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Parana » Uno
Fecha: 26/04/2026 09:32
La librería escolar y comercial, y regalería, ubicada frente al Instituto Cristo Redentor es una referencia para varias generaciones, ya que suma 49 años de vida comercial. Su propietaria, Roxana Cavallo, rememora los tiempos del inicio por parte de sus padres, comenta las transformaciones del rubro, y opina sobre alumnos, docentes y educación. Cavallo: "Los docentes debieran dejar de exigir según las marcas" Charla con Roxana Cavallo, comerciante. La librería como juego. Biromes, cuadernos, alfombras y sidra. Cartas hacia Malvinas. La relación con los docentes. Carpetas artesanales ¿Dónde nació? En Paraná; me crié en calle Celestino Marcó, barrio Gazzano, y a los diez años mis papás compraron esta casa (en calle Deán Álvarez) con la idea de abrir una librería. ¿Qué características tenía Gazzano por entonces? Con calles asfaltadas y una sola luminaria por cuadra. Era lindo porque se jugaba en la calle y todos los vecinos eran amigos. Andábamos en bicicleta y jugábamos al carnaval con baldes y globitos. ¿Otros juegos? La rayuela, muñecas, saltar la cuerda, con las hamacas y la calesita, y los fines de semana inventábamos obras de teatro. ¿Lugares de referencia? La iglesia San José Obrero, que era sólo una capillita en medio del terreno donde está ahora. Había un tranvía donde comenzó el jardín de infantes. Se hacían festivales y ventas con cuyos fondos se construyó un aula para primer grado, y año a año se agregaron otros. Estaba lo Novello (Hermanos), la verdulería Corona y el almacén Mayorá. ¿Qué visión tenía del centro? Los fines de semana veníamos para hacer mandados y disfrutábamos. Desde los cinco años viajábamos en colectivo para venir al (Instituto) Cristo. ¿Qué actividad laboral desarrollaban sus padres? Mi papá trabajó 32 años en el Banco de Entre Ríos, donde se jubiló, y mi mamá, ama de casa, y se dedicaban a hacer, manualmente, carpetas escolares de dos tapas y con bisagra, distribuían a mayoristas de acá y de Santa Fe, y participaban en licitaciones de la municipalidad. Me animo a decir que el separador de materias lo inventaron ellos, ya que comenzaron a hacerlo con cartulina para nosotros. Y una librería mayorista local se los comenzó a pedir. ¿Por qué se les ocurrió el negocio? Mi papá, cuando joven, tuvo una librería no mucho tiempo, donde conoció a mi mamá como empleada, y luego dejó. Conocía el rubro, le apasionaba, era muy detallista y hacía encuadernaciones de fascículos. Un día nos vinieron a buscar a la escuela, preguntó por esta casa, le dijeron que estaba en venta y decidieron comprarla. Los agarró la (circular) 1.050, finalmente la compraron y la librería abrió en 1977. ¿Alguna relación, por el apellido, con el ex ministro? No, dicen que son primos muy lejanos, pero nunca tuvimos relación. Jugar a la librería ¿Sufrió el contraste? Sí, mucho, porque mis abuelos maternos vivían adelante, así que íbamos y veníamos porque jugábamos a las cartas. De noche era silencioso, en cambio acá no, por el tránsito, y nos costaba dormir. ¿Cómo era la zona? Cuando vinimos la vereda llegaba hasta donde ahora está el primer ensanche de la calle (Deán Álvarez) que se hizo en los 90, así que tranquilamente jugábamos ahí. Había una casa muy antigua donde vivía una viejita, muy culta, con dos perros, quien decía que estudiaba Derecho, aunque sólo iba a dar una vuelta por la facultad. Había pocos chicos pero los compañeros de la escuela a veces se quedaban. En los 70, donde hoy está el Registro Civil no estaba construido, era sólo una explanada con baldosas y un pequeño tapial descuidado, al fondo funcionaba el Club Argentino, y en las fiestas patrias ponían mesas largas y servían chocolate, gratis, para los alumnos del colegio. Más adelante se edificó un moderno edificio y funcionó Telecom. ¿Sentía una vocación? Decía que iba a ser peluquera y tocaba la guitarra, la cual estudié en la Escuela Santa Teresita. Estudié dos años de Derecho y dejé. ¿Qué materias le gustaban? Lo contable, aunque era vaga para estudiar. ¿Leía? Mucho; creo que tengo completa la Colección Robin Hood. ¿Cuál fue su primera relación con la librería? Nos encantaba y era como un juego. Mi papá compraba muchas revistas y con mis hermanas jugábamos a que las vendíamos. Mi mamá tenía sentido comercial y siempre veía la oportunidad. Más adelante, cuando volvíamos del colegio les ayudábamos y nos enseñaban, así que me crié detrás del mostrador. Docentes vagos ¿Por qué eligió Derecho? Lo hice sin pensar. Dejé y comencé a trabajar en un negocio céntrico de regalería y accesorios para el cabello, donde estaba muy cómoda, pero quería independizarme y progresar. Lo hice, ahorraba, traía artículos de Buenos Aires, compré una moto, y salí a vender regalería y