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  • Las cuentas de Ferreyra que huelen peor que la basura que no junta Azcué - Diario del Sur

    Concordia » Diario Del Sur Digital

    Fecha: 27/04/2026 14:32

    En Concordia, el Secretario de Hacienda, Pablo Ferreyra, parece haber descubierto la piedra filosofal de la administración pública: cómo pagar más por un servicio que presta menos, y tener el tupé de llamarlo «eficiencia». En un despliegue de equilibrismo verbal que roza lo insólito, el contador municipal intenta convencernos de que vaciarle el bolsillo al vecino para llenar los camiones de un privado es, en realidad, un ahorro patriótico de 3.000 millones de pesos. Las matemáticas del absurdo Las cifras que maneja el Palacio Municipal no resisten el menor análisis de un alumno de primaria. Los concordienses aportamos, a través de la tasa de recolección, unos 396 millones de pesos. Pero, en un rapto de generosidad con la billetera ajena, la gestión decidió entregarle mensualmente 250 millones de pesos a una empresa privada por limpiar apenas unas pocas zonas de la ciudad. Hagamos la cuenta que Ferreyra evita: si sumamos este desembolso al costo de mantener la misma planta de empleados municipales a quienes no se dejó de pagarles un solo peso, el gasto adicional para la comuna trepa a los 3.000 millones de pesos anuales. ¿Sabe usted, vecino, qué se hace con ese dinero? Con lo que se le regala mensualmente a esta empresa, la Municipalidad podría comprar un camión recolector y medio cada mes. En un año, Concordia tendría una flota propia de última generación, nueva y eficiente, sin necesidad de tercerizar ni un gramo de basura. Pero claro, comprar camiones propios no parece ser tan «atractivo» como alimentar la caja de un privado. Una empresa «fantasma» con camiones de descarte Lo más escandaloso no es solo cuánto pagamos, sino a quién se lo pagamos. El rigor periodístico nos obliga a poner la lupa sobre la beneficiaria: una empresa que, según trascendidos, ni siquiera estaría habilitada ni inscripta correctamente como proveedora. El «modelo de eficiencia» de Ferreyra se presta con unidades viejas y destartaladas. Es el mundo del revés: se justifica una «emergencia ambiental» para contratar de apuro y a dedo a una firma que no reúne los requisitos mínimos para limpiar una vereda, bajo la ridícula promesa de que con apenas seis camiones se va a recolectar el residuo de toda la ciudad. Es una burla que roza lo delictivo. El estigma como cortina de humo Para montar este escenario, el Cr. Ferreyra y el Intendente han recurrido a la receta más vieja y cobarde: estigmatizar al empleado público. Se instaló el relato de la ineficiencia estatal para pavimentar el camino hacia un negocio privado. Acá nunca hubo una emergencia ambiental real; lo que hubo fue una emergencia de caja. Se creó un problema para vender una «solución» que nos sale más cara a todos. La maniobra es tan burda, tan grosera, que lo único que supera la indignación de los vecinos es el atronador silencio de la Justicia, que parece estar mirando para otro lado mientras el patrimonio de los concordienses se escurre entre bolsas de residuos y contratos dudosos. Semántica para el saqueo: no es privatización, es «locación» Ferreyra, con la elegancia de quien oculta un elefante bajo la alfombra, se apresuró a aclarar que esto no es una privatización ni una concesión. No, señores. Técnicamente es una «locación de servicio». Es fascinante cómo la terminología técnica puede usarse para maquillar la realidad: es como si un náufrago dijera que no se está hundiendo, sino que está realizando una «inmersión prolongada no programada». ¿Eficiencia o incapacidad? Ferreyra se pregunta con ironía: ¿Si se puede prestar el servicio con seis camiones, por qué voy a tener 20?. La pregunta correcta, señor Secretario, es: ¿Por qué su gestión es tan incapaz de hacer funcionar 20 camiones propios que tiene que salir a pedirle permiso a un privado para que use seis? Hablar de «eficiencia» cuando se admite que se redujo la calidad del servicio y que se está pagando por encima de lo que ingresa por tasa es, por lo menos, una falta de respeto a la inteligencia del ciudadano. Concordia asiste a un «cambio cultural», dice el funcionario. Y tiene razón. Es la cultura de la tercerización bajo sospecha, donde lo público se achica, el servicio empeora y el dinero de los contribuyentes termina en una «locación» cuyos beneficios solo parecen ver los que firman el cheque desde el escritorio de Hacienda. Mientras tanto, el vecino se queda con el olor, la cuenta más cara y el relato de un ahorro que, al igual que el camión de basura, parece que nunca va a pasar.

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