30/04/2026 11:23
30/04/2026 11:23
30/04/2026 11:23
30/04/2026 11:23
30/04/2026 11:23
30/04/2026 11:23
30/04/2026 11:20
30/04/2026 11:20
30/04/2026 11:19
30/04/2026 11:19
» La Nacion
Fecha: 30/04/2026 09:49
Federico Agardy, accionista fundador de Patagon.com, repasa la historia de una startup argentina que ofreció servicio de fintech aún antes de que existiera la palabra - 13 minutos de lectura' ¡Fue hace dos siglos!, dice Federico Agardy, entre risas. Hoy tiene 57 años, pero cuando todo empezó tenía apenas 28. Estudió Economía, aunque aclara que su formación financiera fue más de curiosidad, olfato y calle que de manual. Yo soñaba con esas películas de Wall Street, recuerda. Su padre era banquero, inversor y dueño de InvestCapital, la casa de Bolsa que él manejaba cuando aparecieron dos estudiantes de San Andrés, Wenceslao Casares y Constancio Larguía, con una idea que parecía imposible: crear una plataforma para invertir por Internet. La palabra fintech no existía e Internet recién empezaba. Sin embargo, en apenas dos años, aquella apuesta se convirtió en Patagon.com, una de las empresas pioneras de América Latina, vendida por más de US$700 millones. Con el tiempo, la historia ganó dimensión. Pero mientras sucedía no había épica ni certezas: solo tres chicos tratando de convencer a un inversor algo que entonces sonaba imposible: ¿quién iba a confiar su dinero a una computadora? El comienzo -Federico, ¿cómo aparece Patagon en tu vida? -Mi viejo, Zsolt Agardy, se dedicó muchos años como capitalista de riesgo a invertir en proyectos así. Nosotros trabajamos con capital propio: la mayoría del capital siempre fue de la familia. Algunos inversores acompañaban, pero era mayormente una suerte de fondo de la familia y amigos, lo que en el mundo inversor llaman friends and family. Eso era Fiduc Inversiones. Mi padre toda la vida fue banquero y después se transformó en capitalista de riesgo. Como él me lleva solamente veinte años, yo mamé todo esto desde los asados familiares hasta las discusiones que tenía con él. Desde chico me metieron el capital de riesgo casi en el chupete. A través de conocidos y amigos, uno de los proyectos que me presentan es el de Wenceslao Cáceres con Constancio Larguía. Ellos me plantean poner plata en un proyecto de fintech, aunque en ese momento la palabra ni existía. Yo manejaba la casa de Bolsa de mi papá, InvestCapital. -¿Cómo fue ese encuentro? -Ellos eran chicos, tendrían 24 o 25 años. Estaban yendo a la Universidad de San Andrés, ni siquiera habían terminado. Yo tenía 28, pero me creía mucho mayor. Recibía un montón de propuestas, pero no puntualmente algo de Internet, porque Internet era completamente novedoso. Era 1997 o 1998, recién arrancaba, yo tenía email nada más. -¿Cómo era el proyecto que te presentan? -Era algo parecido a lo que hoy podrían ser Cocos, Ualá o esas cosas. En Estados Unidos existía una empresa que tenía mucho éxito, E-Trade. Wenceslao ya tenía experiencia: había fundado una empresa proveedora de Internet unos años antes. Él, estudiando en la universidad, ya era emprendedor. -¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te contaban el proyecto? -Lo primero que pensé fue: Mirá qué interesante, podríamos utilizar InvestCapital para armar este negocio. Pero no lo entendía muy bien, así que no le di mucha bolilla. -¿Cómo te lo explicaron? -Me contaron que era un proyecto de Internet, que todo el mundo iba a utilizar la plataforma para hacer sus inversiones, comprar y vender acciones, comprar y vender bonos e invertir su plata a través de la plataforma Patagon.com. -Hoy suena natural, pero en ese momento era pedirle a alguien que confiara su plata a una computadora... ¿Cuál fue tu impresión? -Yo pensaba: Pero este tipo está loco, ¿quién carajo va a querer abrir una cuenta online con una computadora?. No existían los teléfonos como ahora, los celulares eran muy