cerámica, durante dos años. Tuve un accidente en la moto, comencé a analizar otras posibilidades, mi mamá quería dejar la parte de regalería, así que me la ofreció, comencé, hasta que me dijo que querían regalarme el negocio, porque estaba agotada, y que lo hablara con mi novio, quien trabajaba en Paranatex. Yo quería que ella siguiera; lo hablamos con mi novio y les ofrecimos comprarlo en 1993. Me pidió que la dejáramos estar en el negocio. ¿Por qué dejó de estudiar? Tuve buen promedio en el examen de ingreso pero los docentes faltaban mucho, no había continuidad e hice un par de materias de forma libre. Después se hizo tedioso ir y volver, sin tener clases. ¿Pensaba que el derecho tiene que ver con la justicia? Sí, era muy idealista y soy muy recta, aunque aceptando ciertos grises; pensaba que con un juicio todo y rápidamente se solucionaba. Pero no fue lo que tenía pensado en cuanto a dar justicia. De las frazadas al cuaderno para zurdos ¿Cómo era el negocio cuando comenzaron sus padres? Más que nada tenían librería escolar; nos conoció gente de Rosario y vendimos frazadas y alfombras, por metro, y botellones de sidra Real, juguetería y cerámicas. Todas las estanterías y el mostrador eran de madera encastrada artesanalmente. ¿Hizo modificaciones? Continuamos con casi todos los productos de librería escolar, lo cual cambió a lo largo del tiempo. Agregamos fotocopias, con una máquina enorme, dio resultado, la fuimos actualizando y agregamos otra. Por aquel entonces la gente era más atenta y tenía otros modales, así que se servían las golosinas por sí mismo, un sistema que retomamos el año pasado, más allá de que en una época dudamos en hacerlo. ¿Qué evolución tuvieron los productos y cuáles desaparecieron? La hoja de 25 líneas de contrato ya no se usa, porque la computadora cambió todo; teníamos la línea de tarjetería para cumpleaños y aniversarios de muchas empresas, y ya no sale, porque todo se imprime; la línea de marcadores y resaltadores, todos los meses se modifica y hay que ver si se vende. En cuadernos hay marcas que superan a Rivadavia, como el caso de Éxito, que tiene un gramaje mayor y una línea muy amplia. Rivadavia sacó una línea para chicos con alguna dificultad motriz, con los renglones el doble de ancho y el cuadro también bastante más grande. Éxito tiene un cuaderno para zurdos, que se abre hacia arriba, como igualmente lo hizo Maped con sus tijeras y compases. El sacapuntas cuchillito no se consigue, al igual que desapareció un cuadernillo de caligrafía con el sistema Bécquer para enseñar el abecedario con dibujos. La lapicera fuente con cartucho viene poco y en algunas escuelas la usan para caligrafía. ¿Cuáles fueron los más innovadores? Muchos, porque me gusta todo; la línea de biromes y marcadores es una belleza, por las formas y estética, al igual que los cuadernos. ¿Existen las figuritas? Sí, aunque no se venden mucho. Ya llegaron unas del mundial, están las de personajes de las películas, de Las guerreras K-Pop, Club Misterio y las clásicas Pokémon y Fortnite. ¿Se completan álbumes y hay premios? Sólo se coleccionan. ¿Anécdotas? Todavía existía el mostrador de madera, donde guardábamos papel afiche. Con mi mamá por cualquier cosa nos tentábamos de risa porque éramos muy compinches. Estábamos tentadas, viene un señor, pide papel afiche rojo, me agacho a buscarlo, mi mamá también porque estaba tentada, quedamos las dos abajo y no aparecíamos, hasta que me puse seria y aparecí. Una vez, preparando la vidriera con portarretratos, entra un señor joven y me dice señorita, quiero que saque esa foto de ahí porque es mi novia. Le dije sí, ya la saco,, lo hice discretamente y se fue. Era una foto que estaba en todos los portarretratos. A lo mejor no estaba en todos sus cabales. ¿Pedidos curiosos? De todo, por ejemplo yerba, que podemos tener. ¿Quiénes son los clientes más antiguos? Hay abuelas que vienen con los nietos y otros que pasan a saludar, porque son casi 50 años. Las hijas de la señora Fola, quien tenía mucho cariño por mi mamá, siguen viniendo con sus hijas. ¿Cómo se sobrelleva trabajar en matrimonio? Tuvimos que aprender a convivir con eso y diferenciar lo que pasa en el ámbito familiar y lo del trabajo. Las cosas del negocio no se hablan en la mesa, como la política. ¿Y lo de verse tanto? Nos complementamos bien porque soy muy explosiva y él, muy tranqui, con más paciencia y cede más. Docentes, economía y exigencias ¿Qué sucedió a la par del aumento de la pobreza, en cuanto a lo que exigen los docentes ? Son más permisivos y antes eran más estrictos, pero hay quienes no se actualizan con las marcas, como quienes exigen Rivadavia, que es un poquito más caro mientras que hay otro mejor y más barato. Lo mismo con la denominación y medida de los mapas, que piden planisferio tipo