. Las esporas se recolectan en el mar durante el verano. A partir de ese momento se inicia el trabajo en laboratorio, se trasplantan en otoño, el crecimiento se da durante la primavera y la cosecha tiene lugar el verano siguiente. Ahora estamos de vuelta volviendo a sembrar en la bahía, será nuestra segunda siembra, expresaron al tiempo que aclararon que de la primera línea de 200 metros sembrados en el agua ahora van a escalar la producción a una unidad mínima rentable: una hectárea. El dato más interesante es que la bibliografía nos indicaba que el rinde podría estar entre seis y 12 kg de algas por metro cultivado. En esta primera cosecha estamos en 10 kg de alga por metro, en nuestro primer año de experiencia. Casi el máximo de rinde por metro, celebró el ingeniero. Explicó que, si bien en laboratorio le agregan nutrientes y luz artificial, una vez en el mar ya crecen con la luz y nutrientes naturales, característica que destacó en la bahía de Puerto San Julián, ubicada a 360 km al norte de Río Gallegos. Sembramos en abril/mayo para que no tengan que competir con otras algas. El mar es tan productivo que compiten los microorganismos, indicó Bertinat quien destacó que el objetivo de fondo es cuidar el mar: Las algas son orgánicas, cuidan el ambiente y buscamos una alternativa para evitar la deforestación submarina aprovechando un cultivo que no destruya el ecosistema. En Santa Cruz no hay explotación de algas; desde el año pasado, la ley provincial 3995 protege los bosques marinos y prohíbe sacar las algas, por esta razón se espera que a partir de esta iniciativa, la actividad prospere. Mientras el gobierno provincial acompaña el proyecto de forma técnica y operativa facilitando el acceso a los sitios, esperan que el INTA pueda prestar servicios científicos sobre los derivados de las algas. Han contado con la información aportada por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), que cuenta con equipamiento para medir las variables oceanográficas, claves para diseñar y ajustar los sistemas de cultivos a futuro. Detrás del proyecto está la Fundación Por el Mar, una organización dedicada a la conservación marina que trabaja con científicos, pescadores y comunidades costeras. Su enfoque combina investigación, desarrollo productivo y generación de políticas públicas para proteger el océano. En este caso, la apuesta es clara: demostrar que se puede producir sin degradar el recurso. Según información de la Fundación, a escala global, la industria de las algas creció más de 60 veces desde mediados del siglo XX y hoy mueve alrededor de US$17.000 millones. Sin embargo, ese crecimiento también expone un problema: cerca del 38% de los bosques de macroalgas se redujeron en los últimos 50 años. En ese contexto, el proyecto de Puerto San Julián busca posicionarse como un modelo alternativo. La expectativa es que, a futuro, una familia pueda vivir de una granja de algas y que esta actividad se convierta en una nueva economía regional vinculada al mar.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por