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Victoria » Radio LT39
Fecha: 01/05/2026 09:15
Cada 13 de mayo, la ciudad de Victoria celebra su hito fundacional: la primera misa celebrada en el año 1810 por el cura Antolín Gil Obligado, impulsó la formación del poblado La Matanza, luego Victoria. En este marco conmemorativo, el periodista Ricardo Cruz dialogó con la historiadora Ana Balbi para profundizar en los detalles de aquella época fundacional, la emblemática obra pictórica de Celina Ferro y la figura insoslayable de Salvador Joaquín de Ezpeleta. A continuación, presentamos los pasajes más destacados de la entrevista.
Ricardo Cruz (RC): Tenemos casi grabada a fuego la obra de la artista local Celina Ferro que retrata el Oratorio. Ubiquémonos un poco, ¿por qué se hizo esta pintura y qué representa exactamente?
Ana Balbi (AB): Esa obra nos representa y nos permite imaginarnos visualmente aquel pasado. Es una pintura que recrea el día de la bendición del Oratorio de La Matanza desde la perspectiva plástica de Celina Ferro. La obra se hizo en 1954, cuando ganó un certamen en el marco de “La Semana de Victoria”, un evento impulsado por las fuerzas civiles y religiosas para celebrar y mirar hacia atrás, recordando tanto la bendición del oratorio como el cambio de nombre de la ciudad. Aunque en la pintura aparece un edificio al fondo que corresponde a mediados del siglo XIX, su valor radica en que nos ayuda a recrear cómo se vestían y qué hacían las personas de aquel entonces.
RC: Haciendo mención al cambio de nombre, de “La Matanza” a “Victoria”. ¿Por qué se dio ese cambio?
AB: Es una pregunta muy frecuente a la que siempre respondo que son hipótesis, ya que no hay fuentes que den cuenta de los motivos profundos de ese cambio. Según autores como Anadón y Murature de Badaracco, existe la teoría de que se buscó dejar atrás un nombre luctuoso, vinculado a la matanza de pueblos originarios, para reemplazarlo por uno con una connotación feliz como el de Victoria. Siguen siendo respuestas posibles que nos deja la historia para investigar. (Nota de redacción: Históricamente, el cambio oficial de denominación fue concretado en el año 1829 por el Gobernador Juan León Sola).
RC: Si hacemos el ejercicio de viajar a esa “Matanza” de 1810, ¿con qué tipo de comunidad nos encontraríamos?
AB: Era una comunidad netamente rural donde las personas vivían muy dispersas en los campos, dedicadas principalmente a la actividad ganadera. Recién tiempo después comenzó a gestarse una reunión de pobladores a orillas del arroyo La Matanza (hoy Riacho Victoria) para desarrollar actividades comerciales y fluviales. Esa dedicación pecuaria fue vital: la limosna que se juntó para construir el oratorio consistió mayoritariamente en ganado vacuno, tal como quedó registrado en un cuadernillo de la época.
RC: En esa sociedad asimétrica, ¿existía la presencia de pueblos originarios y de esclavos?
AB: Totalmente. En las actas de bautismo, matrimonio y defunción del oratorio se menciona la presencia de naciones aborígenes como guaraníes y guaycurúes. Ellos provenían de lo que hoy es Misiones y el norte de Santa Fe, y muchos llegaron huyendo de la inestabilidad y la guerra generadas tras el abandono forzado de las misiones jesuíticas. No encontré mención a chanaes o charrúas en esos documentos. Por otra parte, había personas de ascendencia africana sometidas al régimen de la esclavitud, así como mulatos y pardos libres. La iglesia funcionaba como un registro civil y en sus actas quedaba estrictamente asentada la condición social de las personas: si eran libres, esclavos, mulatos, etc..
RC: Hay un personaje irreemplazable en la historia de Victoria: Salvador Joaquín de Ezpeleta. ¿Qué lo movilizaba a comprometerse tanto con la fundación?
AB: Ezpeleta fue un inmigrante de origen vasco que, junto a su hermano y otros colaboradores incluyendo a muchas mujeres, encabezó el proyecto colectivo de tener un oratorio. En la época de la colonia española, lo religioso, lo civil y lo público estaban íntimamente mezclados. Yo creo que, además de ser personas de fe, Ezpeleta vio la construcción del oratorio como una base fundamental para pedir luego la fundación del pueblo, algo muy propio de las tradiciones hispanoamericanas. Fue tan grande su involucramiento que llegó a comprometerse económicamente y fue el garante de todos los vecinos.
Adelanto
La historiadora se encuentra investigando sobre la Historia de la Abadía del Niño Dios.

