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    » La Nacion

    Fecha: 28/04/2026 03:16

    Brusca caída en la imagen del Gobierno; sólo lo aprueba el 34%; diagnóstico equivocado: la culpa sería de la prensa; la caída en el nivel de actividad; financiamiento externo: el inesperado estatismo de Milei - 22 minutos de lectura' Si lo miramos desde su llegada, el Gobierno tiene una historia ciclotímica. Su relación con el electorado, con la opinión pública, y la imagen que la sociedad se va formando de él, es muy cambiante: hay momentos de picos de enamoramiento o de adhesión y valles de rechazo, de desencanto. Como una especie de montaña rusa. Hoy tenemos un dato relevante: es un nuevo Índice de Confianza en el Gobierno, que elabora la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), que habla de una caída muy brusca. Importa tener en cuenta la trayectoria para entender que pueden ser fenómenos transitorios. Por ejemplo, a mediados de 2024, después de la sanción de la Ley Bases, el Gobierno tuvo un pico de popularidad y de aceptación muy importante. Podemos recordar lo que pasó a mediados del año pasado, antes de las elecciones de la provincia de Buenos Aires, en agosto, septiembre, cuando tuvo una gran caída. Una vez que ganó las elecciones de octubre, logró aprobar el presupuesto, la reforma laboral, la ley de inocencia fiscal y de nuevo alcanzó un índice de gran consideración popular, del que después se derrumbó y se sigue derrumbando. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Di Tella que conocimos este lunes es de 2,02. Es un índice de confianza que va de 0 a 5. En términos porcentuales, respecto de la situación del mes pasado, disminuyó 12,1%. Es una caída muy importante, que tiene impactada a la Casa Rosada y también a gente que confía mucho en el oficialismo, que cree que todo anda bien, y para la cual esto representa un toque de atención. ¿Por qué es importante ponerlo en perspectiva? Porque en septiembre del año pasado había estado no en 2,02 sino en 1,9. Es decir, había estado todavía por debajo de este índice. Esto implica que no es el peor índice de toda la historia del Gobierno. También, en agosto del 2025, antes del cheque de Scott Bessent, en las vísperas de las elecciones bonaerenses, la caída no había sido del 12% como ahora, sino del 13%. Y el oficialismo, después de eso, se recuperó. Lo que hay que preguntarse es si esto es una caída que va a seguir pronunciándose o si se va a poder recuperar. Por otra lado, hay un gráfico de Fernando Marull, que toma siempre en comparación el Índice de Confianza en el Gobierno y lo que saca el oficialismo en las elecciones. Hay una especie de correlación misteriosa entre el índice de confianza del gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella y el porcentaje que sacan los oficialismos desde siempre. Por ejemplo, si miramos las últimas elecciones de octubre y convertimos de 0 a 100 ese índice que va de 0 a 5, el índice estaba en 42%, que es lo que sacó el Gobierno en las urnas. De aquí, deduce Marull y deducimos nosotros, siguiendo esta correlación, hoy el Gobierno sacaría 40% de los votos, según esta caída, o a raíz de esta caída del 12% de abril. Ahora bien, esto coincide con otras mediciones. El encuestador y sociólogo Hugo Haime hizo su estudio mensual de abril, que le dio un 34% de aprobación para la gestión de Milei. En esta medición de Haime, si miramos todos los números desde que llegó Milei al poder en diciembre de 2023, es la situación más baja. Perforó su piso, que había sido de 37% en marzo y en septiembre, cuando perdió las elecciones bonaerenses. Hoy está en 34%, su peor situación en toda la trayectoria. Mientras que sube la desaprobación, el rechazo hoy lo tenemos en 63%. También, en el caso del rechazo, es el valor más elevado. 