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  • Crecen las ventas de Red Bull, Monster y Speed, como los cuestionamientos por el consumo creciente de menores

    Parana » Cuestion Entrerriana

    Fecha: 25/04/2026 18:31

    En una nota que pone el foco en un fenómeno en pleno auge, el consumo de bebidas energizantes entre niños y adolescentes aparece cada vez más cuestionado por sus efectos sobre la salud, a la luz de nuevos estudios que las vinculan con daños severos en distintos órganos e incluso con casos de muerte. El segmento de las bebidas energizantes alcanzó en Argentina entre 503 y 516 millones de dólares en 2024-2025, con un consumo estimado de 125 millones de latas al año. Esto equivale a 2,3 litros per cápita, según datos de la Cámara de Fabricantes de Alimentos Dietéticos y Afines (CAFADyA). Para un producto en alza a nivel global, puede sorprender que estos números se consideren todavía bajos: la crisis económica moderó el despegue esperado. Aun así, se proyecta para el país un crecimiento anual compuesto de entre 3,5% y 9,1%, y las consultoras señalan que Argentina representa el mayor potencial de Sudamérica hasta 2031. En ese escenario, distintas marcas se disputan el mercado: Speed fue la primera en instalarse y domina el segmento medio-bajo, mientras que Monster y Red Bull concentran el consumo en la gama alta. De bebida medicinal a uso recreativo masivo El energizante nació en Japón en los años sesenta, concebido originalmente como bebida medicinal: un medio para optimizar el rendimiento laboral en una cultura fuertemente orientada a la productividad. Con el tiempo, su uso se expandió al terreno recreativo, pero el concepto de rendir más sigue vigente. Estas bebidas concentran altas dosis de cafeína y, según la marca, incorporan taurina, guaraná y otros compuestos estimulantes. Hoy las consumen personas de todas las edades para soportar extensas jornadas de trabajo, estudiar de noche o intentar mejorar el rendimiento deportivo. Sin embargo, el beneficio real para esos objetivos es, como mínimo, dudoso. Popularidad creciente entre chicos y adolescentes Las bebidas energizantes en rigor, estimulantes, término que la industria evita pero que la OMS considera más preciso ganan terreno en sectores cada vez más jóvenes de la población, incluso en la niñez. Los adolescentes las eligen por motivos diversos: aumentar rápidamente los niveles de energía, mejorar el estado de alerta, rendir mejor en la escuela o en el deporte. Un energizante puede ser tan bienvenido en una fiesta como en una noche de estudio. Ese aumento del consumo impacta directamente en la cantidad de jóvenes que terminan en guardias médicas por efectos adversos, advierten los especialistas. Efectos colaterales: de la taquicardia a cuadros graves Los efectos más leves y conocidos incluyen ansiedad, trastornos gastrointestinales, deshidratación, nerviosismo y taquicardia. Pero a medida que el consumo se instala, también avanza la evidencia científica. Un estudio italiano de 2023 un meta-análisis que reunió gran cantidad de trabajos previos revela efectos graves y complicaciones severas asociados al consumo de energizantes. Según ese trabajo, estas bebidas pueden producir daño en distintos órganos y derivar en cuadros como rabdomiólisis, lesión renal aguda, fibrilación ventricular, convulsiones, manía aguda, accidente cerebrovascular e incluso la muerte. Los artículos incluidos en el meta-análisis se dividieron en 7 grupos de efectos adversos: cardíacos (35 artículos), gastrointestinales (12), neurológicos (18), renales (7), ginecológicos (2) y autoinmunes y cutáneos (2). La cafeína y el azúcar, en el centro de la escena El principal factor de riesgo es la alta dosis de cafeína, una sustancia estimulante que no está sometida a fiscalización internacional. Se considera alto contenido de cafeína a un aporte superior a 15 miligramos por cada 100 mililitros de bebida, dato que debe informarse en el etiquetado (mg/100 ml). En promedio, las bebidas energizantes contienen 32 mg de cafeína cada 100 ml, y algunas superan esa cifra. Si bien un café de filtro puede tener una concentración mayor, el problema está en la ingesta total y la forma de consumo. Mientras casi nadie tomaría varias tazas de café seguidas con una gran cantidad de azúcar, una lata de 473 cc de Monster puede aportar hasta 160 mg de cafeína y 54 g de azúcar sin llamar la atención. Más aún, está normalizado que un adolescente consuma dos o más latas en una sola noche de fiesta, lo que dispara la dosis total de cafeína y azúcar muy por encima de lo recomendable. Europa endurece controles y Argentina queda rezagada Mientras tanto, España anunció en febrero la prohibición de venta de estas bebidas a menores de 16 años, en línea