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  • El gesto romántico de Martín Migueles que conmovió a Wanda Nara: Soy antigua en el amor

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 01/05/2026 10:40

    La escena se arma en silencio, pero dice todo. En un universo donde cada movimiento suele amplificarse, Wanda Nara y Martín Migueles eligieron un registro distinto: el de los gestos mínimos que, al exponerse lo justo, construyen un relato íntimo sin perder su potencia pública. Bastaron un puñado de historias en Instagram para que la conversación digital volviera a girar en torno a ellos, no desde el escándalo, sino desde algo más frágil y a la vez más contundente: el afecto en la distancia. Todo empieza con una imagen simple, casi doméstica. La cámara desde arriba, las sábanas blancas, dos cuerpos recostados que parecen suspendidos en un instante ajeno al ruido exterior. Sobre esa escena, la frase de él irrumpe como una certeza: Te extraño, pero me encanta verte brillar... Te amo. No hay rodeos ni artificios. Es una declaración que funciona en dos planos: el íntimo, dirigido a ella; y el público, inevitable en figuras que viven bajo la mirada constante. PUBLICIDAD La distancia esa palabra que suele tensar cualquier vínculo se vuelve aquí el hilo que ordena el relato. Mientras Wanda permanece en Uruguay por compromisos laborales, Martín continúa en la Argentina. Y en ese ir y venir de geografías, lo que podría ser ausencia se transforma en presencia sostenida a través de gestos. No hay intento de ocultarlo: por el contrario, la separación se asume, se nombra y se convierte en motor. En tiempos de extremos parejas que se llaman al silencio absoluto o que exponen cada detalle, ellos ensayan un equilibrio poco frecuente. Muestran lo suficiente. Dicen lo necesario. Y dejan que el resto lo complete quien mira. PUBLICIDAD La segunda escena llega desde la mirada de la empresaria y conductora. Una habitación cálida, el respaldo tapizado, la cama convertida en escenario de un gesto que excede lo material: un oso de peluche de gran tamaño, flores frescas y bolsas de regalo que completan la imagen. Allí, el mensaje se vuelve declaración de principios: Soy muy antigua en el amor. Mi amor, gracias por cuidarnos a todos. Y cuidarme a la distancia con todo lo que amo. El oso, en apariencia un muñeco de compañía, adquiere otro peso cuando se lee la tarjeta. Escrita de puño y letra por el propio Martín, suma ternura y un dejo de humor que humaniza la escena: Este oso te abraza por mí mientras estamos lejos, así no me extrañas tanto, aunque yo a vos sí. El objeto deja de ser un simple regalo para convertirse en sustituto del abrazo, en el símbolo físico de una presencia que insiste pese a los kilómetros. PUBLICIDAD En ese detalle está la clave. Los regalos las flores, el peluche, los pequeños obsequios no buscan impresionar, sino que vas más allña, intentan acompañar. Son gestos que hablan de cuidado, de atención, de una forma de decir estoy incluso cuando justamente no se puede estar. También hay una decisión en cómo se cuenta. El lenguaje que eligen directo, sin estridencias parece más pensado para el otro que para el público, aunque inevitablemente lo incluya. Verte brillar, te amo: frases simples que, en ese contexto, adquieren densidad. No hay comunicado ni estrategia evidente, pero sí una construcción: la de una relación que se muestra firme, cómplice, sostenida en lo cotidiano. PUBLICIDAD Así, entre Uruguay y Argentina, la historia se escribe en fragmentos: una foto, un mensaje, un regalo sobre una cama de hotel. La distancia deja de ser obstáculo para convertirse en escenario. Y en ese escenario, lo que queda es una certeza que se repite, casi como un mantra: se puede estar lejos y, aun así, elegir quedarse cerca. PUBLICIDAD PUBLICIDAD

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