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Paraná » 9digital
Fecha: 28/04/2026 09:05
La escarcha dibuja diamantes que nosotros quebramos con las suelas. Mamá me puso las Kickers porque son más calentitas que las zapatillas de lona. Salimos temprano, los quebrachos peinan quietos el aire húmedo. La noche no termina de desdibujar su cara translúcida entre los viraró que enrojecen el final del cielo, copas de árboles como brochas con rubor cosquillean las últimas estrellas que perduran. Con mamá miramos siempre esa línea de apoyo entre lo que viene de arriba y lo que aparece como para que se corte lo que flota. Horizonte, dice mi madre y yo busco levantar con la punta de los pies estas piedras que se deshacen cuando las despego del yuyo. Pienso en armar collares al regreso, quisiera poner el brillo helado con puntas llenas de filo y luz en su escote. Tendría mi madre un ojo del cielo entre sus huesos, podría hablar con los pájaros que tanto le gustan. Cuando hace mucho frío y el aire está quieto, el vapor se congela y forma la escarcha, se llama sublimación inversa. Prefiero las explicaciones caseras, la comida hecha en la mesa de mi casa, las palabras que salen frotadas como invocando fuegos. En la escuela atiendo pero me aburro. Anoto prolija las cosas, acuesto las letras hacia la derecha como si estuvieran luchando contra un viento zonda. Así camina mi madre, con la nariz arando el camino, vamos para allá, indica y cruza ese primer campo con arcos de fútbol. La tierra parece abrirse con su decisión de conquista, en la iglesia se inclina más, casi al ras del suelo. Los huesos parecen perder arrogancia, buscará los diamantes de escarcha que se deshacen al tocarlos, pedirá a Dios que le deje sostener uno en su mano. ¿Deseará que pueda regalarle un collar de hielo?
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