34% es el piso. Hay otra novedad: igual que el 34% que perfora el piso de aceptación de Milei, hay un dato que aparece por primera vez en las mediciones de Haime. El grupo que dice que los problemas económicos del país se deben a la política económica de Milei es más grande que el de los que dicen que se debe al kirchnerismo. Es decir, la gente empieza, como pasa siempre en la segunda parte de los mandatos, a ver negativamente al gobierno. Cae la aceptación y empieza a atribuir los problemas al oficialismo. Es como si hubiera un diálogo en el que el electorado le dice al Gobierno: Por tus méritos te premié con el triunfo de octubre del año pasado, pero ahora ya empiezo a pensar que los problemas son imputables a tu acción y no a la herencia recibida. Esto es lo que aparece en este gráfico de Haime, por primera vez. Los que dicen que se debe a los dos por igual son el 26%. Esto es un cambio importante en la consideración de responsabilidades del gobierno. ¿Se puede revertir este cuadro? Están los que dicen que sí, que se puede revertir porque los factores que lo están determinando son ocasionales. Básicamente, el deterioro del ingreso y del salario real por una inflación que fue muy alta en los últimos meses y que ahora va a empezar a descender porque fue alta por razones de la coyuntura. Entre ellas, el aumento en el precio de los combustibles, que habrá que ver si se revierte o no hay que seguir mirando lo que pasa en Medio Oriente; el aumento en el precio de la carne; la devaluación del año pasado. Todos esos son factores episódicos que van a permitir que en los próximos meses la inflación disminuya y el salario, en alguna medida, se recupere. Es una interpretación. Hay otra interpretación. Que si uno la pone bajo la lupa en serio, llevaría a pensar que este deterioro no es reversible. Y es la interpretación que está dominando hoy al oficialismo, tanto a sus dirigentes como a su base, o a parte de su base. Esa lectura es que acá hay un problema no real, sino un problema de imagen. Hay una percepción negativa. No tiene que ver con cómo el Gobierno está haciendo las cosas, tiene que ver con cómo esas cosas se ven. Y esas cosas que el Gobierno hace bien se ven mal, por culpa de la prensa. Entonces, si la respuesta para este problema de caída de imagen es cerrar la sala de periodistas de la Casa de Gobierno, muy probablemente hay muchas razones para pensar que el Gobierno se va a seguir derrumbando, porque va a tratar de aplicar una terapia que no es la correcta para la enfermedad que uno tendería a diagnosticar. Sigue habiendo un problema, del que venimos hablando eternamente: ¿esto se va a politizar? Esta caída de imagen, esta caída en la consideración de la gente, este haber roto el piso del 37% y estar en 34% de aprobación, ¿va a haber alguien que lo capitalice? ¿Va a haber alguien que tenga un relato, una narrativa capaz de movilizar al electorado detrás de otra fuerza política alrededor de este deterioro del Gobierno? Esta es la gran pregunta. Lo que vemos es que la oposición empieza a moverse. Mauricio Macri empieza a armar una fuerza alternativa. No sabemos con qué destino. Si esa fuerza alternativa termina anclado en una candidatura presidencial, él está pensando en muchos candidatos; uno de ellos es Rogelio Frigerio, el gobernador de Entre Ríos. Otro candidato en el que piensa, aunque no lo diga o aunque ni lo diga en público, es él mismo. Piensa también en empresarios: empieza a circular el nombre de Jorge Brito, expresidente de River Plate y accionista de Banco Macro. Brito está más ligado al peronismo, o a la idea de competir dentro del peronismo. Empieza a descongelarse la oposición. Por otra parte, un peronismo liderado por Juan Manuel Olmos, de la Capital Federal-, y por Victoria Tolosa Paz, de la provincia de Buenos Aires, va a presentar en público este 1 de mayo una propuesta de poskirchnerismo o de deskirchnerización, planteando una idea central: el peronismo debe revisar su discurso económico, o, dicho de otra manera, debe aceptar que hay un consenso de la sociedad favorable a la estabilidad y a cierta racionalidad económica que supone manejar bien las cuentas fiscales y no financiarse con emisión generadora de inflación. Esta es una novedad. ¿Qué alcance va a tener lo que empieza este 1° de mayo en ese proceso de renovación dentro del peronismo? Habrá que ver. Pero empieza a descongelarse la política y empieza a haber movimientos tratando de capturar este malestar de la gente en contra de Milei. Sin embargo, hay un problema evidentemente económico. ¿Qué alcance tiene? ¿Es reversible? Eso