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  • YPF y la seducción del relato

    Parana » InfoParana

    Fecha: 30/04/2026 14:31

    Simpático, simple y sin rendición de cuentas, el presidente de YPF habla bien, promete mucho y distrae con hamburguesas mientras el país paga 1.200 millones de dólares por gas que ya tiene

    EL HOMBRE QUE NO SE LA CREE (PERO SIGUE COBRANDO)
    Horacio Marín es simpático. Es llano. Habla sin tecnicismos innecesarios y con esa informalidad que hoy cotiza alto en la política argentina. En la entrevista que brindó hoy, 29 de abril, en el Congreso Económico Argentino, se lo ve cómodo, descontracturado, sin creérsela. Eso, en principio, es una virtud.
    El problema es lo que viene después.
    Cuando el presidente de YPF enumera los objetivos de su gestión, uno escucha metas que suenan bien, proyecciones que impresionan, y una narrativa de transformación que, en el mejor de los casos, es prematura. En el peor, es simplemente fuera de escala. El propio Marín lo sintetiza con su lenguaje de tracción a las cuatro ruedas:

    El objetivo es ubicar el valor de la compañía en cuatro años. Somos un tractor con las cuatro cubiertas. No me pongas una pared porque la rompemos
    Horacio Marín, presidente de YPF

    La imagen es enérgica. El problema es que, entre el tractor y la pared hay gasoductos sin terminar, refinerías que no se amplían (o construyen) y un país que este invierno pagará 1.200 millones de dólares en gas importado(GNL) porque la infraestructura que evitaría exactamente eso, lleva años paralizada.

    Los objetivos de producción que Marín declara, incluyendo superar el millón de barriles diarios y exportar entre los dos proyectos GNL unos 15.000 millones de dólares anuales, son ambiciosos hasta el límite de lo inverosímil dado el estado actual de la infraestructura. Que se dé algo de lo que señala como cierto, ya sería un logro notable.

    Los objetivos que Marín plantea en términos petroleros han sido, sistemáticamente, desproporcionados respecto de los plazos, los recursos y la infraestructura disponible. Que se dé algo de lo que señala como cierto sería ya un logro notable

    YPF COMO BANDERA NACIONAL: UN MITO COSTOSO
    La idea de YPF como empresa emblema, como pilar de la soberanía energética, tiene una historia larga y con razones genuinas. Pero hay una diferencia crucial entre el mito y la realidad operativa, y esa diferencia la pagan los argentinos.
    En off, muchos de los propios operadores de YPF (y casi todos los ex operadores) no hablan de la compañía con el orgullo que los comunicados institucionales sugieren. Hablan de burocracia, de decisiones políticas que interfieren con la lógica técnica, de una cultura corporativa orientada más hacia la imagen que hacia la producción (publicidad como rectora).

    La política de precios de combustibles es, en ese sentido, un caso de estudio. Llevar los valores de los combustibles líquidos al equivalente internacional mientras el ingreso argentino promedio sigue siendo una fracción del de los países de referencia, no es una corrección técnica: es un abuso tarifario disfrazado de racionalidad financiera. Marín lo explica con una franqueza que debería alarmar:

    De 12 de la noche a 6 de la mañana, perdíamos plata. Generamos un sistema, vemos todas las mangueras en real time. Después fuimos con 3% (de descuento)y eso no fue todo. Después fuimos por el 6%. El año pasado el consumo nocturno aumentó 48,1% para YPF y no perdemos plata a ninguna hora de las 24 horas
    Horacio Marín, presidente de YPF

    El llamado micro pricing no fue diseñado para evitar pérdidas estructurales. Fue diseñado para esconder la mano de YPF en los aumentos, trasladando al consumidor los costos de una gestión que no logra equilibrar sus números de otra manera. Una tomada de pelo con PowerPoint incluido.