rudimentarios. -Parecía una locura. ¿Qué te hizo pensar acá hay algo? -Siempre fui un tipo arriesgado. Soñaba, tenía visiones, qué sé yo. La verdad, no tengo ni idea. Pero hay que reconocer la tenacidad que tenían Wenceslao y Constancio. Decían: Esto es lo que va a pasar, fijate lo que está pasando en Estados Unidos y en el mundo. Eran soñadores, como todo emprendedor. Después de algunas reuniones, seguía manejando la casa de Bolsa, que era un negocio que para mí era un dolor de cabeza. Mi viejo tenía un montón de empresas e inversiones y me mandó a ocuparme de InvestCapital. Yo era el número uno de InvestCapital. Ahí encontré una sinergia: mezclar el proyecto de ellos con nuestra casa de Bolsa. -¿De dónde viene el nombre Patagon? -Fue un invento de Wenceslao, porque él vivía en la Patagonia. Ellos vinieron con el nombre registrado. Fue una visión y un plan de negocios que creó Wenceslao, apoyado por Larguía. ¿Cuánta plata me vas a hacer perder? -Entonces, los tres juntos fueron a convencer a tu padre. ¿Cómo fue eso? -A fines 1997 o principios de 1998, fuimos los tres a verlo a una oficina que tenía mi viejo en Ángel Estrada, la empresa de los cuadernos Rivadavia. El edificio hoy es un museo en San Telmo. Era la casa de la familia Estrada y ahí había vivido el Virrey Liniers. Todo muy señorial, muy impresionante. Y ahí, en ese comedor enorme, le presentamos Patagon. -La escena es fantástica: ustedes tres, en un comedor histórico, donde se debatió la política colonial, tratando de convencer a tu padre de que arriesgue su dinero en un proyecto de Internet. ¿Cuál fue su reacción? -Fuimos a convencerlo y mi padre se mató de la risa. Miró a todos sus asesores, en ese momento, uno era un socio de (la consultora) Pistrelli Diaz, también había controllers y gerentes. Nosotros le presentamos los gráficos, el PowerPoint, todo... Y en un momento me miró y me dijo: Pendejo, ¿cuánta plata me vas a hacer perder con esto?. -¿Cuánta plata pedían para arrancar? -Para comprar servidores, contratar gente, pagar sueldos de programadores, diseñadores web... básicamente lo que necesitábamos para arrancar. Era poco... Al final terminamos invirtiendo un millón de dólares. Ese fue el capital semilla para iniciar Patagon. Y sí, lo convencimos. Años después, dice Agardy, que Wenceslao Casares seguiría respetando mucho a Zsolt: Fue el que permitió que Patagon existiese. El choque cultural -¿Qué pasó después, cuando tuvieron el ok de tu padre? -Cuando le comuniqué a la gente que trabajaba conmigo en la casa de Bolsa que nos íbamos a meter en esto, fue fuerte. Por InvestCapital pasaron nombres emblemáticos como Mike Boggiano, Carlos Maslatón y muchos otros. Éramos todos pendejos. Todo el equipo de InvestCapital se puso a las órdenes de Wenceslao. La gente que trabajaba conmigo me miraba como diciendo: Este tipo lunático va a venir a hacer esto. Fue un shock cultural bastante importante. -¿Cómo se vivía ese cambio puertas adentro? -Wenceslao y Constancio nos dijeron: Cuelguen los trajes, no hay más trajes, no hay más corbatas. Ahora somos una empresa de tecnología, una empresa de Internet. ¡A la mierda con los trajes! [risas]. Arrancamos en el microcentro y después nos mudamos porque el alquiler era carísimo y no necesitábamos una oficina tan grande, que además compartíamos oficina con Southern Winds, la empresa aérea de Juan Maggio de quien yo era muy amigo en los inicios de la compañía. Recuerdo que el nombre Southern Winds se eligió en un asado con amigos. Compartíamos la oficina, pero ellos crecieron enseguida y se fueron a Córdoba y nosotros nos mudamos a un edificio en Perú y Belgrano, en Montserrat, un edificio viejísimo. Ahí estuvimos hasta que nos compraron. -¿Cuántos eran al principio? -Alrededor de 25 chicos. El más grande tendría 45 o 50 años: algún tesorero, algún auditor. Pero éramos todos muy jóvenes. El crecimiento -Después de