con decisiones similares adoptadas por otros países europeos. Además, se limitará el acceso de los menores de 18 años a productos que no superen los 32 mg de cafeína cada 100 ml, una dosis que, de todos modos, es elevada y coincide con la máxima permitida actualmente en Argentina. El motivo de la inminente regulación española es claro: casi 4 de cada 10 chicos de entre 14 y 18 años declaró haber consumido bebidas energizantes en el mes previo, según la encuesta ESTUDES, un relevamiento anual y anónimo sobre consumo de drogas que realiza el Estado español entre estudiantes secundarios. En varios países europeos, además, la venta de energizantes se restringe exclusivamente a farmacias. En Argentina, en cambio, son técnicamente de venta libre. Algunas provincias y municipios cuentan con normativas locales que limitan su comercialización, sobre todo en boliches. Sin embargo, el marco general sigue siendo la libre disponibilidad. En 2005, la ANMAT dispuso un límite de 20 mg de cafeína (disposición 3634/2005), equivalente al estándar de las gaseosas comunes del Artículo 1000 del Código Alimentario Argentino. No obstante, las marcas líderes como Monster, Speed y Red Bull reaccionaron y lograron un marco específico para las llamadas bebidas energizantes analcohólicas con cafeína y taurina (Artículo 1388 del Código Alimentario Argentino). Hoy, todas alcanzan los 32 mg de cafeína por cada 100 ml, el máximo permitido. La única advertencia visible para el consumidor son los sellos frontales que alertan por excesos de cafeína, azúcar, calorías y edulcorantes. A los 11 o 12 años se consumen con validación de los padres Consultada sobre el fenómeno, la pediatra especialista en Adolescencia (SAP) María Pereyra Gonzales (MN 157377 / MP 196343) describe un escenario preocupante: A los 11 o 12 años se consumen estas bebidas con la validación de los padres, señala. Y amplía: La familia lo ve como una herramienta para que los chicos tengan más energía para las actividades del día a día, no lo ven como algo malo. No lo tienen en la alacena pero sí les dan plata a los chicos para que compren el producto cotidianamente, remarca. Para la especialista, el gran problema es que no se las catalogue formalmente como estimulantes: El gran problema de que no se cataloguen como estimulantes es que son de venta libre. Supuestamente hay restricción para menores de 18 años, pero no se regula la venta realmente, advierte. Insomnio, ansiedad, hipertensión y depresión Pereyra Gonzales detalla las posibles consecuencias: La alta dosis de cafeína y azúcar, según la combinación de cantidad y edad, puede dar distintos síntomas y complicaciones, explica. Y precisa: Uno muy común es el efecto paradojal: en vez de concentrarte y darte energía te puede dar insomnio, ansiedad, dificultad para concentrarte, nerviosismo. Hasta hipertensión arterial, convulsiones. Ante la privación de sueño y otros factores contextuales, es más fácil gatillar efectos colaterales, alerta. De acuerdo con la evidencia disponible, el consumo frecuente en estudiantes se vincula con obesidad, diabetes tipo 2 y síntomas de depresión, lo que agrava el cuadro de riesgo en una etapa clave del desarrollo. La mezcla con alcohol y drogas, una combinación explosiva Otro punto crítico es la combinación de energizantes con alcohol, muy extendida en salidas nocturnas. Allí aparece un riesgo adicional: la pérdida de registro del estado de intoxicación. El mecanismo es claro: el energizante estimula el sistema nervioso central, mientras que el alcohol actúa como depresor. Al consumir ambos a la vez, se enmascaran los efectos de cada uno y se pierde conciencia de las dosis ingeridas. Consultada sobre esta mezcla, la pediatra señala: En edades más precoces, vemos más el energizante solo, pero en la adolescencia media y tardía comienza la combinación con alcohol o drogas, describe. Y advierte: Puede generar problemas de gravedad, tanto al potenciar los efectos como por enmascararlos. Hay ciertas drogas de diseño que se usan en espacios de socialización y en fiestas que pueden potenciar los mismos efectos de estas bebidas y esa combinación lo vuelve peligroso, subraya. Frente a este panorama, la especialista insiste en la necesidad de abordar el tema de manera temprana en los consultorios: Es importante a partir de los 13 años, pesquisar en consultorio, ofrecer un espacio seguro de privacidad y abrir el espacio al tema que ya puede ser pertinente, puede haber un consumo, sostiene. Y concluye con una definición de enfoque: Apuntamos a la reducción de daños y no a una postura punitivista para tener un efecto más benigno y útil sobre lo real. El objetivo es que los chicos puedan cuidarse mejor, sentencia.

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