    Pero hay algo más en ese relato que Marín cuenta con orgullo y que merece detenerse. El experimento es claro: bajaron el precio nocturno 3%, el consumo subió. Lo llevaron al 6%, el consumo siguió subiendo. Resultado: el consumo nocturno creció 48,1%. La conclusión que cualquier observador razonable sacaría de esos datos es obvia: bajar el precio aumenta el consumo. Si eso funciona de noche, ¿por qué no funciona de día? ¿Por qué no se aplica la misma lógica en las horas pico, cuando millones de argentinos cargan el tanque?
    La respuesta que se desprende de las propias palabras de Marín es que el objetivo nunca fue beneficiar al consumidor. Fue encontrar el precio exacto al que YPF deja de perder plata. El consumidor que carga de noche ganó algo. El que carga de día sigue pagando el precio que YPF necesita para su rentabilidad.
    Lo más llamativo es que nunca probaron extender ese mismo experimento a todos los horarios. No hace falta ser economista para preguntarse qué pasaría? probablemente lo mismo que de noche, más consumo, más volumen, más argentinos llegando a destino. Pero esa pregunta Marín no se la hace. O si se la hace, la respuesta no le cierra. Y eso dice todo sobre cuál es el verdadero norte de la compañía.

    Si bajar el precio aumenta el consumo, la pregunta que Marín nunca se hace es la más importante: ¿por qué no bajarlo para todos, todo el día? La respuesta está en sus propias palabras: porque el objetivo no es el consumidor. Es la rentabilidad de YPF

    EL 63% NO ES SUFICIENTE: LA TENTACIÓN MONOPÓLICA
    YPF controla hoy el 63% del mercado de combustibles líquidos en Argentina. Es una posición dominante que en cualquier economía con regulación antimonopólica seria generaría, cuanto menos, escrutinio permanente. Pero Marín no parece inquieto por ese dato. Al contrario, su estrategia apunta a que ese porcentaje crezca.

    La lógica del ecosistema YPF (la app, los puntos, los descuentos escalonados, el McDonalds, la cuenta remunerada, las acciones) no es una propuesta de valor al consumidor. Es un sistema de captura. Se construye para que el conductor que hoy carga en YPF por precio o por hábito, mañana lo haga porque tiene puntos acumulados, porque ahí está el banco donde depositó sus ahorros, porque ahí compró acciones, porque ahí le dan el café y la hamburguesa que ya conoce. Un ecosistema diseñado para que cambiar de estación tenga un costo real.

    Una empresa con el 63% del mercado que además construye mecanismos para que sus clientes no puedan irse NO está compitiendo. Está CERCANDO. La diferencia entre liderar un mercado y monopolizarlo es exactamente esa

    El problema no es solo económico. Es político. YPF es una empresa estatal. Su accionista mayoritario es el Estado argentino. Que una empresa pública use su posición dominante para expulsar competencia del mercado y concentrar aún más poder de fijación de precios, no es una estrategia empresarial exitosa: es una distorsión del rol que esa empresa debería cumplir.

    Un mercado de combustibles sano necesita competencia real. La necesita especialmente en un país donde los precios ya alcanzaron niveles internacionales sobre salarios que no lo son. Cada punto porcentual adicional que YPF captura del mercado es un punto menos de presión competitiva sobre sus precios. Y eso lo paga, una vez más, el que carga el tanque.

    EL GRAN DIRECTOR DE MERCADO Y SUS DECISIONES INEXPLICABLES
    YPF es el principal actor del mercado de combustibles líquidos en Argentina. Con ese rol viene una responsabilidad que la compañía parece haber olvidado, o elegido ignorar.

