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  • El nutricionista de Boca Juniors que dejó todo por el arte y encontró su lugar en la pintura hiperrealista

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 03/05/2026 02:08

    Pintaba de noche. Mientras trabajaba cuatro días por semana en Boca Juniors, dirigía un hogar para personas con discapacidad mental con 20 empleados, cursaba la carrera de Veterinaria y atendía su propio consultorio de nutrición, Mariano Quintana reservaba las madrugadas para los pinceles. Quintana nació en Buenos Aires y creció con tres obsesiones que, según él mismo recuerda, nunca lo abandonaron: el dibujo y la pintura, los animales y el deporte. Desde que yo tengo recuerdo, toda mi vida, esas tres áreas estuvieron siempre, dijo a Infobae. Depende la etapa, una predominantemente le ganaba espacio a la otra. PUBLICIDAD Cuando llegó el momento de elegir una carrera, tenía alrededor de 19 o 20 años y el rugby lo tenía completamente absorbido. Bellas Artes estaba sobre la mesa, pero dos obstáculos la descartaron. El primero era económico. Uno siempre tiene el prejuicio de lo económico y posterga algunas cosas que son vocacionales o pasionales por hacer un cálculo más frío, más conservador, explicó. El segundo era estructural: la carrera de Bellas Artes por la que fue a consultar estaba orientada casi en su totalidad a la docencia, con materias pedagógicas que no le interesaban. Él quería hacer arte, no enseñarlo. Eligió Nutrición. La vio desde el único ángulo que en ese momento le importaba: el deporte. Se recibió de licenciado, hizo un posgrado en Nutrición Deportiva y orientó toda su práctica profesional hacia el rendimiento atlético. Años después, sin dejar el consultorio ni el hogar, se anotó también en la Facultad de Veterinaria, donde cursó tres años. PUBLICIDAD Ocho años en Boca Juniors: Palermo, Riquelme y la pensión de Casa Amarilla En 2003, Quintana entró al cuerpo de nutrición de Boca Juniors. Permaneció allí hasta 2011. En ese período, el club atravesó una sucesión de entrenadores Carlos Ischia, Ricardo La Volpe, Miguel Ángel Russo y Alfio Basile y mantuvo un plantel que hoy forma parte de la historia del fútbol argentino. Me tocó la etapa en que estaba Palermo, Riquelme, los Barros Schelotto, Abbondanzieri, Tevez, Battaglia, que fue un equipo que se mantuvo muchos años. PUBLICIDAD El trabajo concreto con el plantel profesional tenía como eje la evaluación antropométrica: mediciones corporales que arrojaban el estado de la composición física de cada jugador y sobre las que se trazaban objetivos. El abordaje era grupal salvo que el médico derivara un caso puntual. La logística de las concentraciones era otra dimensión del trabajo. Los jugadores concentraban entre jueves y domingo. El equipo de nutrición eran tres profesionales en total armaba planes de alimentación que cubrían desayuno, almuerzo, merienda y cena, los enviaba al hotel, coordinaba con el chef y luego iba a verificar que se cumplieran los lineamientos. Antes y después de cada entrenamiento, montaban una mesa con opciones de preingesta y postingesta. PUBLICIDAD Pero Boca no es solo el plantel profesional, dijo. Casa Amarilla, la sede del fútbol amateur y las inferiores, tiene una pensión con cerca de 100 chicos. Allí, el equipo de nutrición diseñaba los menús completos y hacía el seguimiento individual. También intervenían en básquet, vóley y fútbol femenino, y atendían un consultorio abierto a los socios del club, ubicado en el departamento médico debajo del estadio. La decisión de irse: una hija, un hogar y demasiadas horas En 2010 nació su primera hija, contó. Ese mismo año, Quintana ya cursaba Veterinaria, seguía en Boca, atendía el consultorio y codirigía el hogar para personas con discapacidad que su familia gestionaba como emprendimiento. PUBLICIDAD El hogar no era un proyecto pequeño. Tenía 20 empleados, funcionaba como hogar y centro de día, y Quintana ejercía como director administrativo: nexos con obras sociales, cobros, pagos, liquidaciones de sueldos. Era mucha responsabilidad y muchas horas de trabajo, resumió. Estaba