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» Sanluis 24
Fecha: 01/05/2026 19:07
En medio del rodaje que marcará su debut cinematográfico, Wanda Nara vivió un momento tan íntimo como inesperado. Instalada en Uruguay por las grabaciones de la película con la que desembarcará en la pantalla grande, la mediática atraviesa en paralelo su conflicto judicial con Mauro Icardi. Sin embargo, lejos de ese frente, encontró un respiro emocional gracias a su actual pareja Martín Migueles, quien a pesar de permanecer en Buenos Aires, la sorprendió con una serie de obsequios que no pasaron desapercibidos. Como suele ocurrir, parte de ese intercambio quedó reflejado en sus redes sociales, donde también dejó al descubierto una frase que sintetiza su mirada sobre el amor. No hizo falta demasiado despliegue para captar la atención. En un contexto donde cada paso suele amplificarse, la pareja optó por una exposición medida, casi sutil, pero lo suficientemente elocuente. A través de algunas historias de Instagram, lograron instalar nuevamente su vínculo en el centro de la escena digital, aunque desde un lugar distinto: lejos del conflicto y más cerca de la sensibilidad. Un registro que, sin perder impacto, se apoya en lo emocional. La primera postal tiene algo de cotidiano, pero transmite más de lo que muestra. Desde un ángulo cenital, entre sábanas claras y una atmósfera serena, se los ve compartiendo un momento que parece suspendido en el tiempo. Allí aparece el mensaje de él, directo y sin rodeos: «Te extraño, pero me encanta verte brillar Te amo». Una frase que funciona en doble dimensión: privada, pero inevitablemente pública tratándose de figuras expuestas. La distancia, lejos de ser un obstáculo, se vuelve el eje que organiza esta historia. Mientras Wanda Nara permanece en Uruguay por compromisos laborales, Martín Migueles continúa en la Argentina. En ese contexto, lo que podría leerse como lejanía se resignifica a través de gestos concretos. No hay intención de ocultarlo: la separación se asume y se transforma en una forma distinta de sostener el vínculo. Luego llega la respuesta de ella. Desde una habitación cálida, con una puesta en escena que combina lo simple y lo simbólico, aparecen los regalos: un oso de peluche de gran tamaño, flores frescas y varias bolsas. Pero lo central no es lo material, sino el mensaje que lo acompaña: «Soy muy antigua en el amor. Mi amor, gracias por cuidarnos a todos. Y cuidarme a la distancia con todo lo que amo». El detalle que termina de cerrar el sentido está en la dedicatoria escrita por él: «Este oso te abraza por mí mientras estamos lejos, así no me extrañás tanto, aunque yo a vos sí». Ahí es donde todo cobra forma. Más que impresionar, los obsequios buscan estar presentes en ausencia. Son señales de atención, de cuidado, de una conexión que intenta sostenerse incluso a kilómetros de distancia. Y en esa manera de mostrarse, sin estridencias ni excesos, la pareja deja entrever un código propio: decir mucho, mostrando poco. Fuente: Primicias Ya
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