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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 01/05/2026 12:25
Hay despedidas que no se parecen a ninguna otra. No por el silencio, sino por la memoria compartida que las vuelve multitudinarias, casi necesarias. Así se perfila el homenaje que se prepara para decirle adiós a Luis Brandoni: un último aplauso que no será apenas formalidad, sino una ceremonia cargada de historia, afectos y escenas que aún resuenan. La cita será el próximo 6 de mayo, a las 17.45, en el Multitabaris. El lugar no es casual. Es, de algún modo, un refugio simbólico: el teatro que eligió, defendió y habitó hasta el final. Allí donde su voz se volvió carne en cada personaje, donde el oficio dejó de ser trabajo para convertirse en destino. Allí donde, ahora, lo esperan. PUBLICIDAD Carlos Rottemberg, empresario teatral, amigo y testigo privilegiado de tantas páginas de la escena argentina, fue quien dio forma a este encuentro. En diálogo con Teleshow, describió el espíritu del homenaje con la precisión de quien entiende que hay momentos que no admiten grandilocuencias vacías: Invitamos a un encuentro de familia, amigos, colegas y periodismo, a realizarse en el lugar que siempre eligió, el teatro, último escenario de una carrera excepcional. Luis Brandoni en una escena de la serie Nada, protagonizada junto a su amigo Robert De Niro No será un acto rígido ni solemne en exceso. Será, más bien, un abrazo colectivo. Estarán los suyos, su familia, sus afectos más cercanos. Estarán también quienes compartieron con él la escena y el oficio. Y habrá palabras. Las necesarias. Las inevitables. Entre ellas, las de su última compañera de escenario, Soledad Silveyra, y las de Gerardo Romano y Ana María Picchio, protagonistas de un gesto que, con el tiempo, adquirió una dimensión casi poética. PUBLICIDAD Porque en diciembre, cuando la salud de Luis impuso límites y obligó a reconfigurar planes, el teatro respondió como sabe hacerlo: con solidaridad. ¿Quién es quién?, la obra que compartía con Silveyra, estaba pensada para hacer temporada en Mar del Plata, pero cuestiones de salud lo obligaban a quedarse en Buenos Aires, aunque ante ese panorama no había salas disponibles. Entonces ocurrió algo que no suele suceder en un ambiente atravesado por urgencias y calendarios inflexibles: Romano y Picchio cedieron el escenario del Multitabaris y llevaron su propio proyecto El secreto, dirigido por Manuel González Gil a La Feliz, y así abrieron espacio para que Brandoni pudiera seguir haciendo lo que más amaba. El acuerdo alcanzado entre los elencos y la producción no solo resguardó la salud del actor, sino que también aseguraba la permanencia de dos obras emblemáticas en la agenda teatral, gracias a la colaboración y el apoyo mutuo entre los protagonistas del escenario nacional. PUBLICIDAD La actriz, a dos días de la muerte de su compañero de la obra ¿Quién es quién?, compartió un conmovedor video juntos (Video: Instagram) Ese gesto, que en su momento fue leído como una muestra de compañerismo, hoy adquiere otro peso. Otra textura. Porque ese mismo escenario, el que le fue ofrecido para continuar, será ahora el que lo despida. Durante el homenaje también se descubrirá una placa en su honor, que quedará en el hall de ingreso del teatro. No será solo un recordatorio. Será una marca, una señal tangible de que ese espacio le pertenece, incluso en ausencia. Una forma de decir que hay presencias que no se retiran nunca del todo. PUBLICIDAD Rottemberg lo explicó sin rodeos. Como si el teatro, en ese gesto, también necesitara despedirse de uno de los suyos: Desde el primer instante de su muerte, sentí que debía realizarle este primer homenaje en el lugar que siempre eligió y defendió tanto: el teatro. Conversaciones y experiencias cinematográficas: Robert De Niro, Brandoni y Nueva York Ahora, esa misma comunidad se prepara para reunirse otra vez. No para resolver una urgencia, sino para honrar una trayectoria. Para agradecer. Para sostener, aunque sea por un rato, la ilusión de que el telón no cayó del todo. PUBLICIDAD Porque hay actores que no se despiden. Apenas cambian de escena. Y Luis Brandoni, con su historia, su voz y su presencia, parece destinado a seguir habitando cada rincón del teatro que lo vio brillar. Aunque las luces se apaguen. Aunque el aplauso, esta vez, suene distinto, acompañado de algunas lágrimas. PUBLICIDAD PUBLICIDAD
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