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  • La resurrección de los filósofos

    Parana » AIM Digital

    Fecha: 02/05/2026 19:53

    La cuestión de los dioses: si hay o no hay, uno o muchos, qué quieren y qué rechazan, ha provocado matanzas, pero quizá toda la cuestión sea solamente una bobada de los que ponen el cuello al cuchillo por naderías. De los dioses sabemos que como los políticos prometen mucho y cumplen poco, por lo menos en este mundo. Por eso han decepcionado tanto que hoy por hoy andan muy necesitados de confianza. Pero quién nos dice que cambien las cosas en el futuro. Los optimistas tienen una fe estupenda en que así será, y entre ellos destaca con luz propia Quentin Meillassoux, un filósofo francés adscripto al llamado "realismo especulativo" La pregunta filosófica fundamental parece ser por ahora, hasta que alguien invente otra más fundamental ¿por qué hay ser y no más bien nada? Hay quienes, afectados severamente por el insomnio, han afrontado un nuevo día preguntando por qué dos más dos son cuatro y no cinco. La contingencia absoluta está en la base del razonamiento insomne. Cuando Quentin cayó en la cuenta supo que todo lo que existe, incluidas las leyes de la física y de la lógica, es contingente, es decir, existe sin ninguna razón para existir; podría ser diferente o no ser. Toda la naturaleza que se despliega maravillosa a la luz de la mañana podría no existir y dos más dos podrían ser cinco... o cero. Es justísimo que los muertos resuciten Quintin se revuelve contra la injusticia, en particular las muertes terribles, como las que provoca la guerra, prematuras e injustas, que claman a sus oídos por redención. El concepto de una justicia absoluta, tan lejos de la realidad que nos envuelve, lo lleva a concluir que la injusticia, tan abundante por aquí abajo, no puede ser definitiva, que contra lo que se repite indefinidamente la muerte no puede tener la última palabra. Si dios no arregla estas cuestiones podríamos arreglarlas nosotros, aunque no seamos dioses. Los gnósticos de hace dos milenios inventaron una creación a su gusto, contra la consagrada por el cristianismo triunfante: el mundo donde prevalece el dolor y la injusticia, nuestro mundo, no es obra de dios sino de un sustituto suyo ignorante y cruel, que creó un mundo defectuoso: el demiurgo. Pero hay en cada uno una "chispa" del origen que reclama por volver a la divinidad esencial. Quintin es de otra opinión. Postula que "dios no existe todavía" y que la resurrección será posible sin el dios trascendente. La justicia es transferida a un futuro venturoso que alcanzaremos si todos colaboramos. La justicia absoluta que reclama la resurrección se debe dar en este mundo inmanente, sin pensar en la transcendencia ni en vidas post mortem. Cuando llegue el momento de la justicia absoluta, los seres humanos serán a la vez limitados e inmortales. Para ellos, ya que no para nosotros, la muerte será una opción, pero no una condena. Cada cual podrá optar por el suicidio si le place, pero de manera libre, incondicionada. O como esperaba Borges, quizá prevalezca el don, tan sencillo, del olvido. De la TRedacción de AIM.

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