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» La Nacion
Fecha: 29/04/2026 16:18
En la reacción contra la tecnología en las escuelas, los padres están logrando retrocesos NUEVA YORK.- Los padres de Los Ángeles dicen estar hartos de que las escuelas saturen a los estudiantes con computadoras portátiles y tabletas, y de que asignen tareas escolares a través de una gran cantidad de aplicaciones. Algunas familias, que habían decidido no dar pantallas a sus hijos en casa, contaron ante los miembros de la junta escolar que se sintieron horrorizadas al descubrir que alumnos pequeños utilizaban dispositivos provistos por la escuela, incluso en el jardín de infantes. Algunos padres se quejaron de que sus hijos podían jugar videojuegos o ver videos de redes sociales durante el horario escolar. Otros señalaron que una aplicación de inteligencia artificial, que estudiantes de cuarto grado debían usar para crear retratos de la ficticia colegiala sueca Pippi Calzaslargas, generó imágenes con contenido sexualizado. Ese tipo de preocupaciones llevó el año pasado a un grupo de padres a formar Schools Beyond Screens, una organización creada para presionar por un mayor control tecnológico en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, el segundo sistema de escuelas públicas más grande del país. La semana pasada, la junta escolar de Los Ángeles aprobó una resolución que exige al distrito restringir el acceso de los estudiantes a YouTube, eliminar por completo los dispositivos digitales hasta primer grado y establecer límites al tiempo frente a la pantalla en los cursos superiores, lo que convirtió al distrito en el primer gran sistema escolar de Estados Unidos en avanzar en ese sentido. La exitosa campaña de los padres apunta a un ajuste de cuentas cada vez mayor, a nivel nacional, con la poderosa industria de la tecnología educativa. Impulsados por la rápida expansión de las prohibiciones del uso del teléfono celular en las escuelas, padres, docentes y legisladores de todo Estados Unidos comenzaron a coordinar acciones para garantizar que el uso de tecnología en el ámbito escolar resulte realmente beneficioso para el aprendizaje. En la ciudad de Nueva York, cientos de padres instaron al alcalde a postergar la introducción de chatbots de inteligencia artificial, como ChatGPT, en las escuelas. El mes pasado, el gobernador de Utah firmó una ley que permitirá a los padres ver cuánto tiempo pasó su hijo frente a un dispositivo escolar y revisar qué sitios web visitó. En Oregón, este mes, padres lograron que la junta escolar de BendLa Pine aprobara una resolución que exige una revisión distrital de todos los dispositivos y aplicaciones provistos por la escuela para determinar su eficacia educativa. La medida también obliga al distrito a eliminar aquellas aplicaciones que no demuestren ser efectivas. En Los Ángeles, los padres exhortaron a los miembros de la junta escolar a respaldar las nuevas restricciones tecnológicas. Desde hace más de un año, nuestros miembros vienen reclamando un enfoque seguro y respaldado por la evidencia científica para el uso de tecnología en el aula, señaló Anya Meksin, subdirectora de Schools Beyond Screens. Basta de que las grandes empresas tecnológicas invadan nuestras escuelas públicas. Durante años, gigantes tecnológicos como Google y Apple, junto con empresas dedicadas al software educativo, promovieron activamente sus productos en las escuelas. La industria prometió que los dispositivos y las aplicaciones personalizarían el aprendizaje, mejorarían los resultados académicos y ampliarían las oportunidades laborales. Muchos distritos adoptaron rápidamente esas herramientas, lo que impulsó un mercado multimillonario de tecnología escolar. Sin embargo, algunos investigadores concluyeron que los dispositivos digitales no lograron mejorar los puntajes de las pruebas ni las tasas de graduación y que, incluso, pueden afectar de manera significativa los procesos de aprendizaje. Funcionarios actuales y anteriores de distritos escolares señalan que el creciente movimiento de padres refleja una realidad de larga data: muchas escuelas públicas no cuentan con los recursos necesarios para evaluar adecuadamente la tecnología que incorporan al aula. La carga que implica para los distritos escolares gestionar estos sistemas es enorme, afirmó Hal Friedlander, exdirector de información de las Escuelas Públicas de la ciudad de Nueva York, quien también asesoró a otros distritos en la evaluación de tecnología educativa. Lamentablemente, la mayoría de los distritos son pequeños y no tienen ni los recursos ni la experiencia necesaria. Algunas organizaciones dedicadas a la educación infantil comparten preocupaciones similares. Este año, dos agencias de las Naciones Unidas, UNICEF y la Unesco, difundieron pautas sobre aprendizaje en línea en las que advirtieron que las escuelas públicas habían cedido en gran medida la educación digital a empresas tecnológicas privadas. Las herramientas de aprendizaje en línea introdujeron innovaciones importantes, señalaron las agencias de la ONU, pero también advirtieron que las plataformas digitales podrían tratar a los escolares como consumidores, exponerlos a riesgos para la salud, la seguridad y la privacidad, y poner en riesgo la autonomía de las escuelas. En ese sentido, recomendaron que las necesidades y los fines públicos orienten el aprendizaje digital. Algunas empresas tecnológicas y organizaciones vinculadas a la tecnología educativa sostienen que el uso de computadoras portátiles y aplicaciones escolares puede ayudar a desarrollar habilidades digitales clave. También argumentan que los grupos de padres confunden el uso de redes sociales por parte de los chicos como cuando los estudiantes navegan por videos en streaming durante la clase con herramientas pedagógicas diseñadas específicamente para la educación. Señalan, por ejemplo, que algunas aplicaciones de matemáticas y lectura permiten