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  • Timothy Leary: fue profesor en Harvard, se convirtió en gurú del LSD, quiso ser presidente e inspiró un hit de los Beatles

    » La Nacion

    Fecha: 27/04/2026 13:06

    Era psicólogo hasta que, en un viaje a México, probó hongos alucinógenos; se alejó de la terapia convencional para experimentar con LSD, y creó un movimiento contracultural entre los 60 y los 70 - 12 minutos de lectura' Fui concebido en una reserva militar, West Point, Nueva York, en la noche del 17 de enero de 1920. El día anterior, el alcohol se había convertido en una droga ilegal, empieza a narrar Timothy Leary en Flashbacks, la autobiografía publicada en 1989. No es casual que elija, como apertura, la mención a lo prohibido, a los años 20 en Estados Unidos. Tampoco lo que cuenta sobre su padre: Mi padre, Timothy, conocido como Tote, estaba a punto de pasar del consumo social de alcohol a la adicción. Mientras me preparaba para la vida futura, a menudo él me decía que la prohibición era mala, pero no tan mala como la falta de alcohol. Ilegalidad, adicciones, consumo excesivo: todos esos elementos parecían rondar su historia incluso antes de nacer. También la veta intelectual en la genealogía de los Leary había físicos y profesores universitarios y cierta inclinación a los márgenes de la ley: según recuerda, los primeros portadores de ese apellido en Estados Unidos eran inmigrantes irlandeses que se habían elevado a través del crimen, el trabajo manual y la política. De esa rama familiar heredó su pasado. Y, quizá, también un consejo que lo acompañaría toda la vida. Cuando tenía 10 años, su abuelo le dijo: Nunca hagas nada como los demás. ¿Me entendés? []. Encontrá tu propio camino. Sé único. El hombre más peligroso de América Leary siguió, de algún modo, lo que su abuelo había insinuado. No fue una decisión deliberada ni un plan de vida: fueron las circunstancias las que lo empujaron por rutas inesperadas hasta convertirlo en una figura central de los años 60 y 70. Tanto que el presidente Richard Nixon llegó a definirlo como el hombre más peligroso de América. Antes de su fama y, en ciertos ambientes, su mala fama se había construido una reputación sólida en el mundo académico. En 1950 obtuvo un doctorado en Psicología en la Universidad de California. Enseñó en Berkeley, fue director de Investigación Psicológica en el Hospital de la Fundación Kaiser entre 1955 y 1958, y en 1959 se incorporó a la facultad de Harvard. Investigaba las relaciones sociales y la psicoterapia. En la página web del departamento de Psicología de esa universidad recuerdan que el lugar una vez fue el hogar de dos de las figuras más importantes de la contracultura y la cultura de las drogas psicodélicas de los años 1960: Leary y Richard Alpert. Ese año Leary viajó a México. Fue su primer contacto con hongos sagrados. El químico suizo Albert Hofmann (creador del LSD) recuerda en su libro La historia del LSD: En la embriaguez de los hongos [Leary] llegó a un estado de éxtasis místico, al que designó como la experiencia religiosa más profunda de su vida. A partir de aquel momento el Dr. Leary [] se dedicó por completo a la investigación del efecto y de las posibilidades de aplicación de las drogas psicodélicas. Junto con su colega, el Dr. Richard Alpert, comenzó a llevar a cabo en la universidad diversos proyectos de estudio en los que empleó LSD y psilocybina, la sustancia activa de los hongos sagrados mexicanos. En Flashbacks, el propio Leary recuerda así aquel episodio: Me empecé a sentir raro. Como si estuviera bajo el efecto del óxido nitroso []. Levemente mareado. Desprendido. Yéndome lejos, lejos del grupo que estaba en traje de baño en una terraza debajo del brillante cielo mexicano. Todo se estremecía con vida, incluso los objetos inanimados. [] Me reía de mi pedantería diaria, la arrogancia de los escolares, la impudicia de los racionales, la presumida ingenuidad de las palabras en contraste con los crudos y cambiantes panoramas que estaban inundando mi cerebro. Interpretó, como los místicos de hacía siglos, que si se corría el velo de este mundo, se descubría que solo era un pequeño escenario construido por la mente. La escena concluye: Volví un hombre cambiado. El cambio, en efecto, sería enorme. Ícono de las drogas psicodélicas En cuatro horas [] aprendí más sobre la mente, el cerebro y sus estructuras que en los últimos 15 años como psicólogo, escribiría más tarde. Pensaba, sobre todo, en la expansión mental y en la reprogramación del cerebro. Según Hofmann, aquella primera experiencia convenció a Leary de que la psicoterapia convencional, a la que se había dedicado toda la vida, era políticamente desagradable e inútil. El propio Hofmann había sintetizado el