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  • El legado de Francisco y el protagonismo de las nuevas generaciones en la Iglesia de Gualeguaychú

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 26/04/2026 08:02

    Bajo el lema Cuidas mi vida joven, el XXXVI Encuentro Diocesano reunió ayer a jóvenes de la ciudad y alrededores en un espacio de comunidad, escucha y sentido compartido. En un contexto marcado por nuevas formas de acercamiento a la fe, el evento puso en primer plano el rol activo de las juventudes en la Iglesia Católica local. El fin de semana pasado, una escena poco habitual en la Plaza de Mayo volvió a poner en discusión el vínculo entre la Iglesia y las nuevas generaciones. El sacerdote portugués Guilherme Peixoto encabezó un multitudinario evento en el que combinó música electrónica con mensajes religiosos y fragmentos de discursos del papa Francisco, en el marco de un homenaje a un año de su fallecimiento. La propuesta, abierta y gratuita, reunió a miles de jóvenes en un formato más cercano a un festival que a una celebración tradicional. Más allá de lo llamativo del formato, el evento reflejó un cambio más profundo dentro de la Iglesia: la búsqueda de nuevos lenguajes para acercarse a los jóvenes. La música, la experiencia colectiva y la ocupación del espacio público aparecen como herramientas para generar pertenencia en una generación que muchas veces se siente distante de las estructuras religiosas más clásicas. Este giro tiene una relación directa con el legado de Francisco, quien durante su pontificado insistió en la necesidad de salir hacia las periferias, incluso las culturales, y de construir una Iglesia más abierta, cercana e inclusiva. Otra lectura interesante que intuye un renovado acercamiento a la fe por parte de los jóvenes es la que plantea la activista socioambiental Mercedes Pombo en su reciente entrega del newsletter Naturaleza de Derechos. En su texto titulado ¿Los jóvenes están volviendo a Dios? Pombo aduce que esto podría tener que ver con una reacción frente a la fragmentación del sentido y la saturación del individualismo contemporáneo. En un contexto donde todo parece reducido a la lógica del consumo, la autoexigencia y la construcción permanente de una identidad individual, muchas veces mediada por lo digital, emerge una necesidad más profunda: la de pertenecer a algo que trascienda lo inmediato y lo personal. La propuesta cristiana, especialmente en la línea impulsada por el papa Francisco, aparece entonces como una alternativa que no solo ofrece espiritualidad, sino también comunidad, historia y un horizonte compartido. Frente a una vida marcada por la precariedad, la incertidumbre y la falta de proyección, la fe vuelve a presentarse como un espacio donde reconstruir vínculos, recuperar raíces y encontrar un sentido que no dependa exclusivamente del éxito individual, sino de la relación con los otros y con un proyecto común. Este contexto y las reflexiones que habilita sirven como disparador para remitirnos al plano local y ahondar en el rol que tienen hoy los jóvenes en la Iglesia Católica de Gualeguaychú. En ese sentido, Ahora ElDía indagó en el XXXVI Encuentro Diocesano de Jóvenes que se realizó ayer en la ciudad y habló con dos de sus protagonistas y organizadores: Matías Padilla y Tiago Ramírez, oriundos de Gualeguay y Gualeguaychú, respectivamente. Bajo el lema Cuidas mi vida joven, la jornada organizada por la Pastoral Juvenil y Vocacional reunió a jóvenes mayores de 18 años de toda la diócesis con el objetivo de fortalecer la fe, fomentar el encuentro entre pares y generar cercanía con el obispo diocesano, Héctor Zordán. Las actividades comenzaron en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, donde los jóvenes partícipes fueron recibidos por el obispo para luego peregrinar hasta el Instituto Sedes Sapientiae, donde se desarrollaron las actividades centrales entre el mediodía y la tarde. Posteriormente, se realizó una procesión hacia la parroquia Santa Teresita y una misa de cierre. La jornada tuvo por cierre una propuesta gratuita y abierta a toda la comunidad: la presentación de la popular cantante católica oriunda de Paraná Verónica Sanfilippo, la cual fue acompañada por un momento de adoración y alabanza. Tener estos encuentros siempre es importante para la vida espiritual de los jóvenes. Se trata de espacios en los que, además de reunirnos y compartir un lindo momento, nos encontramos principalmente con Dios y lo vivenciamos en los gestos y palabras de nuestros hermanos, dijo Matías, y resaltó que en los tiempos que corren, esto adquiere especial importancia ya que los jóvenes nos encontramos buscando cada vez más el sentido de nuestra vida. Esto se vio reflejado en las encuestas realizadas previamente al encuentro. Necesitamos reafirmar la idea de que Dios cuida nuestra vida joven y le da sentido dentro del plan que tiene para nosotros, añadió. Por su parte, Tiago puso el foco en que estos encuentros demuestran lo importante que somos los jóvenes, no solo en nuestra Iglesia, sino también en la sociedad. Es común escuchar la juventud está perdida, y no lo está, hay que salir a buscarla solamente. Y estos espacios son para eso, para que todos los jóvenes encontremos nuestro lugar y seamos escuchados. Algunos dicen los jóvenes son el futuro pero también somos el presente, como decía el papa Francisco, marcó. Respecto a la figura del papa Francisco y su llegada hacia la juventud argentina, Matías señaló que todo papa nos muestra a Dios con su carisma propio y su persona, y en el caso de Francisco, muestra el rostro de un Dios misericordioso y sencillo, que acoge a toda persona que lo busca y cree especialmente en el joven. Es un Papa que acercó y seguirá acercando a muchos jóvenes a la Iglesia, y nos entusiasmó a ser testigos de Dios