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  • Me sorprendió lo importante que era el sexo para ellos: qué descubrió una investigadora al entrevistar a 100 adultos mayores de 60 que buscan pareja

    » Clarin

    Fecha: 27/04/2026 09:16

    Me sorprendió lo importante que era el sexo para los participantes y lo entusiasmados que estaban con la idea de tener una relación sexual, dijo a Clarín la doctora Lauren Harris, autora principal del estudio The shop is not closed: sex and sexuality among older adult daters, publicado en The Journal of Sex Research en febrero. Se basó en entrevistas a 100 personas solteras (50 mujeres y 50 varones) de entre 60 y 83 años que utilizan plataformas de citas online. La investigación mostró que, a pesar de los cambios físicos, estereotipos y ciertas inseguridades, el deseo no desaparece, sino que se transforma. Harris, socióloga y profesora en el Departamento de Desarrollo Humano y Estudios de la Familia de la University of New Hampshire, se especializa en vínculos, sexualidad y envejecimiento. En diálogo con Clarín, explicó que los resultados delinean una redefinición del concepto de buen sexo en este rango etario: no hablan de rendimiento o intensidad, sino de conexión. El buen sexo era cualquier cosa que fuera placentera y los conectara con su pareja, dice la experta. Por eso, la investigación es cualitativa, es decir, no busca medir cuántos piensan de determinada manera, sino comprender cómo las personas interpretan y viven sus experiencias. Como la muestra se basa en personas que usaban sitios de citas online, es claro que estaban buscando una relación romántica. Por eso, Lauren aclara que es probable que los adultos mayores que no quieren salir con alguien tengan menor interés en el sexo. El foco estuvo puesto en cómo los adultos mayores solteros desean y construyen hoy sus vínculos afectivos y sexuales en el contexto de las apps de citas. Y las conclusiones cuestionan los estereotipos edadistas: la sexualidad no solo sigue presente, sino que ocupa un lugar central en la construcción de nuevos vínculos y desafía la idea de una vejez asexual. El deseo no desaparece: se adapta Muchos de los entrevistados buscan relaciones con intimidad física, no solo vínculos románticos o de compañía. Eso sí, cuentan que ese deseo no se expresa de la misma forma que en la juventud: cambian las expectativas y los ritmos. Lauren señala a Clarín: Estaban abiertos a tener relaciones menos frecuentes, a prácticas que no incluyeran penetración y a elegir posiciones según lo que su cuerpo les permitiera. Seguían muy interesados en tener una vida sexual, pero eran muy abiertos respecto de cómo definirla. No eran exigentes con la forma, siempre que fuera placentera. Si bien muchos dijeron sentirse más cómodos hoy que cuando eran jóvenes, numerosos entrevistados también plantearon inseguridades en relación a arrancar un nuevo vínculo: la última vez que estuvieron por primera vez con una nueva pareja tenían veintipico, por lo que les generaba nervios mostrarse ante alguien nuevo. - ¿Qué estrategias mencionaron los entrevistados para mantener la intimidad a edades avanzadas? - Para algunos, la estrategia era resolver cualquier dificultad para poder mantener la vida sexual que conocían; esto implicaba usar apoyos, como medicación para la disfunción eréctil o lubricantes sintéticos. Otros, en cambio, ampliaban la definición de sexo para adaptarse a los cambios que trae la edad. Las mujeres, especialmente, hablaban de que no necesitaban que todo pasara por la penetración, o al menos no exclusivamente, y que estaban abiertas a usar las manos o juguetes si el hombre tenía dificultades. También hubo quienes simplemente aceptaban que el sexo iba a ser distinto: probablemente menos frecuente y menos intenso que en la juventud. Tanto hombres como mujeres estaban, en general, conformes con esto y señalaban que, mientras el sexo formara parte de la relación, estaban abiertos a cómo fuera. - El estudio cuestiona la idea de que las personas mayores son asexuadas. ¿Por qué creés que este prejuicio sigue tan presente? - Durante mucho tiempo, la sociedad vinculó el sexo y la sexualidad con la reproducción y, por extensión, con la juventud y la belleza. A medida que las personas pierden la capacidad de reproducirse, se las percibe como menos sexuales. No solemos asociar lo atractivo con las canas o las arrugas. - ¿Qué impacto tiene esto en