desbordado. Con su madre comenzando a retirarse de las responsabilidades del hogar y la crianza de su hija sumada a todo lo anterior, algo tenía que ceder. En 2011 dejó Boca. No fue un corte hacia el arte, sino el primero de varios cierres graduales. Siguió con el consultorio. Siguió con el hogar. Siguió pintando de noche. PUBLICIDAD Jorge Rajadell y seis años de rigor hiperrealista En algún punto de ese período sobrecargado, Quintana entró al taller del maestro Jorge Rajadell (1952-2023) uno de los pintores argentinos de referencia en el hiperrealismo. Esos seis años fueron la columna vertebral de su formación pictórica. La impronta del taller lo orientó hacia la pintura de animales, aunque Quintana ya venía de retratos y figura humana, que habían sido sus primeras obras. PUBLICIDAD La conexión entre su formación científica y su práctica artística tiene raíces técnicas y conductuales. Por un lado, los años de facultad Nutrición como carrera de ciencias de la salud, Veterinaria con su carga de anatomía animal le dieron un conocimiento detallado del cuerpo que aplica directamente al lienzo. Por el otro, le entrenaron la concentración. El hiperrealismo te implica estar. Mis sesiones de pintura son en tandas de cuatro o cinco horas sin parar, explicó. Cuando la concentración declina, corto, hago una pausa y más tarde arranco otras cuatro horas más. Los días que estoy pintando trato de pintar ocho horas. PUBLICIDAD El deporte reforzó esa misma capacidad. Décadas de actividad física el rugby como eje en su juventud, distintas disciplinas a lo largo de su vida le dejaron lo que él llama la conducta de resistir ante la fatiga. El cierre del emprendimiento familiar y un año y medio de dedicación plena El proceso que comenzó en 2011 con la salida de Boca terminó de completarse a fines de 2024, cuando cerró el hogar para personas con discapacidad. Fue el último ciclo en cerrarse. No fue el corte abrupto de un día para el otro, subrayó Quintana. Se fueron cerrando algunos ciclos y fueron empezando otros. Desde ese momento, lleva aproximadamente un año y medio dedicado casi en su totalidad al arte. Sus colecciones actuales Somos Black, Somos Poderosos y Somos Lazos articulan un ecosistema de obras originales sobre lienzo en acrílico, ediciones Fine Art de calidad museo con certificación de autenticidad y piezas sobre superficies circulares que el artista concibe bajo el concepto de umbral. Los platos son para mí un círculo sagrado. Son nidos de sentido y altares de contemplación, dijo. Es así que hoy pinta animales que devuelven la mirada. Elige especies de fuerte presencia simbólica y trabaja el hiperrealismo no como ejercicio de imitación fotográfica, sino como vehículo de algo que la imagen estática no alcanza a transmitir. Detrás de esa precisión técnica hay una convicción clara: sus animales no están ahí para decorar una pared. Para Quintana, son guardianes y ancestros que abren un canal entre lo cotidiano y algo más profundo. El arte es un portal hacia tu propia esencia, dijo. Una ceremonia que nos conecta con nuestro lado más puro, con nuestra naturaleza. Casa Estudio en Villa del Parque En abril de 2026, Quintana abrió Casa Estudio Mariano Quintana en Arregui 2730, en el barrio porteño de Villa del Parque. El espacio no responde a los formatos convencionales de galería ni de taller cerrado. La propuesta es que la obra terminada conviva con las piezas en proceso, y que quien ingrese pueda acercarse no solo al resultado sino al acto de crear. Sin recorridos impuestos, las obras se integran a la arquitectura del lugar. Quise crear un espacio donde la obra no esté separada de la vida, donde el proceso también pueda ser visto y compartido, explicó el artista. Villa del Parque queda fuera de los circuitos culturales habituales de Buenos Aires. Esa distancia es deliberada: el arte no como escenografía, sino como algo que se habita en lo cotidiano. El espacio también funcionará como punto de encuentro para artistas y profesionales, abierto al intercambio. PUBLICIDAD PUBLICIDAD

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