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  • 112 días al año mirando una pantalla

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 01/05/2026 22:40

    Hagan la cuenta: si un adolescente promedio pasa frente a pantallas unas siete horas por día, en un año eso suma 112 días. Un tercio del año. No un rato, no bastante tiempo. Un tercio del año de vida de su hijo, encuadrado en un rectángulo luminoso. El dato viene de Common Sense Media, relevado por Oxford Learning, y no pretende ser una sentencia. Pretende ser una dimensión. Porque la discusión sobre pantallas y adolescentes lleva años atrapada en el lugar equivocado: cuántas horas, qué aplicaciones, qué controles parentales instalar. Son preguntas útiles, pero secundarias. La pregunta que importa es otra: ¿qué está pasando en el tiempo que queda? El problema no es la pantalla. Es lo que desplaza. El lenguaje se desarrolla en la conversación, no en el consumo. La creatividad necesita aburrimiento. La empatía se aprende mirando a alguien a los ojos cuando está triste, no leyendo una descripción de tristeza. Ninguna de esas experiencias sucede en una pantalla, y todas ellas requieren tiempo. Tiempo que, si ya está ocupado, simplemente no existe. Esto no significa que la tecnología sea el enemigo. Un adolescente que sabe moverse en el ecosistema digital, que entiende cómo funcionan los algoritmos y que usa herramientas de inteligencia artificial con criterio, tiene ventajas reales. El problema no es la pantalla. Es lo que desplaza. Las plataformas están diseñadas para quedarse con la atención. No es un secreto ni una teoría conspirativa: es el modelo de negocio. El scroll infinito, las notificaciones, los videos que comienzan solos, todo apunta a lo mismo. Saber esto no resuelve nada por sí solo, pero cambia la posición desde la que uno actúa: ya no es un problema de disciplina del chico, es un problema de diseño del entorno. Lo que funciona, según muestran distintos estudios sobre hábitos digitales en menores, no son los controles técnicos solos sino la presencia adulta. Ver contenido junto a los hijos, preguntar qué están mirando, hablar de lo que apareció en el feed. No para vigilar, sino para convertir una experiencia pasiva en una compartida. Ese pequeño gesto transforma la dinámica completa. Hay herramientas que ayudan a gestionar el tiempo de pantalla Google Family Link, Apple Screen Time, Qustodio entre otras y tienen su utilidad práctica. Pero son instrumentos, no soluciones. Una aplicación que bloquea el celular a las diez de la noche no reemplaza la conversación sobre por qué tiene sentido apagar el celular a las diez de la noche. Los 112 días no son una acusación. Son una invitación a preguntarse qué estamos construyendo en los 253 que quedan. Alfredo Fredhy Perotti Comunicador y educador digital Argentina

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