LSD en 1938, aunque sus efectos psicodélicos recién se descubrieron en 1943, casi por accidente. Tras su experiencia con los hongos y el posterior desencanto con la psicología académica tradicional, Leary empezó a estudiar la psilocibina, que en ese momento era legal en la investigación psiquiátrica. Así nació el llamado Proyecto Psilocibina de Harvard: le administraba la sustancia a voluntarios mientras describían, en tiempo real, sus experiencias, que eran grabadas y analizadas. Pero pronto empezaorn las críticas. La misma página del departamento de Psicología documenta: Para 1962, varios profesores y administradores estaban preocupados por la seguridad de los sujetos de investigación de Leary y Alpert y criticaron el rigor de su metodología poco convencional []. Cuestionaron el mérito científico de su investigación, así como la aparente indiferencia con la que se llevó a cabo []. Editoriales publicados en el Harvard Crimson acusaron a Alpert y Leary no solo de investigar drogas psicotrópicas, sino también de promover activamente su uso recreativo. En aquellos años ni el LSD ni la psilocibina estaban prohibidos. Sin embargo, sus investigaciones provocaron un fuerte revuelo, y a Leary lo acusaron de violar el código de ética de la universidad. En 1963 tanto él como Alpert fueron despedidos después de suministrarle psilocibina a un estudiante fuera del campus. Los expulsaron del ámbito académico, pero ese no fue el final de su vida pública: ambos se convirtieron en íconos del movimiento de las drogas psicodélicas, la contracultura y el potencial humano. Leary se hizo famoso por el eslogan turn on, tune in, drop out (Sintonizá, Encendé, Abandoná), detalla la misma página. Un verdadero paraíso en Tierra De todas formas, ya entones Leary se había convertido en una figura conocida. Incluso recibió aportes económicos para seguir con sus investigaciones. Así, logró alquilar una mansión en Millbrook, Nueva York, que pronto se convirtió en el centro de una comunidad donde se consumía LSD, se practicaban meditaciones y se celebraban rituales que mezclaban espiritualidad, experimentación y hedonismo. En su libro describió el lugar como un verdadero paraíso en la Tierra, donde la vida se parecía a un eterno festival de ceremonias, seminarios, música, ritos de fertilidad y observaciones astronómicas. Pero enseguida llamaron la atención de las autoridades. Un día aparecieron en la propiedad funcionarios de la FDA, la agencia encargada de la administración de alimentos y medicamentos. Uno de ellos dijo: Estamos shockeados por lo que hacen acá. Por siglos, el consumo de drogas fue considerado un vicio. Ahora ustedes no solamente lo defienden, sino que sugieren que es moral, educacional, incluso religioso. El otro agregó: La gente de la justicia que, créanme, tiene el poder está ansiosa porque estas drogas sean declaradas ilegales para poder arrestarlos. En 1965 viajó a la India y se convirtió al hinduismo. Al año siguiente fundó una comunidad religiosa llamada League for Spiritual Discovery (Liga por el Descubrimiento Espiritual), o LSD, por sus siglas. Con ese movimiento buscó proteger el uso de la sustancia bajo el amparo de la libertad religiosa. No lo logró. Para entonces su fama ya había despegado. Figuras de la contracultura como Jack Kerouac, Allen Ginsberg, John Lennon, William Burroughs y Aldous Huxley habían pasado por su círculo. Pronto pasó a ser un gurú espiritual: defendía el potencial del LSD para expandir la conciencia y cuestionaba abiertamente el orden social de la época. Cada vez aparecía con más frecuencia en actos públicos, rodeado de la bohemia estadounidense y de una juventud que encontraba en el ácido lisérgico una forma de rebelión. En 1967 participó del Human Be-In, un festival en el parque Golden Gate de San Francisco que reunió entre 20.000 y 30.000 personas. Muchos lo consideraron el preludio del llamado verano del amor. En esa ocasión, Leary tomó el micrófono. Su discurso fue breve, pero quedó en la historia: La única salida es hacia adentro. Sintonizá, Encendé, Abandoná: abandoná la escuela secundaria, el puesto de joven ejecutivo, el de alto ejecutivo. ¡Y seguime por el camino difícil!. Súmense a la fiesta En 1969 decidió entrar en política. Quería postularse como gobernador de California para enfrentar al republicano Ronald Reagan. Preparé mi plan para la campaña. El primer paso era conseguir el apoyo de la prensa [], armar un tren de campaña cargado con celebridades de la contracultura y bandas de rock, ir de gira de ciudad en ciudad, escribió. Para entonces ya había conocido a John Lennon y a Yoko Ono. Y un día, durante la protesta pacifista conocida como Bed-In, que implicaba quedarse en cama durante una semana (en el Hotel Fairmont The Queen Elizabeth