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  • Capítulo XXXVII de Relatos que no son cuentos de Historias del crimen en Spotify: una disputa familiar en Rivadavia que terminó con una mujer asesinada por su hermano

    » Tiempo San Juan

    Fecha: 01/05/2026 10:11

    Hubo un tiempo en que los conflictos familiares no siempre quedaban puertas adentro. En zonas rurales, donde el trabajo, la tierra y el agua marcaban el pulso de la vida diaria, las disputas podían escalar con facilidad. Y si a eso se le sumaban viejos rencores, diferencias irreconciliables y heridas que nunca cerraron, el desenlace podía ser trágico. Así ocurrió con la familia Pastor. De un lado estaban Segundino Pastor, de 30 años, y su madre. Del otro, Rosario Pastor de Martínez, de 35, junto a su esposo. Ambos vivían en fincas colindantes sobre calle Hipólito Yrigoyen, en Rivadavia, separados apenas por un alambrado que no alcanzaba para contener el conflicto que los enfrentaba desde hacía años. La disputa por la herencia de su padre había dejado marcas profundas. Aunque con el tiempo esa cuestión parecía saldada, el vínculo nunca se recompuso. Los cruces eran frecuentes y cualquier motivo servía para reavivar la tensión. El mediodía del lunes 2 de diciembre de 1968 no fue la excepción. Todo comenzó por el turno de regadío en los viñedos. Rosario, junto a su esposo, decidió cortar el agua que iba hacia la finca de su hermano y redirigirla hacia la suya. La intervención del celador del Departamento de Hidráulica, Carlos Aballay, lejos de calmar los ánimos, encendió aún más la discusión. Rosario lo acusó de favorecer a su hermano, de recibir dinero a cambio de darle más tiempo de riego. En medio de ese clima tenso apareció Segundino. Hubo reproches, gritos y un primer cruce que pareció terminar cuando él volvió a abrir el paso de agua hacia su propiedad y se retiró. Pero la situación no quedó ahí. Minutos después, Rosario volvió a cerrar la compuerta con ayuda de vecinos y desvió nuevamente el agua. El gesto fue interpretado como una provocación directa. Segundino regresó furioso. Los insultos comenzaron a volar de un lado a otro. La madre de ambos intentó intervenir, pero lejos de calmar la situación, se convirtió también en blanco de las agresiones verbales. Rosario la increpó con dureza, en medio de un estado de exaltación que fue creciendo con cada palabra. Fue entonces cuando todo se desbordó. Segundino cruzó el alambrado. Sacó un revólver que llevaba en la cintura y, sin dudar, avanzó hacia su hermana. Rosario intentó escapar, pero no tuvo tiempo. Se escucharon dos disparos casi consecutivos. Las balas impactaron en su espalda. Cayó entre los parrales. Murió en el acto. El silencio posterior fue tan abrupto como la violencia. Los presentes corrieron a resguardarse. Otros vecinos, alertados por los gritos, se acercaron e intentaron auxiliar a la mujer, pero ya no había nada que hacer. La escena era tan brutal como incomprensible. Un crimen entre hermanos, a plena luz del día, en medio de una finca. Cuando llegó la Policía, encontró el cuerpo de Rosario tendido en el suelo y a los vecinos conmocionados. Nadie podía creer lo que había ocurrido. El propio autor del hecho estaba a pocos metros, en la propiedad contigua. Segundino no huyó. Se quedó en el lugar, dentro de su auto. Algunos intentaron enfrentarlo, pero los mantuvo a distancia exhibiendo el arma. Finalmente, los efectivos lograron reducirlo y trasladarlo a la comisaría. Allí declaró que no sabía lo que había hecho, que la situación lo había sobrepasado y que su hermana lo tenía harto. El caso generó un fuerte debate en la época. Lo que hoy podría ser analizado bajo otras perspectivas, en aquel entonces fue encuadrado como un homicidio en estado de emoción violenta. Segundino sostuvo que actuó impulsado por la reacción ante los insultos hacia su madre. Algunos testigos respaldaron esa versión. Otros, en cambio, señalaron que Rosario era víctima de hostigamientos previos. La Justicia terminó inclinándose por la primera interpretación. En 1970, Segundino Pastor fue condenado a 5 años de prisión. El juez consideró que había actuado bajo una alteración emocional intensa. La pena fue ratificada un año después por la Cámara en lo Penal, pese a los planteos de la fiscalía y la querella que buscaban una condena mayor. El fallo dejó en evidencia los criterios de una época. Argumentos que hoy resultarían controvertidos fueron clave para sostener la calificación de emoción violenta y evitar una pena más severa. Con el paso del tiempo, el caso quedó marcado como una de las historias más estremecedoras de la crónica policial sanjuanina. No solo por la brutalidad del hecho, sino por el vínculo entre víctima y victimario. Hoy, el paisaje en esa zona de Rivadavia es otro. Pero la historia de los hermanos Pastor sigue siendo un recordatorio de cómo los conflictos no resueltos, cuando se alimentan durante años, pueden terminar de la peor manera. Esta producción es una incursión de Tiempo de San Juan en esta plataforma. Cada semana se emitirá un nuevo capítulo. El contenido está a cargo de Walter Vilca, Agostina Montaño y Lucas Colella.

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