la vida emocional y sexual? - Este prejuicio tiene un impacto fuerte, porque muchas personas mayores internalizan esos mensajes y empiezan a verse a sí mismas como menos atractivas o sexuales. La mayoría no deja de tener sexo por eso, pero puede ser una barrera para iniciar una nueva relación. Algunos participantes contaban que la última vez que estuvieron con una nueva pareja tenían veintipico, estaban en forma y eran jóvenes, y que la última persona que los había visto desnudos era una pareja de décadas, que había envejecido con ellos. Les generaba nervios mostrarse ante alguien nuevo por primera vez. No es que renuncien al sexo, pero sí sienten cierta inseguridad. Además, este prejuicio también tiene efectos negativos porque muchos profesionales de la salud no hablan de sexualidad con personas mayores. Pueden asumir que no son sexualmente activas, sobre todo si están solteras, o que no hay nada nuevo si estuvieron décadas con la misma pareja. A su vez, muchas personas mayores evitan el tema por incomodidad. Sin embargo, la salud sexual es importante a cualquier edad. Las tasas de infecciones de transmisión sexual están aumentando en este grupo, por lo que es clave que quienes buscan nuevas parejas hablen con profesionales sobre sexo seguro. - Decías que apareció una necesidad de redefinir qué es el sexo para esta población. ¿Cómo definirías el buen sexo hoy, según esta investigación? - El buen sexo era cualquier cosa que fuera placentera y los conectara con su pareja. Estaban menos preocupados por la cantidad o la calidad en términos de rendimiento; no estaban tan enfocados en que fuera increíble o intenso. Querían un sexo con alguien que les importara y los hiciera sentir bien. No entrevisté a personas jóvenes, así que no puedo hacer comparaciones directas, pero los participantes dijeron que hoy son más abiertos respecto de lo que es el sexo que cuando eran más jóvenes. Son más flexibles en cómo definen el buen sexo, y entienden, por ejemplo, que las erecciones pueden ser menos firmes o más difíciles de lograr, que puede ser necesario usar lubricantes, o que el sexo puede ser oral o manual (no solo penetración). - El estudio se centró en personas mayores que usan plataformas de citas. ¿Cómo creés que las apps están cambiando sus vidas afectivas y sexuales? - Las apps permiten acceder a un grupo mucho más amplio de posibles parejas que el que tendrían en la vida cotidiana. También permiten conocer algo de la otra persona antes de hablar, aunque también abren la puerta a estafas. Para algunos, entrar al mundo online fue tranquilizador porque les mostró que hay muchas otras personas mayores solteras, que no son los únicos. No creo que cambien necesariamente las preferencias, pero sí los ayudan a conocer distintos perfiles y formas de vincularse, lo que les permite entender mejor qué quieren, y qué no. Algunos no encontraron a alguien que les interesara, pero para otros abrió oportunidades de citas y experiencias sexuales que de otro modo no habrían tenido. - ¿Qué preocupaciones aparecieron al volver a salir con alguien después de muchos años, tras un divorcio o viudez? - La principal preocupación era sentir que no sabían cómo salir con alguien hoy. No habían tenido una primera cita en veinte, treinta o cuarenta años y no sabían cómo manejarse. Sobre todo con las apps, que no existían cuando eran jóvenes, no tenían claro cuáles eran las normas. Intentaban aprender y hacerlo lo mejor posible, pero también aparecían situaciones incómodas, como quién paga la cita o si el hombre debería pasar a buscar a la mujer. Muchos hombres sentían que debían pagar, pero muchas mujeres preferían hacerlo ellas mismas, porque son independientes económicamente. También había diferencias en temas de seguridad: las mujeres eran más cautelosas con que alguien las pase a buscar, algo que muchos hombres no consideraban. Otros participantes expresaron inquietudes relacionadas al cuerpo y al sexo, ya que la última vez que alguien los había visto desnudos por primera vez era cuando tenían veintipico y sus cuerpos eran muy diferentes. Esperaban que la otra persona los encontrara atractivos o que fuera comprensiva si había dificultades sexuales. Sin embargo, esto no fue suficiente para impedir que los adultos mayores desearan tener relaciones sexuales: estaban nerviosos, ¡pero no demasiado! Sobre la firma Newsletter Clarín

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