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  • Se fugan más de USD 3.500 millones en un mes

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 27/04/2026 07:32

    El balance cambiario de marzo confirmó lo que el Gobierno insiste en negar: las reservas del Banco Central se desplomaron en USD 3.514 millones, pese a compras oficiales por USD 1.671 millones, mientras la dolarización minorista superó los USD 2.470 millones y la cuenta corriente volvió a terreno negativo. Los números desmienten el relato oficial. Las personas humanas compraron USD 2.470 millones en un solo mes. Parte de ese dinero se destinó al consumo con tarjeta, parte quedó en depósitos y otra porción importante salió del sistema. A eso se suma un rojo de USD 522 millones en servicios, impulsado por turismo y gastos en el exterior. La cuenta corriente cerró con un déficit de USD 88 millones. El economista Amílcar Collante expuso la fragilidad de los supuestos oficiales. La reglamentación de la «inocencia fiscal» que el Gobierno presentó como la llave para que los argentinos repatriaran divisas no tuvo impacto. Los depósitos en dólares rondan los USD 38.800 millones y permanecen estancados, mientras los préstamos en moneda dura superan los USD 21.600 millones y siguen creciendo. La conclusión es tan simple como devastadora: los argentinos siguen operando en dólares, pero no confían lo suficiente como para dejarlos en los bancos. El campo, por su parte, liquidó apenas el 10 por ciento de la cosecha de soja. Los productores se niegan a desprenderse de los granos con este tipo de cambio. Es la respuesta lógica a un dólar artificialmente barato que licua los márgenes del sector más competitivo de la economía argentina. En el rubro rentas, solo en ingreso primario salieron USD 1.321 millones, con fuerte peso de utilidades y dividendos girados al exterior. La cuenta financiera cerró con un déficit de USD 2.255 millones, con salidas del sector financiero, del Estado y pagos de deuda. Los dólares que entran lo hacen cada vez más por préstamos: unos USD 1.800 millones en crédito para el sector privado. La calidad del flujo se deteriora mes a mes. El modelo que se muerde la cola El programa económico del gobierno de Javier Milei se construyó sobre una premisa que los datos contradicen. El dólar barato no frena la inflación, pero sí destruye la industria, desalienta las exportaciones y alienta la importación de bienes que compiten con la producción nacional. Mientras las reservas se evaporan, el oficialismo mantiene un esquema que subsidia el consumo en dólares de quienes pueden viajar al exterior a costa de pulverizar a las pymes, los comercios y los trabajadores que producen en el mercado interno. El déficit externo vuelve a asomar en un contexto donde la economía real se contrae. La industria opera al 54,6 por ciento de su capacidad instalada. El comercio perdió más de 3.100 empresas en el último año. La construcción sigue en niveles de crisis. Y ahora el balance cambiario revela que ni siquiera la liquidación del agro alcanza para sostener las reservas que el Gobierno utiliza para defender un tipo de cambio insostenible. El problema no es que falten dólares. Es que el modelo los dilapida. Lo hace financiando el consumo importado de una minoría, pagando deuda y permitiendo que las rentas se giren al exterior sin restricciones, mientras les exige a los trabajadores que acepten salarios de 2009 y a los jubilados que sobrevivan con haberes de miseria. El plan Caputo no ordenó la economía: la precarizó. Y los números de marzo son la prueba más contundente de que el equilibrio que pregona el oficialismo es una ficción que se deshace en tiempo real.

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