ese primer millón, ¿cuándo apareció la primera señal de que Patagon podía convertirse en algo mucho más grande? -Fue rapidísimo. Al poco tiempo de que nosotros pusimos el capital semilla, como teníamos vinculación con Endeavor, aparece una oportunidad. Yo había estado en los inicios de Endeavor, ayudé a María Eugenia Estenssoro, que era la country manager en ese momento. Fue a través de Endeavor que, unos meses después de haber arrancado, nos armaron una reunión con Chase Capital, el fondo de inversión que manejaba Susan Segal, que actualmente es presidenta y CEO de Americas Society y del Council of the Americas. Ella manejaba el fondo de capital de riesgo de Chase. Después de varios intentos fallidos y varias reuniones, se interesó mucho en el proyecto de Wenceslao y aportaron entre cuatro y ocho millones de dólares en una primera ronda. Eso fue a los pocos meses de haber arrancado, a principios del 99, más o menos un año después de que nosotros habíamos puesto el millón de dólares. -¿Sentían que estaban construyendo una empresa o todo era algo más vertiginoso? -Era la adrenalina de un proyecto nuevo. Wenceslao derramaba entusiasmo y visión. Era un soñador. Yo era bastante más escéptico, más de preguntarme: ¿A dónde vamos con esto?. La idea era crecer: en público, en gente que abría cuentas, en gente que entraba a los chats y foros de discusión para hablar de mercados. Ahí Maslatón tenía un rol muy importante: manejaba la comunidad de inversores en esos foros, como decir el Facebook de Patagon. Lo más importante era que mucha gente fuera al portal financiero de Patagon. La visibilidad eran fundamental. -Antes de llegar a vos, ¿Wenceslao y Constancio ya habían golpeado otras puertas? -Sí, ya habían pasado por varios otros. -Los que dijeron que no se habrán querido matar después -Me imagino que sí. Pero también hay que animarse... Hay un poco de lotería en todo esto. Después de ese éxito, antes de vender Patagon, yo ya aposté a varios portales y la gran mayoría fueron un fracaso total, una pérdida de plata. Parecía fácil, que Internet iba a ser el rey Midas, pero no era tan así. Ojo, también invertí en los inicios de Globant y en otro proyecto que se llamaba Technisys, una fintech que desarrollaba tecnología para online banking y que después se vendió. Pero por cada una que sale bien, hay muchas que fracasan. -¿Cuál dirías que fue tu papel en esa primera etapa: inversor, socio financiero, puente con el mercado, respaldo institucional? -Mi rol fue de accionista fundador, con acciones sin derechos de anti-dilución, y mi padre fue ángel inversor. También aportamos InvestCapital, el equipo, la estructura y el vínculo con el mercado. Santander y la venta -En un momento aparece Santander con una oferta para comprar la empresa. ¿Cómo tomaron esa decisión? ¿Estaban decididos a vender o hubo dudas? -No, no. No estaba nada decidido vender. Hubo otras rondas donde muchos inversores aportaron dinero. A finales del 99 se capitalizó la empresa en unos 50 millones de dólares. Habíamos abierto una oficina en Chile y estábamos expandiéndonos. El modelo era asociarse a una casa de Bolsa o comprar una casa de Bolsa en distintos mercados. También fuimos a México, que fue bastante complicado porque era más difícil entrar. Con esa capitalización, y en plena burbuja, todas las empresas de Internet valían una fortuna. Había una locura... A principios del 2000, en marzo, pleno récord del Nasdaq, Wenceslao le presenta al directorio de Patagon -donde estaba sentado mi padre, Susan Segal y otros inversores- la oferta de Santander. -¿Por qué Santander quería comprar Patagon? -Santander quería entrar al mercado de fintech a pleno con una ficha ganadora. Además, en ese momento Patagon tenía varias ofertas de bancos de inversión para salir a la Bolsa. Santander dijo: Antes de que salgan al público, yo los compro. Ya teníamos presencia en distintos