lo veremos en los próximos meses. Pero si uno mira, por ejemplo, los números en el patentamiento de autos, si mira abril contra abril del año pasado, la caída es del 22%. Hay marcas que cayeron muchísimo. El promedio es 22%. Si miramos el primer cuatrimestre de este año contra el primer cuatrimestre del año pasado, el patentamiento de autos que es un síntoma muy elocuente de la economía y afecta a un sector que genera mucho empleo fue, cuatrimestre contra cuatrimestre, del 7%. La construcción sigue parada. Porque los costos internos están subiendo mucho y hacen que construir un metro cuadrado hoy cueste, más o menos, US$1600 para un departamento como el de los Adorni, más o menos ese tipo de propiedad. Para vender algo que cuesta US$1600 construirlo, el precio que hay que fijar a esa propiedad es un precio que muy probablemente se va del mercado. Este lunes se publicó una nota en LA NACION, de María Julieta Rumi, que habla de consumo masivo. Nos dice que cayó 5% el consumo interanual en marzo. Es una caída importante. Nos da otro dato, que es un dato de época: un aumento importantísimo del comercio online, del canal digital, 34% mayor este año en marzo respecto de marzo del año pasado. Esto tiene un impacto enorme sobre el empleo. Esto no refleja solo el mecanismo de la economía, refleja el impacto que tiene la tecnología sobre el comercio y explica la cantidad de locales cerrados que uno ve en las grandes avenidas de Buenos Aires. Ahí hay otro problema que genera también malestar, más allá de cual sea su origen. Por otro lado, hay un cuadro realizado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), que muestra sobre la carga económica que tiene, en el salario, lo que las familias deben. La cuenta que hace el BCRA para hacer estos gráficos consiste en tomar todo el volumen de deuda y ponerlo en relación con todo el volumen de la masa salarial formal, no de los trabajadores informales. Interesa este dato: aumenta, en 2024 y 2025, el endeudamiento con tarjetas. Esto tiene que ver con que el salario no alcanza y con que, para mantener el dólar quieto para que la gente que tiene pesos no vaya al dólar y presione para que el dólar suba, el Gobierno ha mantenido durante mucho tiempo la tasa de interés muy alta. Y eso tiene un efecto recesivo y un efecto letal sobre aquel que tiene una deuda, más aún sobre aquel que tomó crédito aprovechando que en la época de Alberto Fernández la tasa de interés era muy baja, por debajo de la inflación, y las deudas se licuaban. Ahora no se licúan más y tiene este impacto, que genera también un estado de ánimo político. ¿Por qué es importante todo esto que estamos caracterizando? Caída del consumo, caída en la venta de bienes como los automóviles, endeudamiento alto que impide el consumo. ¿Por qué? Porque al final termina afectando la recaudación. Y al Gobierno se le vuelve cada vez más esquivo un objetivo principal, el objetivo de este programa, que es mantener el superávit fiscal. Entonces, lo que hay que preguntarse es si el Gobierno puede revertir estas caídas en el sistema productivo, en el consumo, en la industria, en la construcción, para poder recuperar recaudación y sostener la gran promesa, que es un ordenamiento fiscal que facilite la marcha de la economía, la inversión y que haga que el Estado pueda ir perdiendo peso sobre la economía. Acá hay un problema, que es la deuda, porque el superávit fiscal es una meta muy importante y muy exigente si uno tiene en cuenta el nivel de deuda que tiene la Argentina y las dificultades para endeudarse o renegociar ese pasivo. No es solamente el volumen de la deuda: es la tasa de interés que paga, por un riesgo país muy alto. Frente a este problema, Luis Caputo y su equipo económico obtuvieron un logro la semana pasada en Washington, durante la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional. Negociaron con el Banco Mundial (BM), con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con la CAF un paquete de crédito que, en conjunto, ronda los US$4000 millones. ¿Para qué? Para poder usar esos dólares como garantía. Primero se pensó en la emisión de un bono, pero no emiten un bono. Van a pedir un crédito en bancos