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  • La industria argentina se desploma 8,7% y el Gobierno ratifica el rumbo

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 26/04/2026 02:11

    La industria argentina se desploma 8,7% y el Gobierno ratifica el rumbo: lo que nadie quiere ver en los datos del EMAE de febrero 2026 El INDEC confirmó la primera caída interanual de actividad en 14 meses. La manufactura perforó los mínimos de la recesión de 2024 mientras el Presidente descarta cualquier corrección de política económica. Los datos que anticipan lo que viene. Los números del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de febrero 2026 no admiten lecturas complacientes. La economía argentina cayó 2,1% interanual, la industria manufacturera se contrajo 8,7% y el comercio retrocedió 7,0%. Son cifras que marcan un punto de inflexión: la recuperación que el oficialismo exhibió durante buena parte de 2025 se agotó, y lo hizo de la peor manera posible con el aparato productivo en retroceso y sin instrumentos de política económica orientados a revertir la tendencia. El dato que cambia la conversación La contracción de febrero no es un accidente estadístico ni un efecto de base comparable. El índice desestacionalizado registró una caída de 2,6% respecto a enero, la mayor variación mensual negativa desde diciembre de 2023, cuando el shock inicial del programa de ajuste golpeó la actividad de lleno. La serie tendencia-ciclo apenas muestra una variación de 0,1%, lo que equivale a estancamiento técnico desde julio de 2025. El acumulado del primer bimestre ya es negativo: -0,2%. Apenas tres meses atrás, 2025 cerraba con un acumulado de +4,4%. La velocidad del deterioro no tiene precedentes recientes fuera de episodios de crisis aguda. Manufactura: debajo del piso de 2024 El registro más preocupante del informe es el comportamiento del sector industrial. La caída de 8,7% interanual en febrero no es un dato aislado: la manufactura acumula ocho meses consecutivos de contracción, con una aceleración progresiva que llevó las tasas negativas desde el -1,0% de julio de 2025 hasta el desplome actual. El índice sectorial alcanzó 98,5 puntos en febrero de 2026 por debajo de los 102,7 puntos de febrero de 2024, cuando la economía transitaba el piso más profundo de la recesión post-ajuste. La industria argentina no solo devolvió íntegramente la recuperación del año pasado sino que perforó mínimos que se suponían superados. Este dato, por sí solo, debería encender todas las alarmas de política económica. La economía partida: extractivismo versus producción La desagregación sectorial revela una fractura estructural que los promedios disimulan. Los sectores que crecen pesca (+14,8%), minería (+9,9%), agro (+8,4%), intermediación financiera (+6,0%) son actividades de baja generación de empleo formal urbano, escaso encadenamiento productivo interno y alta dependencia de variables exógenas como precios internacionales y condiciones climáticas. En la otra cara, los sectores que concentran la mayor proporción de empleo privado registrado manufactura y comercio restaron conjuntamente 2,17 puntos porcentuales al EMAE. La caída simultánea de electricidad, gas y agua (-6,0%), que funciona como proxy del consumo energético productivo, y de la recaudación por impuestos netos de subsidios (-4,2%) refuerza la lectura de una economía cuyo nivel transaccional se deteriora de manera generalizada. El patrón configura un proceso de reprimarización acelerada: el PBI crece donde no genera empleo y se contrae donde lo sostiene. El Presidente ratifica: no habrá segunda fase En este contexto, la señal política más relevante de las últimas horas no proviene del INDEC sino del propio Presidente. A través de sus redes sociales, ratificó el rumbo del programa económico sin matices ni concesiones, descartando cualquier componente de política industrial activa, estímulo crediticio o intervención sectorial orientada a la reactivación productiva. La decisión tiene consecuencias analíticas concretas. Si el Gobierno excluye de su caja de herramientas los instrumentos de desarrollo productivo crédito dirigido, política de competitividad, estímulos a la inversión industrial, recomposición de demanda interna la contracción manufacturera no tiene mecanismo endógeno de reversión dentro del esquema vigente. El tipo de cambio apreciado erosiona competitividad exportadora e importadora, el crédito privado permanece estancado en torno al 15% del PIB, y la demanda salarial real no recupera niveles previos al ajuste. Lo que anticipan las bases de comparación El panorama hacia adelante agrega un factor agravante. Las bases de comparación interanual del segundo trimestre de 2025 son excepcionalmente elevadas: el EMAE registró variaciones de +7,8% en abril, +5,2% en mayo y +6,3% en junio. Mantener los niveles actuales de actividad contra esas bases arrojará caídas interanuales mecánicamente significativas durante los próximos meses. Los indicadores adelantados disponibles para marzo y abril producción industrial, despachos de cemento, recaudación de IVA DGI no sugieren un rebote que altere esta trayectoria. El dilema que los datos imponen Argentina enfrenta una tensión que su historia económica conoce bien: la estabilidad nominal puede coexistir con el estancamiento productivo durante un período, pero la sostenibilidad política y social de esa coexistencia tiene límites temporales concretos. Un esquema que estabiliza precios al costo de destruir capacidad industrial y expulsar empleo formal no configura un programa económico completo configura una fase incompleta que requiere complementación. Sin una segunda etapa que incorpore instrumentos activos de desarrollo productivo, competitividad y crédito, el riesgo de consolidar una estructura económica reprimarizada deja de ser una advertencia analítica para convertirse en el dato que el INDEC publica cada mes.

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