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  • Se cumplen 10 años del asesinato de Gisela López en Santa Elena

    Parana » Entreriosya

    Fecha: 02/05/2026 13:13

    El femicidio de Gisela López volvió a poner en evidencia las falencias del sistema judicial argentino, a una década del crimen que aún permanece impune y sin responsables condenados. La joven de 19 años desapareció el 22 de abril de 2016 en Santa Elena y su cuerpo fue hallado 18 días después, en una zona descampada cercana a su casa. Desde entonces, su familia sostiene una lucha constante en busca de respuestas que nunca llegaron. Gisela regresaba de la escuela nocturna cuando se perdió su rastro en el barrio 120 Viviendas. Su cuerpo apareció a solo 168 metros del último lugar donde había sido vista. La autopsia confirmó que había sido golpeada, abusada sexualmente y estrangulada con el cordón de una zapatilla, un dato que marcó la brutalidad del hecho. Es muy angustiante en estas fechas saber que aún no tenemos respuestas por parte de la Justicia. Es muy triste, muy doloroso, cada vez la herida se abre más, expresó Gabriel, hermano de la víctima, al recordar el impacto que sigue generando el caso en su familia. Un proceso judicial marcado por errores La causa judicial estuvo atravesada por irregularidades que, según la familia, fueron determinantes en el desenlace del juicio. En 2019, tras un proceso sin pruebas concluyentes, los cuatro imputados fueron absueltos, lo que profundizó el dolor de los allegados de la joven. Entre los acusados se encontraban Mario Saucedo, quien falleció en 2022, su hijo Elvio Saucedo, Matías Vega y Rocío Altamirano, señalada por encubrimiento. A pesar de las imputaciones por abuso sexual y homicidio, el tribunal no encontró elementos suficientes para condenarlos. Es desgastante para nosotros convivir con una década sin justicia, desesperante, afirmó Gabriel, quien también cuestionó el accionar de quienes llevaron adelante la investigación. Todos los que tuvieron a cargo la causa nos dieron la espalda, sostuvo. Pruebas pendientes y una última instancia Según la familia, la investigación dejó puntos sin profundizar. Entre ellos, mencionaron la existencia de una prueba de ADN que no fue analizada en profundidad y testimonios que nunca fueron incorporados al expediente. Para nosotros hubo errores, faltaron ajustar testimonios. También se supo de personas que decían saber lo que le pasó a Gisela y ni siquiera las llamaron a declarar, enumeró el hermano de la víctima. Actualmente, el expediente se encuentra en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, tras los recursos presentados por el Ministerio Público Fiscal. Se trata de la última instancia judicial y, para la familia, representa la última esperanza de revertir el fallo absolutorio. Esperamos que los condenen o que haya un nuevo juicio. Que se investigue lo que se tenga que investigar, que piensen que hay una familia que hace 10 años está esperando justicia, expresó Gabriel, en un mensaje dirigido a los jueces. Consecuencias emocionales y sociales El impacto del crimen no se limitó al ámbito judicial. La familia de Gisela continúa atravesando secuelas emocionales profundas. El daño mental y emocional nos persigue desde ese día. Mi hermano más chico está con tratamiento psiquiátrico. Nadie estaba preparado para esto, relató. A ese dolor se sumó el juicio social que, según denunciaron, también afectó a la familia. Muchas veces se juzga a la familia o a la víctima sin saber lo que pasó, señaló Gabriel, al referirse a las miradas externas que acompañaron el caso. La espera por respuestas se transformó en una rutina. Llamamos tres o cuatro veces por semana para saber si hay novedades en la causa, pero no sabemos nada. A veces nos generan esperanza, otras, incertidumbre, contó a TN. La memoria y el legado de Gisela A pesar del paso del tiempo, la figura de Gisela sigue presente en la vida de sus seres queridos. Era una persona amorosa, le gustaba trabajar y cuidar a los niños. Era respetuosa, una chica sana. No le conocemos ni una maldad. Y queremos que se la recuerde así, expresó su hermano. En medio del dolor, la familia encontró formas de sostener su memoria. Gisela López hoy da nombre a una Asociación Civil que trabaja en Santa Elena asistiendo a personas en situación de vulnerabilidad y promoviendo la concientización sobre la violencia de género. Además, Gabriel compartió una historia personal que resignificó el vínculo con su hermana. Una o dos semanas antes de que Gisela desapareciera, me dijo: vos vas a ser papá. Yo no le creí, recordó. Días después de que encontraran el cuerpo, supo que su pareja estaba embarazada. Su hija lleva el nombre de Gisela. No tengo ninguna duda de que está en mi niña. Aprendí a ser el padre que Gisela siempre deseó tener, manifestó. Una lucha que no se detiene A diez años del crimen, la familia continúa reclamando justicia sin bajar los brazos. La causa judicial sigue abierta y sin responsables condenados, mientras la pregunta central permanece sin respuesta: quién mató a Gisela López. Confiamos en que la justicia tiene que llegar. Y también sería un mensaje para toda la sociedad, donde la palabra justicia se ha vuelto cada vez más lejana, concluyó Gabriel en diálogo con TN. El caso se convirtió en un símbolo de la lucha contra la violencia de género en Entre Ríos y en un ejemplo de las consecuencias que pueden tener las fallas en una investigación judicial. Mientras tanto, el reclamo sigue vigente y la memoria de Gisela continúa impulsando la búsqueda de verdad.

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