privados. Y a esos bancos les van a decir: Si no creés en mí, si no tenés confianza en mí y, por lo tanto, me vas a cobrar una tasa muy alta, que a mí se me va a hacer muy difícil pagar, confiá en el Banco Mundial, confiá en el BID, confiá en la CAF. El Tesoro pone US$4000 millones como garantía de un préstamo total que sería de entre US$8000 y 10.000 millones. Es una apuesta a que baje el nivel de riesgo o, dicho de otra manera, es una forma de alquilar credibilidad ajena. Es una prueba de que la Argentina tiene que tercerizar en organismos de crédito multilateral la credibilidad que no tiene. Casi de la misma manera en que terceriza en la Justicia de Nueva York la falta de credibilidad de su sistema judicial. Si usted quiere invertir, yo le garantizo que, en caso de un conflicto, va a ir a la jueza Loretta Preska, no al juez Ariel Lijo, por nombrar un caso: esa sería la idea. Esto le va a permitir al Gobierno, en alguna medida, despejar un problema importantísimo, que es el de la deuda pendiente. Una deuda de más o menos US$20.000 millones que vence el año que viene. La que tiene pendiente este año de pago son más o menos US$10.000 millones. Esto, a la vez, plantea varias curiosidades teóricas, políticas y prácticas. Una de ellas tiene que ver con la teoría de Milei, con la teoría de este gobierno, si queremos decirlo con mayor claridad, con esta filosofía o religión de capitalismo hiperliberal austríaco. ¿Por qué? Porque, a la hora de financiarse, en vez de ir al mercado y emitir un bono, no lo hace porque teme que el mercado no confíe en él. Este es el gran temor del Gobierno y es la gran herida narcisista de un Ejecutivo cuyo equipo económico viene justamente del mercado financiero, específicamente del negocio con bonos, que es a lo que se dedicó Toto Caputo toda su vida. Pero ahora va a pedirle a los Estados. El Estado, que es un ente maldito para Milei, finalmente es el que le termina prestando, porque hay que recordar que el Banco Mundial, el BID y la CAF son entidades interestatales. Esos créditos se negocian con gobiernos, no con el mercado financiero, no con agentes privados. Más aún, el cheque de Scott Bessent, que rescató al Gobierno de la crisis a mediados del año pasado, cuando el equipo económico se hundía, es un cheque estatal: es el Tesoro de los Estados Unidos, no es de un banco. Cuando se le pidió plata a los bancos, los bancos dijeron: sí, pero queremos que la garantice el Tesoro de Estados Unidos, no confiamos en el programa argentino. No ocurrió. El Gobierno tiene derecho a decir que no es solo una desconfianza en él: es la tradición de incumplimiento de la Argentina la que también lo condiciona. Y, obviamente, tiene razón en alguna medida en eso. Pero todavía no han logrado que el mercado financiero, al que mira Milei como la panacea, confíe en el programa. Hay otro detalle importante, que es más que un detalle. Con este endeudamiento el Gobierno va acumulando deuda con el Fondo, con el BID, con el Banco Mundial, con la CAF, que es deuda que no se puede defaultear ni se puede renegociar. ¿Esto qué produce en el mercado? Que aquel que dice: le voy a comprar un bono al Gobierno argentino, o tengo bonos del Gobierno argentino, tiene que pensar que, si más adelante a alguien se le ocurre renegociar la deuda, hacer un recorte, van a ir por él. Porque todo lo demás no es susceptible de ser recortado: es deuda con Estados, con organismos multilaterales, con los que no hay reestructuraciones de deuda. Entonces, el famoso riesgo Kuka, la posibilidad de que venga, supongamos, Axel Kicillof, muy estatista, muy anti-mercado financiero privado, y reestructure, aumenta con esta estrategia de financiamiento del Gobierno. Los funcionarios alimentan aquello que pretenden exorcizar. Hay otro aspecto importante de todo esto. Uno se puede preguntar: ¿por qué le prestan esos bancos?, ¿por qué el Banco Mundial?, ¿por qué la CAF?, ¿por qué el BID le presta a Milei?, ¿por qué es más fácil ir a ellos? Por una razón geopolítica. ¿Le prestan porque confían en el destino de la economía argentina? Probablemente sí. Pero hay una razón más importante que esa. Le prestan por el juego internacional de Milei, por el alineamiento