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  • Haroldo Conti, el escritor que eligió mantenerse en su lugar de combate

    » Tiempo Argentino

    Fecha: 02/05/2026 21:03

    Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt (Este es mi lugar de combate, de aquí no me moveré), era la frase en latín que estaba escrita en un cartel que había colocado en el estudio de su casa. Bajo esa declaración de principios, el escritor, periodista y militante del PRT, Haroldo Conti, eligió afrontar, hace 50 años, la criminal cacería que la última dictadura cívico-militar había desatado sobre una Argentina. Conti nació en 1925 en la localidad bonaerense de Chacabuco. Fue seminarista, pero abandonó su vocación religiosa para cursar la carrera de Filosofía. Al concluirla se casó con Dora Magdalena Campos, su primera esposa, con quien tuvo dos hijos, Alejandra y Marcelo. Fue autor de novelas como Sudeste, Alrededor de la jaula, En vida y Mascaró, el Cazador Americano, su obra más reconocida que fue censurada por el régimen castrense. En 1971, visitó por primera vez Cuba, donde participó como jurado del premio Casa de las Américas. Un viaje que resultó decisivo para definir su compromiso en tiempos en los que la revolución social parecía un sueño que podía materializarse. Al retornar de la isla, comienza un proceso de reflexión política que los lleva a sumarse a las filas del PRT y a su organización de superficie, el Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS). Mi padre no era nada más que un intelectual. Era una persona que había asumido un compromiso político y tenía un comportamiento orgánico en relación a su militancia. Por eso se lo llevaron, apunta Marcelo Conti, hijo del escritor. El secuestro que no pudo acallar una obra y un compromiso Entre la noche del 4 y la madrugada del 5 de mayo de 1976, el autor fue secuestrado en su domicilio de la calle Fitz Roy 1205 por un grupo de tareas del Batallón 601, cuando volvía del cine junto a su segunda mujer, Marta Scavac, con quien había visto El Padrino II, de Francis Ford Coppola. Nosotros, su familia, sabíamos que podía sufrir alguna consecuencia por su militancia. Pensábamos que lo podían detener o algo así. No teníamos consciencia de la dimensión de la matanza que se venía, señala en diálogo con Tiempo Argentino, Alejandra, su hija, que al momento de la captura de su padre tenía 18 años. En 2009, ante el Tribunal Oral Federal Número 5, Marta narró durante seis horas las alternativas del secuestro de Conti en el juicio que se le siguió al general Jorge Olivera Rovere por hechos de terrorismo de Estado ocurridos en la Capital Federal. La patota irrumpió momentos antes de que la pareja llegara y sometieron a Juan Carlos Fabiani, compañero de militancia del escritor que se había quedado en el domicilio al cuidado de Ernesto, el bebé de tres meses que había tenido Marta con Haroldo, y Miriam, una niña de siete años, fruto de otro matrimonio de la mujer. Al ingresar, Marta y Haroldo vieron a Fabiani atado y tirado en el piso de la casa. Luego fueron sometidos a golpes y patadas por seis represores que durante horas se dedicaron a romper y saquear la vivienda. Marta, atada con corbatas y con la cabeza encapuchada por una camisa, fue conducida a otra habitación, desde donde escuchaba los gritos de su compañero, mientras era torturado. El grupo permaneció toda la noche en la casa. Cerca del alba le anunciaron a Marta que se llevaban a Haroldo y a Fabiani. Desde entonces, ambos permanecen desaparecidos. Los represores se fueron pero amenazaron con volver. Como pudo, Marta se libró de las ataduras, tomó a Ernesto y despertó a Miriam, que había sido dormida con cloroformo por los represores. Los tres salieron de la casa por una ventana. Se contactaron con compañeros de Haroldo en la revista Crisis y comenzaron a denunciar la captura de su compañero. En esas primeras horas, nadie se atrevió a desafiar la censura y publicar una noticia sobre el secuestro de Conti. Recién el 8 de mayo de 1976, el locutor y periodista Ariel Delgado lo anuncia en Radio Colonia. El Buenos Aires Herald (diario escrito en inglés) también da la información. Marta y sus dos hijos se refugiaron en la embajada de Cuba en Buenos Aires. En diciembre de 1977 obtiene un salvoconducto y parte al exilio. Recala en La Habana, luego se traslada a México y finalmente a Suecia, desde donde retorna a Argentina en 1985. La última compañera de vida de Haroldo Conti falleció hace diez años. Tengo a mi viejo presente todos los días. Eso implica contarles a mis pibes lo que significaba el compromiso que su abuelo tenía frente al desamparo y la injustica. En su obra abrazaba a los abandonados del sistema, a los que abrazaba para darles esperanzas, evoca hoy Ernesto, que era un recién nacido cuando se produjo el secuestro de su padre. A mediados de ese mayo, el dictador genocida Jorge Rafael Videla recibió en un almuerzo en Casa Rosada a Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Horacio Ratti, titular de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), y al sacerdote Leonardo Castellani, quien había sido profesor de Conti en el seminario y mantenía con el escritor una relación afectuosa. Castellani pidió por la vida de su amigo. Videla tomó nota y días después el cura fue conducido a un lugar que no puede determinar (¿Campo de Mayo, El Vesubio o la cárcel de Devoto?) y logró verlo con vida. Estaba con su salud muy deteriorada, producto de la tortura. Conti no lo reconoció, no pudo hablar. El religioso le dio la extremaunción. Por testimonios de sobrevivientes, se supo que Conti fue visto por última vez en el Vesubio. Desde entonces permanece desaparecido. «

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