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» Clarin
Fecha: 27/04/2026 12:37
Escritor, historiador y docente. Un lector apasionado de la literatura náutica y de poetas como Robert Graves o Wilfred Owen, que combatieron en la Primera Guerra Mundial. Pero, por sobre todas las cosas, Federico Lorenz destaca no solo por ser uno de los principales especialistas en el tema, sino por aportar una mirada integradora de la causa Malvinas con las raíces mismas del nacimiento como nación. Hace 17 años publicó Malvinas: una guerra argentina (Sudamericana), uno de los primeros libros en abordar las aristas políticas y sociales del conflicto, que se acaba de reeditar en una versión revisada y actualizada. En diálogo con Clarín antes de presentarse hoy en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Lorenz (que fue director del Museo Malvinas y es además doctor en Ciencias Sociales e investigador independiente del Conicet) evoca la actualidad de un libro que se resiste a los discursos dogmáticos, reflexiona acerca de las narrativas de las Islas y de cuál es la Argentina que podría recuperar su soberanía. ¿Qué pensás que cambió entre la primera publicación de tu libro hasta ahora, en cómo la sociedad argentina piensa la guerra de Malvinas? Justamente, el título es un guiño a pensar de qué cantidad de formas distintas la guerra no terminó y conceptualmente seguimos peleando en términos de cómo vivirla y cómo narrarla. A mí me parece que, así como todas las discusiones se han corrido a la derecha, también lo ha hecho la forma de hablar de la guerra y la posguerra de Malvinas, que es hablar de la dictadura y de la posdictadura, uno de los ejes del libro. Hay ciertos tópicos, por ejemplo, el tópico nacionalista del culto patriótico a los muertos en términos sagrados, que no solo sigue muy vigente y es una forma de narrar la guerra, sino que, en el actual contexto de polarización y de ausencia de otros guiones orientadores para la política, se renueva. Los discursos totales y de lógica binaria son muy tramposos: allanan el camino borrando las diferentes aristas que nos permitirían poner la historia en su contexto. Y son también, desde mi perspectiva, peligrosos políticamente, porque hay una cuestión subyacente, y yo no creo que en nombre de la patria haya discusiones que anular o dejar de dar. ¿Cómo es, en el contexto actual, la recepción de un libro que justamente problematiza Malvinas? Puedo imaginarme que la crítica va a venir de grupos con una visión nacionalista que no necesariamente es la que yo tengo. A mí me interesa mucho más, para plantear un ejemplo de esta diferencia, el concepto de soberanía popular que el de soberanía nacional. En la canción del Mundial pasado aparecían, fijate vos, no las islas sino los pibes de Malvinas. O sea, el arraigo popular del 82... que humildemente creo que tiene mucho más que ver con que la mayoría de los combatientes fueron hijos del pueblo, en el sentido más noble del término, que con lo territorial. En el libro remarcás mucho la diversidad de experiencias a lo largo y ancho del país Claro, la edad, el lugar del país eso me interesaba mucho: mostrar que se vivieron muchas guerras. Yo, que la vi por radio y por los diarios, o si hubiera tenido 11 años en Río Gallegos o San Julián, no es lo mismo. Pero bueno, acá la historia se cuenta toda desde Buenos Aires. Somos porteño-céntricos, como me gusta decir. Me cansé de ir a pueblos del interior cuyo único vínculo con el Estado nacional es que uno de sus jóvenes fue a Malvinas y murió o volvió; después no existe. ¿Cómo no va a ser importante Malvinas? Tenés que estar en el territorio, en la medida de lo posible, para entender. La investigación regional, que es lo que yo trato de dar cuenta en el libro, demuestra que el recibimiento de los excombatientes, por ejemplo, fue muy diferente en distintos lugares del país. En el discurso de este 2 de abril, el presidente Javier Milei mencionó que se está comenzando a saldar la deuda histórica con las Fuerzas Armadas y anunció que se les hará una distinción el año próximo a los veteranos de Malvinas. ¿Qué pensás sobre eso? Yo pienso que es algo que hay que situar históricamente. Es cierto que fue tardíamente, pero ha habido una cantidad de gestos por parte del Estado de reparación y reconocimiento. Eso no subsana el abandono tremendo en el que estuvieron en los últimos años de la dictadura y los primeros de la democracia. Tanto, que es algo que quedó como marca social. Y, con total respeto para los excombatientes y sus familias, haciendo la salvedad de que, para mí, no es lo mismo ir