con frases como Hagan lío o Ustedes son el ahora de la Iglesia. Además, no dudó en mostrarse como argentino, con todo lo que nuestra cultura implica. Esto último provocó que su mensaje tuviera especial aprecio y llegada en nuestro país, observó. Tiago coincidió en la importancia y vigencia actual de Francisco, y destacó que es un ejemplo de servicio y entrega a Dios, de dejar nuestra comodidad y salir a buscar a más jóvenes que necesitan de Jesús. Sin irnos muy lejos, en nuestra ciudad muchos necesitan de Él. El papa Francisco decía que la Iglesia está abierta para todos, y es así; con nuestros errores y defectos, Jesús va a nuestro encuentro siempre con los brazos abiertos, expresó. Tradicionalmente, Gualeguaychú se destacó como una ciudad con gran participación de jóvenes en grupos parroquiales y de Acción Católica, innovando y logrando buena convocatoria en encuentros y retiros como Pascua Joven y Gualeguaychú es Navidad, por nombrar algunos. Hoy por hoy, este espíritu sigue presente. Los jóvenes cada vez adquieren mayor relevancia y unidad en la Diócesis, y Gualeguaychú no es la excepción, aseguró Matías. Si bien estaría bueno generar cada vez más espacios y opciones, hoy en día contamos con diferentes alternativas para vivir nuestra vida de fe en comunidad. Hay varios grupos misioneros y parroquiales, grupos de espiritualidad, grupos para universitarios, entre otros. También son de edades varias, en algunas comunidades desde los 7 u 8 años, extendiéndose hasta la plena juventud. Algo a destacar es que los jóvenes hoy no se quedan en una sola comunidad dentro de su ciudad si no que van viviendo su fe en otras más, sintiéndose parte de una misma Iglesia. Además, a nivel diocesano se realizan diferentes eventos que se realizan cada año y nos muestran que todos somos parte de la misma Iglesia Diocesana, tales como el Encuentro de Jóvenes, el Encuentro de Adolescentes o la Misión Diocesana, explicó. Por su parte, Tiago también mencionó estos encuentros y la diversidad de grupos, a los cuáles sumó los de Infancia y Adolescencia Misionera y de Scouts. Destacó el lugar preponderante de los jóvenes en la Iglesia y mencionó que hoy tienen además un espacio para participar de los consejos pastorales parroquiales, lo cual suma para que los jóvenes se sientan tenidos en cuenta en sus comunidades. Y concluyó: Quiero decirles a los jóvenes que se animen a buscar a Cristo. Es una búsqueda constante y no nos soluciona todos los problemas, pero nos da las herramientas para superarlos, hacerlos más sencillos. En estos encuentros y comunidades encontramos amistades que duran para toda la vida, nos encontramos con personas que hablan el mismo idioma y que están necesitados de Jesús. El demostrar que uno lo necesita es mostrar fortaleza. Es algo hermoso y simple. Otro de los organizadores del encuentro fue el Padre Juan Pablo Martinolich, quien también conversó con este medio y remarcó que, más allá de priorizar el encuentro con Jesús, estos espacios también son de encuentro entre jóvenes, para que puedan escucharse entre sí y nosotros a ellos, y puedan contarnos la realidad que están viviendo. En ese sentido, comentó que antes de comenzar con la organización del encuentro se enviaron encuestas para saber qué temas querían que se trabajaran en la jornada. Salió mucho el tema de las adicciones, de los suicidios, de ver la realidad del joven, de cómo ser escuchados. Los jóvenes piden mucho ser escuchados, no solamente acá, sino que también lo vimos en el Encuentro Regional de Jóvenes que se hizo el año pasado. En base a todo eso diagramamos el encuentro. Por eso se llama Cuidas mi Vida Joven, que un poco va a referido a Jesús, pero también para ver, nosotros como adultos y entre ellos, cómo cuidar ese tesoro tan grande que es la juventud, contó y agregó: El papa Francisco nos pedía en este contexto actual que tengamos la cultura del encuentro: escucharnos, vernos a los ojos, sentarnos y charlar. Ver que cuando nos unimos podemos lograr cosas grandes. Es importante encontrarnos entre nosotros y con Dios. Por eso estos espacios son relevantes y tratamos de que la invitación llegue a todos los jóvenes, no solamente a quienes ya participan de comunidades. Hagan lío: el pedido de Francisco a los jóvenes para transformar la Iglesia Probablemente sea uno de los mensajes más recordados del papa Francisco hacia la juventud, o al menos la primera de tantas frases que interpelaron a la Iglesia joven y al catolicismo en general. La dijo en 2013, durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, y desde entonces se convirtió en una especie de consigna dentro de la Iglesia. Pero con ella el por entonces recién elegido Papa no se refería a provocar caos sin sentido, sino a sacudir la comodidad. Francisco invitaba a los jóvenes a no ser pasivos, a no quedarse encerrados en una fe rutinaria o individual, sino a salir, involucrarse y transformar la realidad. Hacer lío implicaba cuestionar lo que no funciona, comprometerse con los demás y animarse a incomodar incluso dentro de la propia Iglesia si eso ayudaba a renovarla. También tenía un fuerte sentido social: el Papa pedía a los jóvenes que se metieran en los problemas concretos: la pobreza, la exclusión, la injusticia, y que no miraran desde afuera. En su lógica, una Iglesia viva es una Iglesia en movimiento, con jóvenes activos, creativos y comprometidos. Con el tiempo, la frase quedó como un símbolo de su estilo: una Iglesia menos rígida y más dinámica, donde los jóvenes no solo participan, sino que empujan cambios. En ese marco, iniciativas más innovadoras, como encuentros juveniles, actividades en el espacio público o propuestas culturales distintas, pueden leerse justamente como una forma concreta de ese lío que Francisco proponía.

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