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» TN
Fecha: 28/04/2026 11:17
En medio del boom de bares y propuestas en torno al vino en Buenos Aires, hay un concepto que empieza a ganar terreno: espacios pensados no solo para expertos, sino también para quienes quieren acercarse sin miedo. En Palermo, Wino se mueve en esa línea con una premisa clara: no hace falta saber de vinos para disfrutar. El proyecto, creado por Matías Iwao y Andrés Massa, se define como un restaurante con identidad vino. En la práctica, eso significa que todo gira alrededor de la bebida, pero con un enfoque accesible, lejos del lenguaje técnico que muchas veces aleja a nuevos consumidores. Acá no tenés que saber. Tenés que tener ganas de vivir la experiencia, resume Iwao. Cómo funciona la experiencia Uno de los diferenciales del lugar es el servicio: no hay mozos tradicionales, sino sommeliers que guían a los clientes según sus gustos. La idea no es imponer etiquetas ni descripciones complejas, sino ayudar a descubrir qué tipo de vino le gusta a cada persona. Para eso, la casa propone los llamados fly o vuelos de vino: cuatro copas con distintas cepas, regiones o estilos. Es una forma simple de comparar y entender diferencias sin necesidad de conocimientos previos. El sistema permite, por ejemplo, identificar si se prefiere un vino más liviano o intenso, o si hay afinidad con una región específica. Probás, te gusta uno y ya tenés una referencia para la próxima vez, incluso cuando vayas a una vinoteca, explica Iwao. Menos formalidad, más disfrute Parte del concepto también pasa por cómo se comunica el vino. En lugar de descripciones técnicas o aromas difíciles de reconocer, el equipo busca un lenguaje más cotidiano. El problema muchas veces es cómo se cuenta el vino. Si lo hacés demasiado complejo, alejás a la gente, sostiene Iwao. Esa mirada responde a un cambio más amplio en el consumo: cada vez más personas se interesan por el vino, pero buscan experiencias más relajadas y menos estructuradas. Una carta pensada para compartir La propuesta gastronómica acompaña esa lógica. La carta es breve, sin división estricta entre entradas y platos principales, y está pensada para compartir. Hay opciones que van desde preparaciones con vegetales con protagonismo de productos de estación hasta platos más clásicos, siempre con la idea de que el vino sea el hilo conductor. Además, el menú se ajusta según la temporada, lo que permite mantener una oferta dinámica. Qué pasa hoy con el consumo de vino Para Iwao, el interés por el vino sigue vigente, pero el contexto cambió. Hay más competencia con otras bebidas y también una mayor conciencia sobre el consumo de alcohol, especialmente entre los más jóvenes. En ese escenario, el desafío es acercar el vino desde otro lugar: menos técnico, más experiencial. El consumo no baja porque guste menos, sino porque hay más opciones. Por eso es clave cómo lo comunicamos, explica. También destaca que hoy el público es más curioso: ya no se limita al clásico Malbec, sino que explora otras cepas y regiones. Una puerta de entrada al mundo del vino Con esa combinación de sommeliers en sala, degustaciones guiadas y una propuesta gastronómica flexible, Wino apunta a convertirse en una puerta de entrada para nuevos consumidores. La idea es que cada visita deje algo más que una comida: una referencia, un aprendizaje, una experiencia que se pueda replicar después. Porque, en definitiva, el objetivo no es solo tomar vino, sino entenderlo un poco mejor sin que eso implique volverse un experto.
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