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» TN
Fecha: 27/04/2026 20:26
En el fútbol moderno, donde los jugadores son moldeados en academias desde los seis años, el delantero Patrick Wimmer es una especie en extinción. El atacante de Austria, que será una de las grandes preocupaciones para la defensa de la Selección argentina en el Grupo J del Mundial 2026, no tiene el ADN del futbolista promedio. Él es, en sus propias palabras, un futbolista instintivo. Wimmer creció en una granja de Sittendorf bajo condiciones muy humildes. A diferencia de otros cracks, el fútbol no era su obsesión. De hecho, su abuela María tenía que obligarlo a levantarse del sofá para que fuera a entrenar. Prefería holgazanear los fines de semana, le contó a la revista Forbes. En su infancia, mientras otros chicos lucían botines de marca, él usaba los más baratos del pueblo. Nunca se fue de vacaciones hasta que el fútbol lo llevó al extranjero siendo ya un adolescente. Esa austeridad forjó su carácter: antes que los lujos, prefiere levantarse temprano para alimentar a los animales, cortar leña en el bosque con su tractor o trabajar en el viñedo familiar. El mecatrónico que se codea con Lionel Messi Aunque se formó como técnico en mecatrónica y asegura que no depende del fútbol para ser feliz, sus números dicen otra cosa. Un dato dejó al mundo con la boca abierta: en 2023, solo tres jugadores en las grandes ligas europeas promediaban más de una ocasión clara de gol por partido: Kevin De Bruyne, Lionel Messi y Patrick Wimmer. A pesar de ser millonario e invertir en bienes raíces, su esencia no cambió. Firmó un contrato publicitario, pero no con una marca de ropa interior o relojes, sino con Steyr, una fábrica de tractores. Si no fuera profesional, hoy estaría sentado en el tractor y no me arrepentiría de nada, afirma quien también supo ser campeón europeo de levantamiento de pesas en su adolescencia. Me da igual a quién me enfrente Esa es la frase de cabecera de Wimmer. No le importan los nombres, los estadios imponentes ni las cámaras. El próximo 22 de junio, cuando ruede la pelota en el AT&T Stadium de Dallas, el rudo granjero austríaco tendrá la misión de amargar a la Selección argentina. Para Wimmer, enfrentar a los campeones del mundo es un regalo, pero se lo toma con la misma naturalidad con la que jugaba en el campo de su parroquia. Scaloni y su cuerpo técnico deberán estar atentos: Austria tiene a un talento indomable que no tiene miedo a equivocarse porque, al final del día, su verdadero refugio sigue siendo el silencio de su granja.
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