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Concordia » Hora Digital
Fecha: 01/05/2026 17:18
Los perros domésticos presentan patrones de sueño que se ajustan principalmente a la rutina de sus dueños, con un predominio de descanso durante la noche y siestas breves a lo largo del día. Aunque parecen tranquilos mientras duermen, sus hábitos de sueño reflejan una adaptación significativa a la convivencia con humanos, que ha moldeado su comportamiento a lo largo del tiempo.
Generalmente, los perros duermen la mayor parte de la noche, entre las 21 y las 6 horas, complementando este descanso con períodos de somnolencia diurna. Esta flexibilidad en sus ciclos de sueño es una respuesta adaptativa que les permite sincronizarse con la actividad familiar. Estudios estiman que en promedio duermen alrededor de 10 horas diarias, aunque la duración real puede variar entre 7 y 16 horas debido a la fragmentación del sueño y a los momentos de somnolencia ligera que forman parte de su rutina.
En cuanto a la estructura fisiológica del sueño, los perros experimentan fases similares a las humanas, incluyendo el sueño sin movimientos oculares rápidos (NREM) y el sueño con movimientos oculares rápidos (REM). Sin embargo, la proporción de tiempo que dedican a cada fase difiere; por ejemplo, pasan aproximadamente 2,9 horas diarias en la fase REM, superando las 1,9 horas promedio de los humanos. No obstante, investigaciones recientes indican que los perros domésticos pasan menos tiempo en sueño REM que los lobos socializados en condiciones controladas, lo que evidencia la influencia de la domesticación en estos patrones.
El lobo gris, antepasado del perro doméstico, presenta en estado salvaje patrones de sueño nocturnos o crepusculares, concentrando su actividad cerca del amanecer y el atardecer. Estos ciclos varían según factores como la presencia humana, la disponibilidad de alimento y las condiciones climáticas. En contraste, los perros domésticos han desarrollado hábitos de reposo predominantemente diurnos, con largos períodos de descanso nocturno y siestas durante el día, adaptándose al ritmo de vida familiar y a la cercanía con sus dueños.
Esta flexibilidad en los ciclos de sueño-vigilia, caracterizada por episodios frecuentes y breves de descanso, contrasta con el patrón humano, que suele concentrar el sueño en una única fase nocturna consolidada. Esta capacidad de adaptación permite a los perros responder rápidamente a cambios en la rutina diaria, como se observa en ejemplares entrenados para detección de drogas, que mantienen sus ciclos de sueño estables a pesar de variaciones en sus horarios de trabajo.
Los trastornos del sueño en perros constituyen un área de creciente interés debido a su impacto en la salud animal y su utilidad como modelo para estudiar patologías humanas. Según una revisión publicada en Science Direct, estas alteraciones pueden afectar funciones fisiológicas esenciales como el rendimiento cognitivo, la respuesta inmunitaria y la percepción del dolor, además de aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades. Entre los trastornos más comunes se encuentran la narcolepsia, el trastorno de conducta del sueño REM (TCSR) y los trastornos respiratorios relacionados con el sueño (TRS).
La narcolepsia, presente en varias especies domésticas, se caracteriza por somnolencia excesiva durante el día, ataques repentinos de sueño, fragmentación del descanso y una latencia reducida para alcanzar la fase REM. Los perros han sido ampliamente estudiados como modelo natural para comprender la fisiopatología de esta enfermedad y evaluar posibles tratamientos.
El TCSR, clasificado como una parasomnia, se manifiesta por la pérdida de la atonía muscular típica del sueño REM, lo que provoca movimientos bruscos y vigorosos durante el descanso. Los perros afectados pueden presentar comportamientos agresivos involuntarios que incluso pueden causar lesiones. Este trastorno se debe a una inhibición fallida de las neuronas motoras inferiores, que normalmente impiden el movimiento durante la fase REM.
Los trastornos respiratorios relacionados con el sueño incluyen condiciones como la apnea obstructiva del sueño (AOS) y la apnea central del sueño (ACS). La AOS implica el colapso repetido de las vías respiratorias superiores durante el sueño, mientras que la ACS se caracteriza por la ausencia de impulso respiratorio debido a una disfunción en el control central. Estas alteraciones pueden provocar episodios de hipopnea, apnea y hipoxemia recurrente.
Además, ciertas enfermedades primarias pueden manifestar trastornos en el ciclo sueño-vigilia. Un ejemplo es la disfunción cognitiva canina (DCC), un trastorno neurodegenerativo relacionado con la edad y similar a la enfermedad de Alzheimer en humanos. Esta condición se caracteriza principalmente por alteraciones en el ciclo sueño-vigilia, incluyendo despertares frecuentes, fragmentación del sueño nocturno y aumento del sueño NREM durante el día.
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