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Fecha: 02/05/2026 06:32
Durante generaciones, la llamada primera vez estuvo rodeada de frases hechas, advertencias y temores. Que siempre duele. Que siempre sangra. Que el cuerpo cambia. Que el himen se rompe. Muchas de esas ideas siguen circulando en conversaciones familiares, redes sociales y vínculos de pareja, aunque la anatomía y la medicina digan otra cosa. El himen es una membrana mucosa que rodea parcialmente la abertura vaginal. No es una pared cerrada ni un sello que se quiebra en la primera relación sexual. Puede tener distintas formas, tamaños y grados de elasticidad. En algunas personas, se estira; en otras, puede modificarse por actividades no sexuales, como el uso de tampones, la práctica de deportes o la exploración corporal. Normalmente tiene uno o varios orificios centrales que permiten la salida del flujo menstrual, explicó el ginecólogo Vicent Carmona, de España, al describir esta estructura anatómica. La idea de que el estado del himen permite saber si una persona tuvo o no relaciones sexuales no tiene respaldo médico. Dolor y sangrado no son una obligación Otro mito fuerte es que la primera penetración vaginal necesariamente debe doler o provocar sangrado. Puede ocurrir, pero no es una regla. El sangrado, cuando aparece, suele estar relacionado con pequeñas lesiones por fricción, tensión, falta de lubricación o escasa excitación, y no con la ruptura de un supuesto sello. Muchas mujeres no tienen ningún sangrado ni dolor si su himen es muy elástico o tiene una gran abertura, señaló Carmona. En esos casos, la membrana puede adaptarse y luego volver a su posición sin dejar señales atribuibles al acto sexual. También puede pasar que haya incomodidad o dolor por ansiedad, miedo, falta de información o presión por cumplir con una expectativa. Por eso, más que pensar en una escena idealizada o temida, los especialistas recomiendan poner el foco en el consentimiento, la comunicación, el deseo, los tiempos personales y el uso de lubricación si hace falta. La virginidad como construcción social La palabra virginidad no pertenece al lenguaje médico. Es una construcción social, cargada de mandatos culturales, religiosos y de género. Por eso, hablar de perder la virginidad también puede transmitir una idea negativa: como si la experiencia sexual quitara valor, pureza o dignidad. Lee también: Las parejas estables tienen más sexo del que se cree y la ciencia explica el porqué La Organización Mundial de la Salud y organismos de Naciones Unidas pidieron eliminar las llamadas pruebas de virginidad, porque no tienen validez científica y constituyen una violación de los derechos humanos. Según esos organismos, no existe un examen físico capaz de demostrar si una mujer o una niña tuvo relaciones sexuales. El daño de estos mitos no es menor. Pueden alimentar vergüenza, miedo, control sobre el cuerpo femenino, presiones dentro de la pareja y prácticas médicas innecesarias. También reducen la sexualidad al coito, cuando la experiencia sexual es mucho más amplia e incluye deseo, intimidad, cuidado, placer, límites y decisiones personales. Desarmar estas creencias no busca banalizar la primera experiencia sexual, sino hacerla más segura y libre. La educación sexual, también en Argentina, sigue siendo clave para que adolescentes y adultos puedan distinguir entre información médica y mandatos heredados.
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