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» Perfil
Fecha: 01/05/2026 15:15
"No noté a mi hijo asustado; pero estaba alerta. Hablaron mucho con sus compañeros y, sin subestimar lo que había pasado en San Cristóbal, llegaron a la conclusión de que lo mejor era no asistir al colegio". Esa frase corresponde a María E., madre de un adolescente de 14 años que estudia en una escuela secundaria de Avellaneda y el 15 de abril pasado fue notificado de una "pintada" amenazante en el baño de la institución: Mañana tiroteo, no vengan. No subestimar "lo que pasó en San Cristóbal" se refiere al ataque que perpetró un joven de 15 años que, el 30 de marzo pasado, llevó una escopeta de doble caño en la funda de su guitarra a la Escuela N° 40 Mariano Moreno de esa localidad santafesina. Luego, la preparó escondido mientras los alumnos esperaban para izar la bandera y asesinó a Ian Cabrera, un compañero de 13, e hirió a otros ocho chicos. Las primeras investigaciones derivaron en la detención de otro adolescente, acusado de encubrir y hasta supuestamente haber tenido un grado de planificación en el hecho. También, se puso el foco en las comunidades online asociadas a lo que se llama True Crime (Crímenes reales), un universo que, en sus versiones más extremas, puede derivar en dinámicas de glorificación de la violencia y emulación de ataques. Las autoridades establecieron que tanto este joven como el tirador participaban de estas comunidades. En paralelo, comenzaron a multiplicarse los mensajes con amenazas de tiroteo en distintos puntos del país. En Santa Fe, se reportaron más de 400, incluyendo grafitis, pintadas, llamadas y "avisos" por Whatsapp; y en la Ciudad de Buenos Aires se informó una cifra similar. En la Provincia de Buenos Aires, las autoridades pidieron investigar a una presunta "estructura" que estaría detrás de alrededor de 600 de estos mensajes intimidatorios, por ejemplo. María, que reside en la localidad bonaerense de Wilde, recordó que cuando le avisaron de la amenaza en la escuela de su hijo, después de ver lo que había ocurrido en Santa Fe, quedó con miedo. "Aunque sabía que había más posibilidades de que quedara todo en una broma, no queríamos arriesgarnos a que fuera real", le cuenta a este medio. Asimismo, señaló que desde la dirección del colegio les comunicaron que "se realizó la denuncia correspondiente considerando que toda amenaza constituye un delito penal", invitaron a las familias consultarles todas sus inquietudes y aclararon que si la situación avanzaba iban a revisar las mochilas a la entrada. En otras instituciones de diferentes provincias se tomaron otras medidas, como pedirle a los alumnos que lleven sus útiles y libros en mochilas transparentes, bolsas de supermercado o en las manos. En este tipo de casos, hay patrones que se repiten. Curiosamente en abril se estrenó en cines la película "El Drama", que menciona características de este peligroso fenómeno como la estetización de la violencia, el interés en quienes perpetran ataques masivos y el efecto copycat (imitación de ataques previos), los mismos que señala un informe reciente de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), dependiente del Ministerio Público Fiscal de la Nación argentina (MPF). Aunque existía la sensación de que estos hechos no podían ocurrir en nuestro país y eran propios de otros, como Estados Unidos, el ataque en San Cristóbal dejó ver que no son aislados y forman parte de un lenguaje compartido en estas comunidades digitales cerradas, restringidas en sitios como Telegram y Discord. Subagrupaciones dentro de la "True Crime" "Las True Crime Communities se organizan alrededor del consumo, análisis y discusión de casos reales de crimen. Están presentes en múltiples plataformas como foros, redes sociales, canales de video o grupos privados", indica Belén Ortega, especialista en Inteligencia Artificial (IA). Acerca de la dinámica de estos grupos, sostiene que lo interesante y problemático es que no son solo personas que consumen contenido, sino "usuarios que participan activamente; que investigan, opinan, construyen teorías, conectan datos y muchas veces generan sus propias narrativas". El documento de la secretaría antiterrorismo subraya que el antecedente de este tipo de fenómenos se remonta a la masacre de Columbine en 1999, cuando Eric Harris y Dylan Klebold, estudiantes de último año del instituto Columbine, asesinaron a 12 estudiantes y un profesor e hirieron a 21 personas antes de suicidarse: "Desde entonces se han consolidado comunidades digitales, principalmente integradas por jóvenes, que replican estos patrones de conducta". "Producen un fenómeno muy particular: se mezcla información real con especulación, emociones y entretenimiento. Y ahí aparece un punto clave desde la IA: los algoritmos de recomendación priorizan el contenido que genera mayor atención. Y en estos espacios, lo que más retiene es lo impactante, lo polémico o lo no resuelto", explica la también conferencista. El informe de la