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  • El inesperado negocio de Luciano Pereyra con un futbolista: Exige mucho

    » TN

    Fecha: 01/05/2026 05:41

    El cantante Luciano Pereyra abrió un nuevo capítulo en su carrera, esta vez lejos de los escenarios. Se trata de Re-Cordis, una bodega nacida en Gualtallary, en el corazón del Valle de Uco, que comparte junto a dos amigos, el empresario Javier Abrego y el futbolista Iván Pillud. Más que un emprendimiento productivo, el proyecto aparece como una apuesta emocional y colectiva que busca trascender el tiempo y construir memoria en forma de vino. No es solo hacer vino, es compartir un proceso creativo con gente que uno quiere Re-Cordis nació desde un impulso íntimo antes que empresarial, desde el corazón familiar, de esa familia elegida que son los amigos. Según explicaron sus creadores, la iniciativa surgió como una forma de construir algo que trascienda el tiempo, con la misma vocación de permanencia que los lazos de sangre. El proyecto reúne a tres matrimonios que decidieron transformar años de encuentros y viajes compartidos en una bodega con identidad propia. En ese marco, Pereyra destacó el valor del vínculo humano detrás de cada decisión: No es solo hacer vino, es compartir un proceso creativo con gente que uno quiere, y eso se siente en el resultado final. Leé también: Lo llaman el mago de los chacinados y desarrolló su propia raza de cerdos para lograr el fiambre perfecto Mientras que para Pillud ,se trata de una forma de construir algo auténtico, donde cada decisión tiene una carga emocional real, reconectar con lo esencial. El nombre de la bodega sintetiza esa intención: inspirada en las palabras de Eduardo Galeano en El libro de los abrazos recordar es volver a pasar por el corazón , Re-Cordis propone que cada botella funcione como un puente entre recuerdos, afectos y experiencias compartidas. Trabajar con amigos implica una dinámica distinta La amistad no es un detalle lateral del proyecto: es su punto de partida. La construcción colectiva aparece como uno de los rasgos más distintivos de la bodega. Trabajar con amigos implica una dinámica distinta: hay confianza, hay historia compartida y, sobre todo, hay una motivación que excede lo profesional, explicaron Pereyra, Pillud y Abrego. E insisten:Estamos en contacto constante, pero no desde la obligación, sino desde el entusiasmo. El proyecto se convierte en una excusa más para seguir cultivando esa familia elegida. Aunque reconocen que trabajar con amigos tiene sus desafíos, porque exige mucha honestidad y escucha, pero creemos que ahí está justamente su valor. Leé también: Era abogado, fue elegido entre los mejores chefs del mundo y abrió un bistró al lado de la estación Retiro En ese contexto surgieron incluso rituales propios, como las juntadas de escape, unos encuentros mensuales donde el vino funciona como disparador de ideas: Son encuentros largos, casi interminables, donde se mezclan historias, ideas, proyectos y ganas de seguir creando. Según los tres amigos , el vino se disfruta cuando baja el ritmo, cuando hay tiempo y cuando hay alguien con quien compartirlo. Mendoza, de escenario habitual a territorio propio La relación de Luciano Pereyra con Mendoza viene desde hace años, principalmente por su actividad artística y vacaciones. Sin embargo, el proyecto cambió ese vínculo. Durante muchos años, Mendoza fue para nosotros un destino infaltable de vacaciones. Un lugar al que volvíamos una y otra vez por su energía, su paisaje y su cultura, contaron a TN los socios. Pero con el nacimiento de la bodega, ese lazo se transformó: dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un lugar de pertenencia. En el caso del cantante, la provincia también forma parte de su historia musical reciente, con presentaciones y participaciones en eventos emblemáticos como la Fiesta de la Vendimia. Podés pensar en una canción como en un vino El cruce entre música y vino aparece naturalmente en el relato del artista, que encuentra paralelismos entre ambos universos creativos. Podés pensar en una canción como en un vino. Luego todo tiene su tiempo. Los arreglos, las pruebas, los sonidos. Las pausas. Y al final de todo ese proceso uno disfruta de tomar un vino como de escuchar una canción. O ambas en paralelo, afirmó el autor de la balada romántica No te puedo olvidar, en la que canta "recuerdo tu boca, las uvas y el vino. La comparación resume el espíritu del proyecto de Pereyra, Pillud y Abrego: paciencia, sensibilidad y construcción colectiva. Tres Malbec para contar una misma historia El lanzamiento inicial de Re-Cordis está compuesto por tres líneas de Malbec Espejos, Miradas y Parpadeo pensadas como distintas interpretaciones del terroir de Gualtallary. Cada una trabaja con crianzas diferentes (en concreto, 50% y 50% barricas de roble francés y de 12 a 14 meses en barricas) para explorar la identidad del lugar y construir un portfolio con carácter propio. El potencial de guarda va de los 5 a los 20 años para el Parpadeo, para quienes buscan profundidad, madurez y la expresión mas sublime del terroir de Gualtallary. La elección de ese territorio no fue casual: Nos atrajo su potencial para producir vinos con carácter, sostuvieron los tres amigos. Y es que se trata de una de las zonas más expresivas del Valle de Uco, con altura, suelos calcáreos y amplitud térmica que permiten vinos con fuerte impronta de origen. Sentimos que era el lugar indicado para desarrollar vinos con personalidad, que puedan contar una historia propia, completaron. La enología está a cargo de Mariano Genzel, reconocido como Enólogo Revelación 2021 por Tim Atkin y premiado en concursos internacionales como Decanter World Wine Awards y Vinus. Leé también: El Malbec cambia de copa: menos madera, más frescura y nuevas formas de tomar el vino argentino Su rol es clave para traducir la identidad de Gualtallary en cada botella, con una mirada que busca equilibrar innovación y respeto por la naturaleza. Su trabajo apunta a plasmar en cada botella el espíritu de Re-Cordis, aportando sensibilidad técnica y una lectura contemporánea del terroir del Valle de Uco. No se trata solo de hacer vino, sino de crear un legado emocional Más allá del lanzamiento de sus primeras etiquetas, el objetivo del proyecto es construir algo perdurable. No se trata solo de hacer vino, sino de crear un legado emocional, algo que pueda ser compartido, transmitido y reinterpretado con el tiempo, explicaron sus creadores. La idea es ir ampliando el portfolio de forma cuidada, con el lanzamiento de nuevas variedades como Cabernet Franc y Chardonnay, siempre respetando la identidad del proyecto y priorizando la calidad por sobre la cantidad. En ese sentido, Re-Cordis aparece como una nueva faceta en la vida de Luciano Pereyra: una apuesta que combina amistad, territorio, familia y memoria. Un proyecto que lo muestra lejos de la música al menos en apariencia pero profundamente conectado con su manera de crear.

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