a combatir siendo miembro de las FFAA sin causas por haber violado los derechos humanos que otro que sí porque la Guerra de Malvinas no lava lo que hiciste en el continente, lo de Milei va a ser un homenaje más. Además, viendo la política que sostiene con la Argentina en general y con Malvinas en particular, va a tener bastante de burla. A los libertarios no les importan las Malvinas, pero hay sectores que votaron a los libertarios a los que sí les importan. Entonces, a mí me parece que ese gesto es para ellos. ¿Cómo pensás que podríamos avanzar hacia una soberanía sobre las Islas? Me parece que no vamos a poder pensar una política sobre Malvinas mientras no definamos qué proyecto de país queremos. Cualquier solución en relación con Malvinas satisfactoria para la Argentina, digamos, va a llevar muchísimo tiempo, y esa dilación favorece al país ocupante. Lo triste para los argentinos, o por lo menos lo triste para mí, es que la habíamos empezado a construir. Hasta la guerra del 82 había vínculos materiales con Malvinas, había empresas del Estado argentino en Malvinas y esas empresas no existen ahora; entonces hay que arrancar de mucho más abajo. Eso es algo que, desde mi perspectiva, complica todavía más el hablar de gesta o reivindicar la guerra de alguna manera, porque la guerra produjo un enorme retroceso para la construcción diplomática argentina. ¿Tenés algún ejemplo concreto de ese vínculo entre la Patagonia y las Islas? Cuando yo era director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, justamente, una de las últimas donaciones que recibimos fue el archivo de un mayorista de Comodoro Rivadavia, en el que había vuelos semanales a Malvinas, a una pista construida por argentinos; en el archivo había un pedido de 200 sobrecitos de adobo para pizza. Si no me equivoco, era del 28 de marzo. ¿Por qué adobo para pizza? Porque había empleados estatales argentinos viviendo en Malvinas que introdujeron a los isleños en la cuestión de comer pizza o usarlo para condimentar. Además, todavía tienen palabras en español en su vocabulario; al interior de las islas ellos lo llaman camp, que viene de campo; hay mucho de la toponimia de Malvinas en castellano. Es a una escala mínima; era una comunidad muy pequeña, lo sigue siendo, y eso era algo que con el tiempo no sabemos qué hubiera sucedido. Esa sería historia contrafáctica. Lo que sé es que esa posibilidad la dinamitamos. Hay una parte de responsabilidad que solemos eludir; las causas sagradas sirven también para eso: dan un enemigo culpable de todo, alguien destinado a sabotear nuestro destino de grandeza. ¿Y por qué se elude esa responsabilidad? Lo que más garpa en términos de política interna es que no se resuelva. ¿Por qué? ¿A cuánta gente le conviene más agitar la bandera del irredentismo que recuperar las Malvinas? Pensalo por un segundo. Fundaciones, partidos Porque la causa de Malvinas le permite a cualquier fuerza política poner una especie de argentinómetro. Bueno, entonces casi que les conviene más que eso no suceda nunca. Yo puedo afirmar con total tranquilidad que creo que las Malvinas son argentinas. ¿Creo que tenemos que pensar de la misma manera sobre cómo recuperarlas? No. ¿Creo que lo más importante es pensar qué país queremos que sea el que las recupere? Sí. ¿Y qué pasa cuando se habla del deseo de los isleños? ¿Hay pueblos originarios? No, hasta el día de hoy no se han encontrado. Por eso no se puede hablar de autodeterminación. Y, cuando se habla de los deseos de los isleños, es muy probable que digan que quieren ser británicos porque son descendientes de británicos. Pero primero llegaron los españoles y el primer asentamiento fue francés. Por eso es que el derecho argentino puede hablar de población implantada. Eso se puede ver en mi libro Breve historia de las Islas Malvinas, que, de alguna manera, condensa la historia larga de las Islas. ¿Qué ficciones en torno a Malvinas recomendás? La novela Las islas, de Carlos Gamerro, todavía no hay con qué darle. Y hay una gran novela de Fernando López, Arde aún sobre los años, que es la historia de cómo se vivió Malvinas en un pueblo del interior muy pequeño que tiene un centro cultural y uno de sus integrantes es marino del Belgrano. Y películas la mejor película sobre Malvinas, para mí, es La deuda interna, de Miguel Pereira. Y hay una película muy infravalorada, también, Los días de junio. Federico Lorenz presentará esta tarde Lunes a las 19 Fantasmas de Malvinas en la sala Ernesto Sabato del pabellón azul. Sobre la firma Newsletter Clarín
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