pupitre, lo cual depende del que tenga el alumno (risas). ¿Dejó de comprarse algo? No, los docentes siguen exigiendo y a veces cuesta creer que pidan determinada marca. Hay que ser más flexible, en función de la economía, y porque también ellos son papás. ¿Por qué lo de las marcas? No sé; estimo que porque el docente conoce esa marca pero, por ejemplo, de biromes hay diez. Debe haber otra igual o parecida adaptada al bolsillo del papá, ya que la escritura no varía según una marca u otra. A una mamá le devolvieron útiles porque no eran de la marca exigida. O porque no son de determinado color. ¡No puede ser! ¿Cómo fue la participación en la campaña de La Delfina? Nos llamaron para saber si queríamos colaborar con kits para escuela primaria y precios inferiores a los de venta. ¿Funcionó bien? Esperé que fuera mejor, aunque si nos invitan para el próximo año tengo pensadas otras cosas para el cliente y que se sienta gratificado con lo que lleva. ¿Tiene relación con docentes? Sí, en general. ¿Qué percibe en cuanto a lo educativo? Hay menos educación; el docente lo intenta pero no tiene elementos y dónde buscar material. Se abre Google pero no hay contenido rico e importante que al chico le atraiga. Piden una foto sobre el globo terráqueo y todos llevan la misma, porque es la primera que aparece en Google. El hablar de los chicos es muy limitado, porque están acostumbrados a comunicarse con símbolos en el teléfono. ¿Cuándo se agravó? A partir de la pandemia, por el desarrollo de las redes. ¿Qué cambió con la digitalización? Desde fines de los 90 las ventas se hacen desde páginas digitales y no viajábamos tanto, salvo a exposiciones, lo cual ahorra tiempo. También en cuanto a los apuntes, porque la gente desde su casa los envía y no necesita venir a dejarlos. Federales y trueque ¿Cuáles fueron las etapas económicamente más complicadas? En la etapa de mis padres, los 70, la economía era más tranquila; en los 80 hubo muchas crisis y mi papá decía que había que estar bien parado, eran muy estrictos, no se compraba más de lo que se vendía y se guardaba. No había tarjeta de crédito ni bancarización, y ahora en este sentido tenemos lo mínimo. ¿Estuvieron por cerrar alguna vez? No, pero el local estuvo vacío, cuando la 1.050 y por un crédito que sacaron para pagar la casa. Salía plata y no entraba. Fue muy difícil y toda la economía estaba mal. Los proveedores nos ayudaron muchísimo. ¿Y durante este siglo? Con los federales fue muy difícil porque los recibíamos y había que pagar con pesos. En cuanto a las compras domésticas, íbamos a las ferias de trueque y llevábamos mercadería de acá para cambiarla por frutas y verdura. Nos repusimos y seguimos adelante. Malvinas, las cartas y cuando dios era argentino Cavallo, interrogada sobre si escribía por dedicarse a un rubro que provee artículos para hacerlo, manifestó su afición por las cartas y puntualizó sobre las escritas en un período trágico de la historia argentina. ¿Escribe? Cuando era joven; muchas cartas, que también envié a soldados en Malvinas y a quienes pude conocer. ¿Por qué les escribió? Estaba en la secundaria y la profesora de Historia, Graciela Cafe, lo propuso. Algunos respondieron y mantuvimos la continuidad, como el caso de José Luis Villarreal, con quien luego nos conocimos, y Oscar Oyarzum, de Santa Fe, quien un día también apareció por acá. ¿Recuerda el tenor? Contábamos lo que nos pasaba, lo que hacíamos en la escuela, preguntábamos cómo estaban, decíamos cómo nos imaginábamos las islas, que íbamos a ganar la guerra (se emociona) y que dios era argentino, pero no podíamos hablar de política porque sabíamos que las abrían. José Luis era payador, vivía en el campo, y tengo muchos de sus versos y canciones. A veces algunas eran devueltas con un sello de soldado desconocido, así que pensábamos que no lo encontraron o que ya no estaba. ¿Deducía algo en las entrelíneas? No, porque sabían lo que podían escribir y lo que no; eran personales y decían que estaban bien, que la noche era fría y tomaban un cafecito. Suponíamos que no era cierto; le decíamos que mandamos chocolates, que hicimos campañas, y que tejimos chalinas y bufandas para ellos. ¿Participó de ello? Con la escuela; había una señora muy conocida que hacía bufandas, y nosotros las envolvíamos y preparábamos para llevarlas al correo. ¿Cuál fue la recibida más próxima a la rendición? Cuando llegó a su casa José Luis Batalla, de Formosa, nos dijo que estaba bien y que perdonáramos que no escribía muy seguido. Comenzamos a entender que no estaban preparados para la vuelta, porque sentí que había cosas de las que no quería hablar. Hice un par de cartas más, no respondieron y respeté el silencio, porque no pude saber cómo llegaron, salvo cuando vinieron acá.
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