países de Latinoamérica y había muchos inversores importantes que habían puesto dinero. Santander tenía que presentar una oferta muy seria para que todos la consideraran. -Y así fue: ofertaron más de 700 millones de dólares. -En ese momento todos estaban convencidos de que Patagon iba a salir a la Bolsa con un valor de 3.000 o 5.000 millones de dólares. Era una locura. Entonces, cuando vino la oferta por 750 millones, algunos no estaban tan convencidos de vender: ¿Por qué voy a vender algo en 750 si puede valer 3.000?. Pero se votó en el directorio y se decidió vender. Parte de ese dinero fue como bonus para todos los empleados de Patagon. Los accionistas iniciales -yo y mi padre, a través de un fondo que él había creado para que amigos suyos también participaran- vendimos todo. Los fundadores se quedaron con el 25% de las acciones y todos los inversores que habían puesto dinero en los últimos dos años vendieron. Y así se terminó el cuento. Después yo ya perdí rastro y me dediqué a otros proyectos. El después y la burbuja -¿Qué pasó después con Patagon? ¿Por qué no funcionó dentro de Santander? -Los inversores y Santander, imagino, perdieron interés en seguir financiando una empresa que perdía plata todos los años. Cuando la burbuja explota, te quedás sin financiamiento. El Nasdaq tocó su récord en el año 2000. ¿Sabés cuánto tardó en volver al mismo precio? Quince años. Entonces los inversores dicen: Yo puse plata para retirarme, recuperar mi dinero y sacar una ganancia en tres, cuatro, cinco o siete años, pero no en quince. El valor de estas inversiones depende mucho del apetito de riesgo que tenga la comunidad inversora en general. Cuando un proyecto fracasa, muchos inversores se retiran y otros quedan. Es parte del mundo del capital de riesgo. Las inversiones de riesgo, valga la redundancia, son de riesgo. Qué significó -¿Qué es lo que más te da orgullo de aquel tiempo? -Es lindísimo ganar dinero. Lo viví con mucha adrenalina y tenés que bañarte con agua fría para calmarte un poco, porque no te la podés creer. Si no, te pegás un palo demasiado rápido. Pero en el camino, indirectamente, el capital de riesgo y el capital semilla permiten crear riqueza y generar puestos de laburo. Permiten que sueños se hagan realidad para muchos emprendedores. Hay un derrame de ganancia social que si no existiese el capitalismo de riesgo y no existiese una comunidad de inversores ángeles que contagian, muchas cosas no existirían. Yo logré contagiar a un montón de gente que apostó igual que yo a invertir y poner plata en emprendimientos nuevos. En cierta manera, mi padre y yo fuimos catalizadores de una industria que permitió que cosas como MercadoLibre y muchas otras se hicieran realidad. Somos parte de un ecosistema muy lindo. -¿Sentís que, más allá de Patagon, ustedes ayudaron a crear una cultura de inversión en emprendedores que todavía no existía en la Argentina? -Somos uno más, no somos los únicos, pero ayudamos a poner la semillita para que en los años 90 esto se transformara en los años 2000 y después en un montón de unicornios y proyectos exitosos. Por algo me fueron a ver a mí para poner plata al principio de Globant. El legado -¿Qué les dirías hoy a los jóvenes emprendedores? -Cuando me llamaban para hablarles a los jóvenes de cómo ser emprendedor y ser soñador, les decía: Muchachos, estudien, terminen la facultad, rómpanse el lomo, porque lo que leen en los diarios no siempre es color de rosa. Muchas veces te pegás el palo. Mucha gente pierde mucha plata. Las probabilidades de éxito en startups son muy bajas. Por cada una que llega, hay cien que fracasaron. Después de la burbuja todo se desinfló. Yo también bajé los flaps y me tranquilicé bastante. Por algo me fui a invertir en campos, en ganadería y terminé armando un frigorífico. Uno también se cansa de esta locura de poner dinero en startups.
Ver noticia original