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» TN
Fecha: 28/04/2026 20:37
La frustración es una respuesta emocional que aparece cuando no se puede lograr algo que se quería. Por ejemplo, cuando se trabajan muchas horas y aun así cuesta llegar a fin de mes. Tal vez la imagen que mejor representa la frustración del hombre es la de Sísifo empujando la roca: todos los días de su vida empujando la misma piedra gigante, y cuando parece que por fin alcanzó la cima, la roca vuelve a caer y todo comienza de nuevo. Sísifo es sinónimo de la rutina, de la repetición vacía, del esfuerzo inútil, del trabajo sin sentido, del ciclo sin salida. Esa idea de que pase lo que pase el destino no se puede modificar. ¿Por qué estaba Sísifo condenado a esto? Porque había encadenado a Tánatos, el dios de la muerte. Armó un lío bárbaro: durante un largo tiempo dejó de haber muerte en la Tierra. Por eso, los dioses griegos lo condenaron al peor castigo: levantar una roca durante toda la eternidad. En declaraciones recientes, el presidente Milei reconoció que la sociedad argentina vive un estado de frustración en los últimos seis meses, y admitió que el número de la inflación de marzo 3,4% es horrible, aunque aseguró que va a ser derrotado. Ya partimos de dos admisiones muy valiosas. El presidente es perfectamente consciente de que la sociedad argentina está atravesando un momento de malestar profundo. Por eso, como decimos siempre, la crisis de Adorni molesta más por ese malestar que por el hecho en sí mismo. Este malestar se verifica tanto en los índices de confianza como en los números del consumo. El índice de confianza de la Universidad Di Tella marca una caída del 12,1% en el último mes: es el quinto mes consecutivo de caída para el gobierno. Aun así, el promedio sigue muy por arriba de Alberto Fernández, bastante arriba de Macri y muy por arriba de Cristina Kirchner. Esa misma frustración se ve en el consumo masivo. Según la consultora Scentia, el consumo masivo cayó un 5,1% en marzo de 2026 frente a marzo de 2025. Los supermercados de cadena cayeron un 7,0%; los almacenes y kioscos, un 4,5%; y los mayoristas, un 8,8%. Lo que subió con fuerza fue el e-commerce Mercado Libre, Rappi, Pedidos Ya, Amazon, Temu, con un alza del 34,3% en el mismo período. El gobierno mira atentamente estos números, y por eso Milei habla correctamente de un estado de frustración. Ahora bien, el error que cometió fue victimizarse. En declaraciones recientes, el presidente afirmó que el ajuste lo hice yo y que a quien peor le fue en esta economía, en términos reales, fue a él. Esto es un error discursivo inexplicable, por muchos motivos. Primero, porque nadie le puso un arma en la cabeza a Milei para que fuera presidente: fue una decisión suya. Segundo, porque fue él quien decidió congelarse el sueldo. Y tercero, porque queda muy mal que alguien que gana entre 3 y 4 millones de pesos, con la vida bastante resuelta, se queje o se victimice mientras la gente gana menos de 1 millón. En todo caso, lo que hay que mejorar en Argentina son los salarios de la gente. Un colectivero hoy gana $1.700.000. Un docente de escuela pública, $1.000.000. Un policía, $1.200.000. Un empleado de comercio, $1.100.000. Un enfermero, $1.200.000. Y un jubilado que cobra la mínima con el bono, $450.000. Entonces, no da que el presidente diga que a quien peor le fue en esta economía, en términos reales, fue a él. Es cierto que el presidente argentino tiene el peor salario de América: Yamandú Orsi, de Uruguay, gana US$14.245; Gustavo Petro, de Colombia, US$13.250; José María Balcázar, de Perú, US$9.990; Lula da Silva, de Brasil, US$8.530; José Antonio Kast, de Chile, US$7.322; Daniel Noboa, de Ecuador, US$5.635; Delcy Rodríguez, de Venezuela, US$4.068; Rodrigo Paz, de Bolivia, US$3.608; Santiago Peña, de Paraguay, US$3.556. Y al final de la lista, Javier Milei, de Argentina, con US$3.141. Pero eso no es consuelo. Mal de muchos, consuelo de tontos. Lo que la gente necesita es ganar mejor y, sobre todo, vivir mejor. En las últimas horas se produjo un caos total en el transporte público. Hubo graves problemas para viajar en tren: por un lado, fallas técnicas en el Roca; por otro, servicio limitado por decisión de los maquinistas de La Fraternidad. A eso se sumó una nueva reducción de frecuencia de colectivos en el AMBA por un lockout patronal de algunas empresas. Hay que tener cuidado con esto, porque afecta muy negativamente al humor social. Siempre lo decimos: hay tres cosas que no se le pueden tocar a la gente, porque le desorganizan la rutina. La escuela de los chicos, el tren y el colectivo. Lo interesante es que, mientras la gente viaja como ganado, Omar Maturano líder de La Fraternidad vive como un rey. Según reveló la revista Noticias, entre los bienes de la familia Maturano se cuentan: una casa en country de chacras en Chascomús (doble lote, 2 hectáreas, con establo para caballos de salto); un departamento en Miami en la Torre Skyline, valuado en U$S 450.000; una casa de 560 m² en Villa Ortúzar; una camioneta Audi Q5; un auto Audi A1; una camioneta RAM; un auto Chevrolet Tracker; y un Ford Falcon de colección. Leé también: El kirchnerismo blanquea el plan: volver para sacarle la tobillera a la jefa de la banda El gobierno debería enfrentarse a esta casta, soltar un poco la obsesión con el periodismo e ir a la pelea contra las castas de verdad que le arruinan la vida a la gente. El gran desafío que tiene hoy el gobierno no es solo bajar la inflación y recuperar la confianza y la esperanza. Es, sobre todo, domar la angustia y la frustración de la gente. Lo que se pide es muy claro: ganar mejor, viajar mejor, vivir mejor. La sociedad le acaba de dar un espaldarazo fenomenal en octubre. Tienen todo para darlo vuelta: mayoría en el Congreso, los dólares del campo, superávit y al kirchnerismo matándose entre sí. Que no pierdan esta oportunidad, porque estamos hablando, de verdad, de la última bala. Opiniones libres; hechos sagrados.
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