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» TN
Fecha: 02/05/2026 05:42
Con 35 años y tras haber llegado a pesar 310 kilos, el brasileño Julio Mamute conoce de cerca los extremos: el de la inmovilidad y el de volver a empezar. Hoy, después de bajar más de 100 kilos gracias a la natación y de animarse a recorrer el mundo corriendo maratones a su propio ritmo, su historia se transformó en un símbolo de resiliencia. Ese camino de superación tendrá un nuevo capítulo en la Argentina: este domingo dirá presente en la Maratón Internacional de Mendoza, donde volverá a ponerse a prueba, paso a paso, frente a un desafío que va mucho más allá de lo deportivo. En diálogo con TN, a horas de llegar a la Argentina, este empresario de la industria cosmética oriundo de Recife y que reside en San Pablo, cuenta cómo en apenas tres años logró darle un vuelco rotundo a su vida gracias a una fuerza de voluntad que parece no tener techo. Su historia no es la de un atleta de élite, sino la de un hombre simple que decidió escuchar las señales del destino y darle un nuevo sentido a su vida. La señal que originó el cambio En un intento por explicar el devenir de su vida, Julio cuenta que, a diferencia de otros casos, no hubo un episodio puntual y traumático que haya dado paso a su sobrepeso. Fue el ambiente, las situaciones de la vida. Nadie se levanta hoy y dice yo quiero ser gordo, pero la vida te lleva. Hábitos, mala alimentación, explica. El proceso comenzó temprano, alrededor de los 12 años, pero el punto crítico llegó con el encierro global que significó la pandemia. En la pandemia engordé mucho más. Hasta el punto de no poder caminar, confiesa con dolor. Acto seguido, el sobrepeso lo aisló del mundo y lo hundió en una depresión que lo mantuvo encerrado hasta el 13 de noviembre de 2023. Estaba encima de mi cama. Era mi cumpleaños y no quería ver a nadie, recuerda para luego narrar cómo fue ese golpe del destino que lo cambiaría todo. Ese día, precisamente, recibiría lo que él hoy define como una señal: el nacimiento de su primer sobrino, que llegó al mundo exactamente el mismo día y a la misma hora que él. En aquel momento entendí que Dios estaba queriendo hablar conmigo. Que esa era una señal para probar que la vida vale la pena, relata. Quise ir a entregarle un regalo y no lo conseguí, no lo logré. No fue posible a causa de mi gran peso. Me sentí muy mal, lloré, recuerda. Fue justo en ese instante que Julio comprendió que, si quería tener una familia y jugar con sus futuros hijos, debía cambiar. La natación: el primer paso hacia la libertad Así comenzó un proceso de transformación que inicialmente se produjo en el agua, tomando clases de Aquagym, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba algo más intenso y de que las señoras que asistían a las clases, hablaban mucho, confiesa entre carcajadas. Entonces, se pasó a la natación, y el impacto fue inmediato, así perdí mis primeros 100 kilos. La natación salvó mi vida, afirma con seguridad. A pesar de haber bajado una cifra impresionante, su peso seguía siendo un desafío para la movilidad cotidiana, y entonces decidió ir por más, trazarse nuevas metas y cumplir nuevos desafíos, pero ya en tierra firme. Dispuesto a disfrutar de estas nuevas oportunidades que se abrirían para él, decidió anotarse y correr sus primeros 10K en la carrera de San Silvestre, la mayor competencia urbana de Latinoamérica, que se celebra en la ciudad de San Pablo, y que en 2025, cumplió 100 años y contó con más de 55.000 participantes de 44 países. La San Silvestre, su gran debut Completar los 15.8 kilómetros de la San Silvestre le llevó seis horas, caminando en lo que él mismo define como una gran victoria cinematográfica. Si un director de Hollywood quisiera hacer un filme, no sería posible que fuera tan lindo. Las personas en los balcones gritaban mi nombre, los policías me grababan con sus celulares. Fue muy bello, rememora. Aquel día, Julio no solo recorrió las calles de San Pablo, el lugar donde vive y pelea por sus sueños cada día, también celebró el primer gran logro de su nueva vida. Mi maratón es personal. Mi mensaje es que mi maratón se inició a los 310 kilos y se cerrará debajo de 100. Yo quiero vivir, afirma. De Portugal a Mendoza Pero no fue esta la única carrera que ha corrido en los últimos tiempos. Ni tampoco la última. Recientemente, completó la Maratona da Europa, en Aveiro, Portugal. El video de su llegada, con más de 3.4 millones de reproducciones, es una muestra de su verdadero propósito: soñar que una vida mejor es posible, hacerla realidad y dejar en otros esa enseñanza. Este domingo Mendoza será testigo de su lucha. Allí llegará para correr la Maratón Internacional de la que participarán 10.156 corredores -4.631 de ellos extranjeros provenientes de 23 países- y que recorre importantes puntos de atracción turística a los pies de la cordillera y con un clima bastante extremo. Pero Julio se siente listo y no le teme ni a la adversidad ni al frío. Tengo capa de gordura, bromea, mientras se prepara para sumar kilómetros a su objetivo de completar seis maratones en 60 días, en países como Chile, Tailandia y Noruega, lugares todos estos a los que también le resulta complicado llegar por su tamaño. Viajar en avión con sobrepeso no es fácil, ¿no? Si ni siquiera entro en el baño del avión, pero no me impide ir a las maratones, solo Dios podría hacerlo, dice convencido de que no está solo en su periplo. Un legado de esperanza Para Julio, el hombre que ha perdido ya 112 kilos y que en tiempos de redes sociales cuenta con más de dos millones de seguidores, contar su vida no tiene que ver con la búsqueda de dinero ni de fama. No soy un influencer que gana dinero con perder peso. Este es mi propósito, es mi vida. Es un legado, dice. Es que detrás de cada kilómetro recorrido hay, sobre todo, un hombre que se animó a recuperar la capacidad de soñar. Yo soy soltero, tengo una novia y quiero tener una familia. Tener hijos es el sueño de mi vida; hace poco tiempo no era posible, pero ahora siento que es posible nuevamente. Mientras tanto, sigue caminando, con sus 198 kilos a cuestas. Sabe que el camino es largo, pero ya no tiene miedo. Avanza a paso firme y seguro hacia la meta, consciente de que el verdadero objetivo es el simple y maravilloso acto de vivir.
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