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Fecha: 26/04/2026 05:34
Lo que está y no se usa nos fulminará, lo que está y no se usa nos fulminará, cantaba Luis Alberto Spinetta en Elementales leches. Quienes conocemos su poesía sabemos cuánta verdad condensada hay en sus versos. A medida que nuestra vida avanza, regresamos a esas canciones y comprendemos nuevas dimensiones de cada una de sus frases. Es esa sabiduría que deja legado en nuestro inconsciente y aguarda el momento justo para volver a emerger. Las canciones creadas con alma contienen esa magia. De pronto nos sorprendemos tarareándolas y nos damos cuenta de que los mensajes que necesitamos están ahí. Otras veces, el destino nos las trae con picardía, como un guiño que acompaña el movimiento hacia una nueva dirección. Los dones, los talentos, los privilegios y todo lo que se nos ha concedido necesitan ser compartidos. Lo que está y no se usa nos fulminará es una verdad que puede servir de guía para todas las personas que hace ya mucho tiempo descubrieron sus talentos, que conocen sus dones y su aporte único, pero aún esperan el momento correcto para compartirlos. Son diferentes de las que vemos en las redes sociales. En general, no sienten la necesidad de buscar un propósito, porque lo llevan con ellas, lo viven a diario. No les hace falta contar sus pequeñas grandes acciones ni sus momentos de revelación a seguidores. Incluso les resulta incómodo y hasta gracioso cuando alguien les sugiere convertir eso en un emprendimiento, en un producto monetizable o en su marca personal. También hay muchísimas personas que nunca terminan de autovalidarse ni de darse permiso. Se autolimitan, desconfían de sí mismas, se boicotean. No importa lo que hagan: sienten que nunca es suficiente y que lo que tienen no es digno de ser compartido. Por eso viene el Flaco a recordarnos que lo que está y no se usa nos fulminará. En distintas corrientes del esoterismo, esto se llama karma de omisión. Los dones, los talentos, los privilegios y todo lo que se nos ha concedido necesitan ser compartidos. Probablemente ese sea su propósito mayor. Después de todo, tú eres tu única muralla, cantaba Spinetta en Resumen porteño. Para quienes aún no se atreven a asumir sus dones ni a compartirlos, ese verso funciona como un recordatorio diario: Si no te saltás, nunca darás un solo paso. De eso se trata este tiempo único al que decidimos pertenecer. Tenemos la oportunidad de dar un paso más allá de nosotros mismos, y de nosotros mismos más allá. Hay viento a favor para atrevernos, al fin, a experimentar y a compartir lo que somos, para que los caminos se abran hacia tierras hasta ahora inimaginadas. No importa si no hay estrategia, ni visión, ni claridad. Con lo que tenemos. Con todo lo que nos hace quienes somos: la experiencia, la intuición, la fuerza, la fe, la gracia de estar vivos. Podemos seguir las migas de pan que dejó el Flaco en sus canciones y saber que pronto podremos cantar más fuerte, sin que importe el tono ni el volumen: Y curé mis heridas y me encendí de amor y quemé las cortinas y me encendí de amor, de amor sagrado. Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo. Seguro eso ya nos sucedió alguna vez y sabemos lo que es sentirnos sostenidos por un amor que no se puede describir con palabras. Nos envuelve la confianza, la vida se ordena a fuerza de sincronías y una paz nos permite accionar desde otro lugar. Hay una fuerza renovada, difícil de entender con nuestras pequeñas lógicas cotidianas, que nos hace recuperar la esperanza cuando sentimos que la noche llega y tal vez mañana no exista el tiempo con sombras. Leé también: Mi propia versión del optimismo: ¿para qué vamos a usar nuestro fuego sagrado? ¿Cuántos somos los que sabemos que la lluvia borra la maldad y lava todas las heridas de tu alma y que, más pronto que tarde, de ti saldrá la luz: tan solo así serás feliz? Que seamos cada vez más quienes sintamos que el tiempo por venir nos guarda tesoros inimaginables, aventuras y conquistas para vivir con paz en el corazón. Que la misma energía y toda nuestra historia nos permitan sostener un movimiento de resistencia interna para recordarnos lo esencial: Aunque me fuercen, yo nunca voy a decir que todo tiempo pasado fue mejor ¡mañana es mejor!. Que así sea.
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