con Donald Trump, por su papel en la guerra de Medio Oriente, por su discurso anti chino. Hay un papel enorme de EE.UU. en las decisiones de esos organismos. Quiere decir que también, en ese sentido, es un Gobierno que depende de decisiones estatales y políticas mucho más que de la consideración de la iniciativa privada y del mercado. Este dato de la geopolítica, esta importancia de la geopolítica en la inserción de Milei en el mundo, explica algo muy importante que sucedió la semana pasada: la llegada a la Argentina de un personaje extraordinariamente relevante en el mundo de las finanzas, en el mundo de la información y, sobre todo, en el mundo de la defensa y de la inteligencia, del espionaje. Se llama Peter Thiel. Para entender esto habría que releer a Giuliano da Empoli, autor de El mago del Kremlin, de Los ingenieros del caos. Su último libro, brillante, La hora de los depredadores. El caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder, ese es el subtítulo, o la consigna debajo del título. ¿Qué dice da Empoli? Dice que el partido de la política ya no se juega donde lo jugó la democracia en los últimos 100 o 200 años. Se juega en otro lado. Han aparecido 20 personas que manejan los flujos de datos, los flujos informativos. Manejan Facebook, manejan X, manejan las grandes plataformas donde circulan datos. Y con ese poder, que es el poder de la información, son capaces de condicionar a la democracia. Y tienen la expectativa, el deseo, el sueño de gobernar la vida pública a partir de esos algoritmos que regulan el flujo de datos. Y, sostiene da Empoli, los líderes, sobre todo los líderes de derecha populista Trump, Milei, probablemente Bolsonaro, se inclinan ante ese nuevo poder. En este contexto, podríamos decir político y civilizatorio, llega Peter Thiel a la Argentina, fundador de PayPal, que después vende; uno de los inversores más tempranos en Facebook, y hoy dueño de una empresa que se llama Palantir. Es una empresa de manejo de datos, importantísima en la formulación de inteligencia artificial, gran proveedora del Pentágono y de la CIA. Gran protagonista de la guerra en Ucrania, del ataque israelí sobre la Franja de Gaza y de la guerra en Irán. Este señor llegó a la Argentina, compró una casa en Barrio Parque y piensa quedarse en Buenos Aires varias semanas. ¿Para qué? ¿Cómo es que semejante personaje tiene interés en permanecer? Dice la versión oficial: quiere comprar campos. Una persona de ese volumen económico manda a alguien a comprar los campos, no necesita estar viviendo en Buenos Aires. ¿Por qué quiere estar acá? Dos razones. La primera: es muy probable que el propio Thiel esté embarcado en una carrera política que puede terminar en un cargo importante de los Estados Unidos. Y Thiel quiere venir a ver cómo funciona un laboratorio que mira todo el mundo. Tiene razón Milei cuando dice no soy un fenómeno barrial. Es el laboratorio de esta derecha argentina encarnada por Milei, que sintoniza con estas ideas de fin del Estado y el manejo de la sociedad y del mundo por el software. Viene a ver si es consistente este experimento, si es exportable, si él podría encarnar un liderazgo de este tipo en Estados Unidos. Por otra parte, puede haber otra razón, que es con la que especula mucha gente, sobre todo después de un almuerzo que él tuvo con Santiago Caputo, El mago del Kremlin, que maneja ARCA, gran base de datos; que maneja la SIDE y, dentro de ella, una dirección de ciberespionaje; y que tiene acceso a los datos de la Anses. ¿Hay un interés del Gobierno argentino de aprovechar la amistad con Thiel para manipular de alguna manera los datos? Se puede ir un paso más allá, y es solo una pregunta. Por ejemplo, Elisa Carrió contesta que sí a esta pregunta. ¿Hay interés del gobierno argentino en aprovechar esta alianza con un gigante en el manejo de la información y de los datos para manipular las elecciones? Al estilo de Cambridge Analytica, aquella empresa ligada a Facebook, de la que Thiel es inversor, en elecciones pasadas en la Argentina. Es una pregunta inquietante sobre el estado de la democracia. Es una pregunta inquietante sobre cómo va a ser la batalla electoral. Pero se puede ir más allá de lo