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  • Alberdi, Sarmiento, la OEA y los bárbaros

    » Clarin

    Fecha: 30/04/2026 09:24

    Cumplido el primer cuarto del siglo XXI, el neologismo Donroe, que rebautiza la Doctrina Monroe de 1823, recoge e intenta actualizar aquello de América para los americanos, para sostener la hegemonía estadounidense sobre el hemisferio, que no oculta bajo pretexto de la seguridad nacional, un intervencionismo que asegure el dominio geopolítico y económico desde Groenlandia a Tierra del Fuego. La pretérita ambición de convertirse en regente del Nuevo Mundo no es, por tanto, ninguna novedad. Lo que sí lo es, es el alineamiento del gobierno nacional con el poder hegemónico festejando el retorno de unas hipotéticas relaciones carnales. ¿A título de qué se reitera una conducta genuflexa ante el gran imperio? ¿Se la intentará justificar como de sano cuño liberal? A fin de evitar el ya clásico tráfico abusivo de autores me permito citar a los dos principales pensadores políticos del siglo XIX, padres de nuestra constitucionalidad y verdaderos arquitectos de esa Argentina añorada como tierra de bienestar y esperanza: Alberdi y Sarmiento. El tucumano, nacido en 1810, señaló extensamente su oposición a la Doctrina Monroe en múltiples escritos: Los Estados Unidos dijo, no necesitan ejércitos ni campañas para tomar posesión indirecta y convertir en sus satélites a las repúblicas latinas de Sudamérica. Les bastan dos armas de conquista, a saber: 1° La federación; 2° La doctrina de Monroe que es bárbara: es el sistema co lonial restablecido en provecho de los Estados Unidos. Conceptualiza con tono tajante: Solo por una credulidad imbécil puede la América antes española, aceptar como favorable a ella, la doctrina de Mon roe, que profesan los Estados Unidos. Y desafía: Estamos por Monroe, con tal que su Vicario, el presidente de Estados Unidos, saque la es pada por nosotros cuando un poder europeo intente conquistarnos. ¿Lo hace así?. Rubrica: Todo protectorado es humillante, porque es la negación de los medios de ser independiente, de que deriva. Es sabido que el abogado polemizó fuerte con el maestro sanjuanino apenas menor que él. Véase, sin embargo, cómo la cuestión Malvinas los uniforma. Alberdi detalla: (Durante la independencia) los yankees no nos dieron una espada. Lejos de eso: ellos nos quitaron las Islas Malvinas y las entregaron a los ingleses. ¿Por qué? Porque no están en las Antillas, únicas islas favorecidas por la doctrina de Monroe. Por su lado, Sarmiento subrayó: Los ultrajes hechos a la soberanía de la República Argentina por un cónsul y un comandante de buque de los Estados Unidos, cohonestados por un ministro de esta nación, y la negativa final de éste a discutir el asunto y ofrecer reparación del agravio con indemnización de los daños, es el primer hecho de los que a su ejemplo repitieron más tarde las naciones europeas con las nacientes repúblicas, atropellándolas con la fuerza y enajenándoles justicia. Pero no sería éste el cargo más grave que habría que hacer a la diplomacia norteamericana, y por el que debiera dar una reparación su gobierno, sino el de la pérdida de las islas Malvinas, poseídas en justo título por España durante cuarenta años, y por la República Argentina durante veinte; puesto que fueron fuerzas norteamericanas las que las despoblaron, y las doctrinas del Ministro Baylles las que indujeron a Inglaterra a apoderarse de ellas. Se cumplen hoy 78 años de la fundación de la OEA, nacida en medio de los disturbios del Bogotazo; tiempos en que Donald Trump era un bebé que aprendía apenas a caminar. Dentro de dos días, además, se cumple un nuevo aniversario del criminal (y también bárbaro) ataque al Crucero General Belgrano, aviesamente hundido por un submarino nuclear británico, fuera de la zona de exclusión que la propia Inglaterra había determinado, que causó la muerte de 323 compatriotas. Los argentinos no necesitamos de mucha literatura para comprender la cercanía que hay entre esos dos sucesos: cuando fuimos agredidos el principal país del continente cerró filas con nuestros enemigos, desacatando las resoluciones de la propia OEA y los compromisos del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) firmado en Río de Janeiro en 1947, precisamente, como antecedente militar a la creación de la OEA. De cualquier modo, y evitando anacronismos las citas son incluso previas a la precursora Unión Panamericana fundada el 14 de abril de 1890, sus voces de alerta no resultan ingenuas ni realizadas por hombres sin perspectivas sino indicativas, y dadas por dos embajadores y pensadores que nos honran en América y el mundo. Solo la incongruencia ideológica puede motivar que el mismo pueblo que rinde culto a los héroes de Malvinas y recuerda aquel conflicto como una gesta, vea con buenos ojos el alineamiento unívoco actual y apoye a un confeso admirador de Margaret Thatcher y Trump, quien afirma poder cambiar de opinión en un segundo. Al respecto, nuevamente Alberdi aporta una clave: En la ciencia política, como en toda ciencia, los hechos son los reyes de las teorías y deben gobernarlas. Tal vez este pragmatismo es lo único que lo relaciona con los posicionamientos de los libertarios actuales aunque, quizás casi grotescamente, lo que reúne a estos liderazgos presentes es la común creencia de que llegó la hora de los nuevos mesías y que ellos, que se jactan capaces de eliminar a toda una civilización, los encarnan. Ante doctrinas bárbaras más allá de discursos ultraderechistas o apocalípticos viene al caso recordar, una vez más con Sarmiento, que las ideas no se matan. Sobre la firma Newsletter Clarín

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