de Montreal), Leary fue invitado a participar. Fue el último día, cuando grabaron la canción Give Peace a Chance. Timothy cantó con ellos. Después John preguntó qué podía hacer él para ayudarme en la campaña por la gobernación. Escribí una canción, le respondí. Okay, dijo él. ¿Con qué tópico?. Nuestro eslogan es: Come together, join the party (Vengan todos, súmense a la fiesta). Gran título, dijo John. Agarró la guitarra y empezó a improvisar: Come together right now. Tiempo después, los Beatles grabarían una versión completamente diferente, pero que partió de esas dos palabras, las cuales irían en el título: la famosa Come Together, que abre el disco Abbey Road. Sin embargo, en una entrevista con el periodista David Sheff para Playboy, Lennon aclaró: La cosa fue creada en el estudio. Es una palabrería. Come Together fue una expresión que se le ocurrió a Leary para su intento de ser presidente o lo que quisiera ser y me pidió que escribiera una canción de campaña. Lo intenté y lo intenté, pero no se me ocurrió nada más que esto, Come together, que no le habría servido de nada. El hombre más peligroso Mientras tanto, la justicia lo perseguía. A lo largo de los años enfrentó múltiples acusaciones, desde posesión de marihuana hasta apología de las drogas. Durante un tiempo logró evitar la cárcel. Pero en 1969, Richard Nixon llegó a la presidencia con una fuerte política de guerra contra las drogas. Según muchos relatos, fue él quien lo definió como el hombre más peligroso de Estados Unidos. Las leyes antidrogas se endurecieron. Finalmente, fue encarcelado en la prisión de Folsom por posesión de marihuana. Coincidió con otro personaje asiduo a las drogas, pero también, al control mental: Charles Manson. En Flashbacks recuerda un intercambio con él: Así que finalmente lo lograste le dijo Manson desde la celda contigua. Te estuve observando todos estos años. Sabía que terminarías acá. [] Tenías a todos mirándote. Podrías haber llevado a la gente a cualquier lugar que quisieras. En 1973 la organización radical Weather Underground organizó su fuga y lo ayudó a salir del país rumbo a Argelia, donde también se refugiaban miembros de las Panteras Negras. Pero la convivencia no fue sencilla. Según el New York Times, Leary se irritó ante las constantes instrucciones de la banda. Poco después se fue a Suiza y, luego, a Afganistán, desde donde lo deportaron de regreso a Estados Unidos. Pasó tres años preso en California y, en 1976, tras recuperar la libertad, adoptó un perfil más bajo: vivió sus últimos 20 años entre su casa de Beverly Hills y un circuito de conferencias. Para algunos era un fracasado y un loco, y, para otros, una reliquia interesante. [] Aclamó la cibernética como el nuevo vehículo de la conciencia expandida, jugó con la realidad virtual, diseñó videojuegos y fundó una empresa de software, resumió el New York Times. Un último viaje Así como se había obsesionado con los hongos, el LSD o la cibernética, Leary empezó a pensar cada vez más en la muerte. En 1995 le diagnosticaron cáncer de próstata. Cuando lo detectaron ya era inoperable. Su reacción sorprendió a muchos: dijo que estaba emocionado. Estoy deseando vivir la experiencia más fascinante de la vida, que es morir. Llevo 20 años escribiendo sobre la muerte autodirigida. Hay que afrontar la muerte como se vive la vida: con curiosidad, con esperanza, con fascinación, con valentía y con la ayuda de los amigos, dijo en su momento. Murió el 31 de mayo de 1996. El Los Angeles Times escribió entonces: Leary quería morir en sus propios términos y declaró que planeaba suicidarse y transmitirlo de forma global a través de internet. Pero la enfermedad se le adelantó en sus últimas semanas y no pudo llevar a cabo lo que habría sido su gesto final de rebeldía. Pidió, sin embargo, que sus cenizas fueran lanzadas al espacio. Para él, la muerte era un último viaje, el cruce de una frontera. Diez meses después, esa metáfora se volvió literal cuando lograron enviar una parte de sus cenizas al espacio. La empresa responsable fue Celestis, creada en 1994 para ofrecer funerales espaciales. En su página web recordaban aquel lanzamiento: Para los restos cremados del creador de Star Trek, Gene Roddenberry, viajar en un cohete hasta la órbita y consumirse gloriosamente al reingresar es un gesto apropiado. Para las cenizas del gurú del LSD Timothy Leary, es un último viaje. Para los restos de otras 22 personas [] es una forma de meter un pie en el cosmos. Mejor que ser devorado por los gusanos. Puedo oír a Timothy riendo, dijo ese día Carol Rosin, una amiga que había acompañado sus cenizas y observaba el despegue desde una estación de seguimiento española. Le habría encantado ver esto.

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