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  • A 40 años de Chernobil, la serie que venció a Game of Thrones y preguntó cuánto cuestan las mentiras

    Parana » NSA

    Fecha: 27/04/2026 12:11

    En mayo de 2019, mientras el mundo aún debatía el final de Game of Thrones, una miniserie de cinco episodios sobre el peor desastre en la historia de la energía nuclear alcanzó el primer puesto en IMDb. Chernobyl, producción de HBO y Sky, superó entonces a Game of Thrones, Breaking Bad y Planet Earth II en el ranking de usuarios. Siete años después, mantiene una calificación de 9,3 sobre 10, con más de un millón de votos, y continúa disponible en HBO Max. Sin dragones, solo un dosímetro cuyo sonido perturbador crrrr crrrrrr CRRRRRRRR advertía la presencia letal de radiación. Al principio, parecía un ruido de máquina descompuesta o una radio AM sin señal; luego se comprende que cuanto más estridente es ese sonido, mayor es el veneno en el aire. En una de las escenas más impactantes, varios niños juegan con una ceniza blanca que cae del cielo. A primera vista, parece nieve, pero en realidad es polvo radiactivo. La infancia juega inocente, mientras la muerte silenciosa penetra por la piel, la boca y los ojos. Tras la serie, se disparó el turismo atómico. Sergiy Ivanchuk, director de SoloEast, informó a Reuters que en mayo de 2019 el número de turistas que visitaron el reactor aumentó un 30% respecto al año anterior. Personas dispuestas a pagar entrada, recorrer la zona guiados y medir la radiación con dosímetros en un lugar del que muchos fueron expulsados para siempre. Este destino se encuentra en Ucrania, cerca de la frontera con Bielorrusia, a unos 110 kilómetros de Kiev. Para millones, Chernobyl volvió a la conciencia colectiva gracias a HBO: el reactor dañado, los bomberos enviados sin información, los burócratas que minimizan lo que no comprenden o ignoran, y una población que observa el desastre como un espectáculo. En medio de quienes huyeron, quienes miraron y quienes años después pagaron por entrar, emerge algo aún más inquietante que la ruina: el tiempo perdido mientras la verdad permaneció oculta. La fuerza de Chernobyl radica en lo físico. El dosímetro se descontrola, el grafito quema la piel, los bomberos intentan apagar un incendio común y caminan sobre restos del núcleo del reactor. Un hombre levanta un fragmento negro con la mano desnuda, ignorando que ese acto ya lo condena. El accidente ocurrió el 26 de abril de 1986 durante una prueba de seguridad en el reactor 4. La serie relata el desastre, pero su verdadero eje es la obediencia, la cobardía y el miedo a reconocer una verdad demasiado peligrosa para el Estado. El horror fue también burocrático y político: información errónea, órdenes absurdas e inflexibles, reuniones en las que se asegura que la radiación no es grave porque el aparato disponible no mide más alto. Antes de esta miniserie, ya existía Voces de Chernobyl, de Svetlana Alexievich, periodista bielorrusa y Premio Nobel de Literatura. Su libro recopila testimonios de viudas, soldados, científicos, campesinos y los liquidadores, hombres enviados a limpiar una catástrofe que nadie se atrevía a nombrar. La serie, creada y escrita por Craig Mazin, tomó de esa crónica oral gran parte de su fuerza narrativa. Entre las escenas más conmovedoras está la de una mujer que cuida a su esposo bombero en el hospital, sin comprender que su cuerpo también irradia peligro. La verdadera dimensión de Chernobyl está en esas personas comunes atrapadas en una tragedia que el Estado intentó reducir a partes oficiales, demoras burocráticas y mensajes tranquilizadores. La frase final del científico Valery Legasov, interpretado por Jared Harris, se convirtió en emblema de la serie: ¿Cuál es el costo de las mentiras?. La mentira permitió continuar una prueba que debía detenerse. Retrasó la evacuación y condenó a familias a respirar y vivir en un desastre invisible. Chernobyl sobrevivió a la avalancha de estrenos por su reconstrucción histórica, el morbo de la zona prohibida y, sobre todo, porque mostró de manera brutal cómo una mentira puede comenzar a matar. La pregunta de Legasov sigue vigente: ¿cuánto cuesta decir tarde lo que ya se sabía?

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