instrumental. ¿Cuál es la formación de Thiel? Es filósofo. Estudió filosofía en Stanford. Y su socio, Alexander Karp, estudió filosofía en Alemania. Thiel mismo es alemán nacionalizado estadounidense. Este vínculo le da a Santiago Caputo, a los ojos de Milei, un poder que está lejos de tener Karina Milei en la interna de La Libertad Avanza. Avanzó varios casilleros después de ese almuerzo Caputo en el entorno presidencial. La guerra sigue. Entre Santiago Caputo y Karina Milei: no hay diálogo desde hace meses. Y esa guerra se traslada a la Justicia. Y en la Justicia hay novedades. ¿Por qué se traslada a la Justicia? Porque el lugar más apreciado del cual la hermana del Presidente pudo desplazar al asesor es el Ministerio de Justicia. Varias novedades en la Justicia. Una que hay que anotar rápidamente, importantísima: una pelea feroz dentro del kirchnerismo, del empresariado kirchnerista. En su declaración en la causa Cuadernos, Cristóbal López dice algo así como: A mí me metieron en esta causa para sacar a Sebastián Eskenazi, porque Eskenazi era amigo y algo más dice López, como si fuera financista, del juez Claudio Bonadio. Uno de los imputados en esta causa, Ernesto Clarens, nombró a Eskenazi en medio de todas las coimas de la causa Cuadernos y después lo sacó y me puso a mí. ¿Hubo ese nivel de manipulación? ¿Ese es el poder de Eskenazi sobre el fallecido juez Claudio Bonadio? ¿Está Eskenazi detrás de la causa Cuadernos, como creía mucha gente, detrás de Bonadio, para vengarse de Cristina Fernández de Kirchner por la estatización de YPF? Preguntas que quedan flotando después de la declaración muy dura de Cristóbal López. Pero hay una novedad que se produjo en estas horas, mucho más actual, y tiene que ver con el juez Juan Galván Greenway. Hablamos de este juez varias veces. Es un juez penal económico, candidato de Juan Bautista Mahiques a ocupar la Cámara Federal en lo penal económico. Este juez, de primera instancia, acaba de sobreseer el viernes pasado a Claudio Chiqui Tapia en una causa de lavado de dinero por un arreglo en un partido amistoso entre la selección argentina y la selección israelí. Este sobreseimiento es estratégico porque puede terminar en que sea cosa juzgada ese caso y a Tapia no se lo pueda investigar por lavado de activos en otras causas de las muchas que tiene abiertas. Aparece, entonces, la pregunta de si ahora lo van a nombrar camarista a Greenway como agradecimiento por este salvataje a Claudio Tapia. No el gobierno, Mahiques. Porque el amigo de la AFA, el que tiene relaciones con Toviggino, el que tiene relaciones estrechísimas e históricas con Tapia es el ministro de Justicia, que pareciera, como creen algunos amigos de Milei, estar más interesado en resolver los problemas de Tapia y Toviggino, y en cubrir las vacantes que tiene el Poder Judicial mandando pliegos seleccionados por él, como Greenway o como el juez Catania, que es otro candidato a ocupar esa cámara, que en resolver los problemas de los Milei, que para eso lo nombraron ministro de Justicia. Ahora, no solamente se puede resolver el problema de Tapia en el juzgado de primera instancia, sino que, si después Greenway y Catania terminan siendo camaristas, convalidan lo que se hizo en escalones más abajo. ¿Por qué importa esto? Porque, mientras tanto lo digo irónicamente, el pobre Manuel Adorni sigue vapuleado. Tapia va salvando la ropa. Adorni está siendo vapuleado y, por otra parte, protegido por el Gobierno, que va a ir el miércoles a tomar lo a él como bandera en una lucha verbal, que veremos qué nivel de agresividad tiene en la Cámara de Diputados. Es importante el tema. ¿Por qué? Por esto: otra encuesta de Haime nos muestra que, por primera vez, el Presidente rompe el piso de 37% y está en 34% de consideración popular positiva. Por primera vez, el grupo de los que creen que los problemas económicos son imputables a Milei más que al kirchnerismo aparece este mes. Y, por primera vez, en la encuesta de Haime aparece como principal problema la corrupción por encima de los bajos salarios. ¿Tendrán que ver unas cosas con las otras? Ese es uno de los misterios de la política.

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