    El modelo de estación de servicio que YPF empuja en Argentina no existe en ningún otro lugar del mundo con esa escala de exigencia. Inversiones fastuosas, tecnología de última generación, espacios comerciales, imagen corporativa impecable. Todo eso tiene un costo que recae sobre el empresario de la estación, y ese costo hace que las estaciones en zonas pequeñas, alejadas, pobres, simplemente dejen de ser viables.
    Marín lo admite indirectamente cuando anuncia su concepto de estación Low Cost para pueblos chicos:

    Hay muchos pueblitos del litoral de Argentina donde no te da para tener cosas. Ahí decimos: no es experiencia, es rapidez. Va a haber mucho autoservicio y muchos servicios automáticos, cosas que no tengan costos
    Horacio Marín, presidente de YPF

    Traducción: el modelo de estación premium de YPF es incompatible con la Argentina REAL. La empresa lo sabe y lo reconoce. Pero en lugar de revisar la política que generó ese problema, crea una categoría de segunda para los que no alcanzaron el estándar. Las zonas alejadas, donde YPF históricamente sostuvo la oferta porque era la única que llegaba, quedan relegadas a un servicio menor o directamente sin servicio.

    Las estaciones de servicio de diseño no son una política de abastecimiento: son una política de imagen. Y la imagen, en los lugares donde la gente no tiene otra opción, no alimenta el tanque

    LOS PUEBLOS DONDE SE DUERME LA SIESTA TAMBIÉN SON ARGENTINA
    Hay una Argentina que no aparece en las presentaciones de Marín. No tiene aeropuerto ni autopista. No tiene McDonalds ni estación de servicio con lounge y wifi. Es la Argentina de los pueblos chicos, de las rutas provinciales, de los productores agropecuarios que necesitan gasoil para la cosecha, del camionero que hace 400 kilómetros entre una parada y la siguiente, del médico rural que atiende a 50 kilómetros del hospital más cercano.
    En esos pueblos, la estación de servicio no es un punto de experiencia de usuario. Es infraestructura crítica. Es lo que permite que la gente llegue al trabajo, que los alimentos se transporten, que las ambulancias funcionen. Y en esos pueblos, el modelo YPF de los últimos años (estaciones costosas, exigencias de inversión que no cierran en mercados chicos, fidelización por app en zonas sin buena conectividad) fue lisa y llanamente un abandono.

    Los pueblos donde se duerme la siesta también son Argentina. Y también merecen que YPF recuerde para qué existe

    El concepto Low Cost que Marín anuncia como novedad no es una innovación: es el reconocimiento tardío de un error. YPF aplicó durante años un estándar de estación pensado para las avenidas de Buenos Aires en lugares donde ese estándar era inviable. El resultado fue la desaparición de estaciones en cientos de localidades que no pudieron afrontar las inversiones requeridas y no encontraron otro operador dispuesto a reemplazarlas.

    Una empresa con vocación de servicio público (y YPF, guste o no, tiene esa vocación inscripta en su historia y en su accionariado) no puede diseñar su red pensando solo en los corredores rentables. La rentabilidad de los tramos urbanos debería subsidiar la presencia en los lugares donde el mercado no llega solo. Eso no es ideología: es la razón por la que existe una empresa estatal en el sector.

    LA APP, LOS PUNTOS, Y EL BANCO SIN REGULACIÓN
    En ningún lugar del mundo se le pide al ciudadano que descargue una app, acumule puntos, canjee beneficios y gestione su identidad de consumidor para poder cargar nafta. No porque el mundo sea tecnológicamente atrasado. Sino porque cargar combustible es una necesidad básica, no una experiencia de fidelización gamificada.
    Pero el propio Marín revela, sin pudor, cuál es la verdadera lógica detrás de todo esto:

    vamos a ganar más plata que con los pozos. Queremos dar muchos servicios a la gente. Con la aplicación, ustedes tienen que sentir que los estamos ayudando
    Horacio Marín, presidente de YPF

    El presidente de YPF declara que los servicios digitales generan más rentabilidad que perforar pozos. Es una confesión extraordinaria: el mandato real de la empresa, extraer y procesar hidrocarburos para abastecer al país, quedó relegado detrás del negocio de cobrar comisiones digitales.
    Y luego llegó el paso que convierte el absurdo en escándalo. La posibilidad de depositar dinero en la app a cambio de un interés y la posibilidad de comprar acciones de YPF a través de la misma plataforma. Marín lo anuncia con entusiasmo:

    La gente va a poder comprar con la aplicación acciones. La señora que lleva combustible va a poder comprar acciones. Seguro que la asamblea va a aprobar estas acciones
    Horacio Marín, presidente de YPF

    YPF como banco. Un banco sin regulación del Banco Central. Un banco que también vende acciones propias en la misma plataforma donde regala pelotas de fútbol. La pregunta no es si esto es legal. La pregunta es si alguien en la cúpula de YPF entendió alguna vez cuál es el negocio de una empresa petrolera estatal.

