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» TN
Fecha: 27/04/2026 05:16
Escondidos, sin abrigo y escuchando el paso de los guardias que patrullaban el circuito. Así pasaron la madrugada Lucho y Valen, los dos hermanos que se camuflaron entre los árboles y burlaron la seguridad con un plan: pasar la noche infiltrados en Palermo para ser los primeros en ver a Franco Colapinto. Llegaron desde Pablo Podestá cuando todavía era sábado y, para evitar que los echaran, hicieron del asfalto una cama improvisada. No llevaron mucho para el viaje: entre los objetos se destacaron una bandera argentina y un muñeco que soñaban ver firmado por Franco. Solo se aferraron a la ilusión. El primer desafío era transitar la fría noche que sorprendió a Buenos Aires. El pronóstico no era alentador y se preveía una llovizna que podía complicar la experiencia nocturna. Los hermanos no estaban solos. Además del grupo de personas que los acompañó en la travesía, un grupo de guardias ya estaba trabajando en la zona y preparando lo que iba a ser una jornada multitudinaria. El personal de seguridad tenía la orden de despejar el lugar para evitar retrasos en la logística. Las calles aledañas también comenzaban a cerrar y el espacio para pernoctar sin ser visto era cada vez menor. Tuvimos inconvenientes con la seguridad. Entramos, salimos. Intentamos cargar agua e ir al baño, siempre quedándonos frente a los boxes. Pasamos la noche con mucho frío y dormimos literalmente en el piso, le contaron a TN. Lucho y Valen casi pierden su lugar en la fila y la gente seguía llegando a la zona. Luego, se les ocurrió la idea de generar un vínculo de confianza con los guardias que antes los querían echar: Nos tuvimos que esconder entre los árboles para seguir. No había otra opción, no nos queríamos ir. El plan funcionó e incluso tuvieron acceso a zonas que no habían imaginado antes de subirse al tren que los dejó en Buenos Aires. Las personas que acompañaron a los hermanos cuentan que fue una noche difícil de transitar: Llegamos como a las diez de la noche. Estuvimos 10 horas esperando, fue muy difícil, pero el sueño y el hambre valieron la pena por la emoción que Franco nos hace sentir.
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