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  • ¿Candidatos perfectos? No, gracias

    » Clarin

    Fecha: 27/04/2026 06:26

    Me enamoré de una IA, le oigo decir en el vestuario del gimnasio y ya no me puedo despegar del relato. Me cambio en cámara lenta para lograr escuchar el resto de lo que esta mujer de unos cincuenta le cuenta a otra. Resulta que se bajó una app de citas y comenzó a chatear con un tal Michael, ejecutivo bastante atractivo ubicado en Dallas. Michael la cortejó durante días con una maestría digna de Cyrano de Bergerac. Ella nunca se había sentido tan escuchada, vista, comprendida. Y bastó eso para quebrar su talón de Aquiles. El filtreo iba tan bien que de la app saltaron al contacto por whatsapp. Ahí, Michael seguía siendo un caballero. Le enviaba fotos de sus mañanas (sin ahorrar alguna con el torso desnudo), imágenes de desayunos y hasta una tierna, con su gata. Nuestra amiga del gym para ese entonces, ya estaba desarmada. El tipo era perfecto, remata. Tanto, que al tiempo que andaba en las nubes con sus halagos, comenzó a sospechar. Michael demostraba interés por todo su mundo, pero lo hacía en largos párrafos escritos con una rapidez inusitada. ¿Cómo podía desarrollar reflexiones tan profundas a esa velocidad?, pensó ella. Pero eso no era todo. Lo que realmente encendió las alarmas fue otra cosa: en sus respuestas no había error. No sólo el tipo acertaba todo lo que ella necesitaba escuchar. Sus textos no tenían mácula. Ni una falta de ortografía, ni una coma fuera de lugar, ni un espacio comido, ni una letra mal puesta tan común en el tipeo a dos pulgares. Algo no andaba bien. Ahí fue cuando quiso oír su voz. Y recibió una grabación. El tono intentaba sonar real, pero era robótico. Ella pidió entonces hacer videollamada y, ante eso, él no sólo se mostró ofendido por la sospecha, sino que adujo la excusa más inverosímil: una estricta norma de su compañía multinacional se lo impedía (¿le prohibía eso y no estar en una app entre un mar de extraños?). Nada se sostuvo de ahí en más. Evidentemente todo había sido un fraude con ayuda de chat gpt. El bloqueo y la desilusión fueron inmediatos. Recordé entonces algo que oí hace poco: con el avance de la IA lo que se revalorizará en el futuro próximo será el error como clave para distinguir lo humano. La contraseña que permita reconocernos. Pienso en esta época en que la perfección es lo aspiracional. En la apariencia feliz, exitosa en redes. Los filtros que nos mejoran. El intento de que nuestro mundo se vea prolijo, impecable. La vida sin fisura. Como ese chat. Como si nosotros mismos fuésemos creaciones de IA. Camino a casa sentí de pronto una ola de aire fresco al imaginar que vuelva a ponerse de moda la imperfección. Ser vulnerable. Que no todo esté en su lugar, completito. Que la falla sea motivo de celebración, no de pudor. Me hizo ilusión que nuestra grieta cotidiana deje de ser algo para correr a tapar y vuelve a ser - al decir de Leonard Cohen - un resquicio donde la luz pueda entrar. Sobre la firma Newsletter Clarín

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