    El presidente de YPF dice que los servicios digitales son más rentables que los pozos. Es la definición exacta de una empresa que perdió el rumbo

    MÁS DESTILERÍAS Y MENOS HAMBURGUESAS
    Lo que la Argentina necesita de YPF no es un ecosistema digital de fidelización. No es una app bancaria no regulada. No son estaciones de diseño que compitan con los aeropuertos de Singapur en experiencia de usuario. Y definitivamente no es esto:

    Va a haber Full McDonalds adentro de YPF. Y todo los que tienen chicos supongo que les van a romper las bolas. Queremos esto en provincias donde no hay McDonalds. También estamos grstionando para mejorar la calidad de la hamburguesa que va a ser la marca carne
    Horacio Marín, presidente de YPF

    No es una caricatura. No es una cita sacada de contexto. Es el presidente de la principal empresa energética argentina describiendo, en una entrevista pública, su visión estratégica para el negocio.
    Lo que la Argentina necesita es una empresa que garantice el abastecimiento de combustible en todo el territorio, incluidos los rincones que el mercado privado no atiende. Una empresa que invierta en infraestructura real: refinerías, plantas de procesamiento, capacidad de transporte, logística de distribución. Una empresa que recuerde que tiene el 63% del mercado no como un logro a ampliar, sino como una responsabilidad a administrar, con criterio público.

    Una YPF distraída en pavadas ayuda a dejar de lado el rol fundamental de invertir en infraestructura básica. Más destilerías y menos hamburguesas. Esa es la agenda que le corresponde

    El primer artículo que debería perseguir la gestión de cualquier presidente de YPF es tan simple que cabe en una línea: garantizar que cada argentino, viva donde viva, tenga acceso a combustible a un precio que pueda pagar. Todo lo demás es cosmética.

    EL CONTEXTO QUE LA SIMPATÍA NO RESUELVE
    Esta nota no existe en el vacío. Se escribe en el contexto de un país que este invierno pagará alrededor de 1.200 millones de dólares en gas importado (GNL) siendo que la infraestructura para evitar exactamente eso estaba a medio construir y fue paralizada por desidia política y miopía fiscal.

    Se escribe también mientras Australia descubre que cerró sus refinerías porque importar era más barato en la planilla que destilar, y que el bloqueo del Estrecho de Ormuz no pregunta si el modelo económico cierra. Es el manual que Argentina aplica con fidelidad.

    YPF no es la única responsable de ese cuadro. Pero sí es el actor central. Y si el presidente de la compañía ocupa el tiempo de sus entrevistas hablando de apps, hamburguesas, cuentas remuneradas no reguladas y de la señora que mira el baño limpio, algo está profundamente mal en las prioridades de quien conduce la empresa petrolera estatal argentina.

    Esa señora que está ahí, que hace así cuando va al baño y lo ve limpio. Comprá hamburguesas y son ricas
    Horacio Marín, presidente de YPF

    Esa señora también necesita llegar a su trabajo. Necesita que haya una estación de servicio en su pueblo. Necesita que el combustible no le coma el salario. Necesita que YPF recuerde para qué existe. Y si vive en uno de esos pueblos donde se duerme la siesta, necesita saber que también ella es Argentina, y que la empresa del Estado también trabaja para ella.

    El subsuelo de Vaca Muerta desborda en energía. El problema nunca fue geológico. El problema es que quienes deben conectar ese recurso con el país llevan años mirando para otro lado. Con simpatía, eso sí. Con mucha simpatía

    Alejandro Di Palma
    Miembro de IESO
    Abril 2026

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