personalizar las lecciones y seguir el progreso de cada alumno. La tecnología educativa permite a los docentes diferenciar la enseñanza y evaluar la comprensión de los estudiantes en tiempo real, aseguró Keith Krueger, director ejecutivo del Consortium for School Networking, una organización sin fines de lucro que agrupa a responsables de tecnología escolar. Entre los patrocinadores corporativos del grupo figuran Amazon, Google, Lenovo y Microsoft. En entrevistas recientes y reuniones por Zoom, padres de más de una docena de estados manifestaron preocupación por la seguridad, la privacidad y la efectividad de los dispositivos escolares, el software de aula y las aplicaciones de aprendizaje. Algunos señalaron a empresas de software educativo que enfrentaron denuncias por fallas en la seguridad de los datos y por la recopilación de información sensible de los estudiantes. Otros dijeron que sus distritos tienen dificultades para limitar el acceso a videojuegos y plataformas de video en streaming en los dispositivos provistos por la escuela. En el último año, Los Ángeles se convirtió en un epicentro de los esfuerzos encabezados por padres para controlar el uso de tecnología en las escuelas. En una presentación reciente por Zoom dirigida a padres del distrito, Alisha Mernick relató cómo inició una campaña en la escuela primaria de su hijo para permitir que las familias excluyeran a sus hijos de iReady, una aplicación de matemáticas y lectura con características similares a los videojuegos. Mernick, de 40 años, y otros padres expresaron su preocupación por el uso de técnicas propias de los videojuegos como animaciones llamativas y sistemas de recompensas para captar la atención de los chicos. Si a mi hija de cinco años le doy una versión gamificada de una ficha de tareas, eso va a secuestrar el desarrollo de su motivación intrínseca y poner en riesgo su capacidad de aprender, explicó Mernick, docente de educación artística en la Universidad Estatal de California, sede Northridge. En un comunicado, Curriculum Associates, la empresa detrás de iReady, señaló que sus evaluaciones y lecciones en línea ayudan a los docentes a actuar sobre las necesidades de los estudiantes de manera más rápida y precisa. La compañía agregó que las técnicas de participación utilizadas reflejan los sistemas de recompensas del aula. Los padres aseguran que sus preocupaciones se intensificaron tras recientes escándalos vinculados a la tecnología escolar. En 2023, el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles aprobó un contrato por US$6,2 millones con una startup poco conocida de inteligencia artificial para desarrollar un chatbot destinado al uso de estudiantes. Al año siguiente, fiscales federales imputaron al fundador de esa empresa por fraude a inversores. Ese episodio impulsó este año a Schools Beyond Screens a lanzar una petición llamada Saquen a las grandes tecnológicas de los escritorios de los chicos, que reclama una auditoría de los contratos tecnológicos recientes para garantizar que las herramientas digitales sean seguras, legales y efectivas. Más de 1000 personas ya firmaron la iniciativa. Entre los padres preocupados se encuentra Sandra Martínez Roe, de 50 años, autora de libros infantiles, cuyo hijo asiste a una escuela primaria de Los Ángeles. Contó que había decidido no comprarle una tableta ni una computadora portátil para usar en casa. Sin embargo, al comenzar segundo grado, su hijo volvió del colegio con un Chromebook provisto por la escuela para hacer la tarea. Le preocupaba qué tipo de sitios web podía llegar a ver con ese dispositivo y también que algunos programas de aprendizaje en línea parecieran carecer de pruebas sólidas sobre su eficacia educativa. Simplemente lo venden y lo empujan dentro del sistema escolar, afirmó Roe, integrante del equipo de conducción de Schools Beyond Screens. Nuestros hijos son los conejillos de Indias. En un comunicado, el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles señaló que cuenta con procesos exhaustivos para evaluar herramientas tecnológicas y garantizar que todas las plataformas utilizadas con estudiantes cumplan estándares rigurosos de privacidad, ciberseguridad y eficacia educativa. Tras el episodio de Pippi Calzaslargas, el distrito indicó que revisó el uso de la herramienta de inteligencia artificial en las aulas y trabajó con la empresa desarrolladora para reforzar los controles de contenido. En cuanto a iReady, sostuvo que la aplicación ayudó a orientar las decisiones pedagógicas de los docentes y a mejorar el aprendizaje de los estudiantes. Vamos a seguir aplicando y fortaleciendo nuestros procesos de revisión para asegurarnos de que todas las herramientas aprobadas cumplan con los altos estándares que nuestras familias y estudiantes merecen, afirmó el distrito. Ahora, integrantes de la junta escolar de Los Ángeles, como Nick Melvoin, impulsan un mayor control sobre la tecnología en las escuelas. En 2024, defendió una resolución que prohibió el uso de teléfonos celulares durante el horario escolar. Este año, luego de trabajar junto a Schools Beyond Screens, presentó la nueva normativa que limita el uso de tecnología educativa. Además de establecer límites al tiempo frente a la pantalla para cada grado, la política obliga a las escuelas primarias y secundarias a prohibir el uso de dispositivos durante el almuerzo y el recreo. También exige al distrito elaborar un informe sobre todos los contratos tecnológicos vigentes. Lo veo como una recalibración, una política que busca encontrar el equilibrio adecuado para nuestros chicos, señaló Melvoin en una entrevista. Agregó que una mayor supervisión resulta especialmente urgente ahora que muchos productos tecnológicos escolares incorporaron nuevas herramientas de inteligencia artificial. Creo que los padres deberían saber que sus hijos tienen acceso a estas herramientas en la escuela, concluyó.
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