SAIT también describe que en estos casos se detectaron indicadores vinculados a otras subculturas digitales como los "Incels" (acrónimo en inglés de "célibe involuntario") y de la Agrupación "764", red satánica neonazi. "Se trata de subculturas que funcionan como espacios de pertenencia donde la violencia puede adquirir valor simbólico; en el caso de los Incels aparecen narrativas que combinan frustración afectiva con resentimiento y misoginia", destaca la psicóloga y psicoanalista Jacqueline Orellana Rosenberg. En cambio, redes como la 764, que el FBI ha calificado como "grupo terrorista", operan captando adolescentes vulnerables y promoviendo conductas extremas o transgresoras. "Más que organizaciones tradicionales, son ecosistemas online que legitiman ciertas formas de vínculo con el otro, muchas veces deshumanizadas", comenta la licenciada. La influencia de los algoritmos y sus recomendaciones Desde la mirada de la IA -advierte Ortega-, hay un factor crítico: "Los algoritmos no interpretan ideologías, pero sí patrones de comportamiento. Cuando detectan interés en ciertos contenidos, tienden a profundizar esa línea. Esto genera un efecto de escalada progresiva hacia contenidos cada vez más extremos, lo que conocemos como rabbit hole algorítmico. "Cuando una idea es validada dentro de una comunidad, se normaliza. Y lo que inicialmente puede parecer extremo, con el tiempo se vuelve parte del discurso cotidiano del grupo. La inteligencia artificial no crea estos fenómenos, pero sí los acelera, los amplifica y los conecta a escala", advierte la especialista. Acerca de los controles, Ortega mencionó que las plataformas como Meta Platforms, TikTok y YouTube diseñan los algoritmos de recomendación y definen las políticas de contenido, moderados por la IA. "Filtran y priorizan lo que se muestra. Estos sistemas están hechos principalmente para optimizar el engagement (interacción y conexión con la audiencia), no necesariamente para el bienestar del usuario". "La regulación estatal intenta establecer límites, pero muchas veces llega tarde o tiene dificultades para adaptarse a la velocidad de cambios tecnológicos. En el caso de los menores el entorno familiar y educativo es clave, pero existe una brecha importante porque los jóvenes saben cómo interactuar con las plataformas y muchos adultos no las entienden", afirmó. Para Orellana Rosenberg, las redes no solo difunden, sino que también "moldean la forma" en que estos hechos se expresan. Las amenazas circulan como desafíos virales o performances que buscan visibilidad inmediata. Ahí aparece una banalización del acto y un corrimiento en la responsabilidad, advirtió. "Hay un componente de imitación claro, el llamado efecto contagio, pero no alcanza para explicarlo", marcó la psicóloga. "La imitación funciona como vehículo de algo más profundo: malestares que no encuentran vía de elaboración, dificultades para tramitar la agresividad y una búsqueda de reconocimiento que, en ausencia de otras mediaciones, puede tomar la vía negativa. Siempre que algo no logra inscribirse en la palabra, puede retornar en el acto", aseguró. Amenazas escolares: un enfoque integral Ambas profesionales consideran que no hay una única respuesta, sino una trama de intervenciones posibles para esta problemática. Desde el ámbito familiar, se debe asegurar la posibilidad de brindar el espacio para que los chicos puedan expresar sus malestares. "Un gran desafío de esta época es tolerar la angustia de nuestros hijos; si esto no secuede el niño comienza a gestionar lo que siente para no desbordar a los adultos", comenta Orellana Rosenberg. Con respecto al ámbito educativo, expresó que debe comprenderse que "así como la escuela es un espacio vincular, las redes sociales son la extensión de estas, por lo tanto la formación emocional en lo digital se vuelve fundamental". "Desde la tecnología, hay mucho margen de mejora", suma Ortega. "Se pueden diseñar algoritmos que limiten la escalada hacia contenido extremo, incorporar mecanismos de fricción (como advertencias o pausas), y mejorar la detección temprana de comunidades de riesgo". Asimismo, opinó que las plataformas tiene que repensar sus modelos para no sólo medir el éxito en términos de tiempo de uso, sino también en el impacto en las personas. La curiosidad por el crimen o incluso la radicalización ideológica existieron siempre, pero ahora ahora cambiaron el entorno y la velocidad con la que se amplifican estos contenidos. "No alcanza con regular contenidos; hay que revisar cómo funcionan los algoritmos, qué incentivan y qué tipo de comportamiento están premiando porque también se trata de como moldean nuestra forma de pensar, sentir y actuar", concluyó. A un mes del tiroteo en la escuela de San Cristóbal, las amenazas que se replican, los mensajes que circulan y las comunidades que crecen en Internet configuran un escenario donde la violencia no siempre se concreta, pero sí se vuelve imaginable. FP
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