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Gualeguaychu » El Argentino
Fecha: 25/04/2026 18:00
El 12 de marzo de 2024 Melina Vázquez y Carolina Spataro publicaron en Anfibia un artículo que causó gran revuelo: Las hermanas bastardas. ¿Se puede ser feminista y mileísta? El texto analiza, a partir de entrevistas y observación participante, a las mujeres que asistieron a la marcha por el Día de la Mujer en representación de la Libertad Avanza. La sorpresa y aparente contradicción venía de su presencia en un acto de denuncia de la desigualdad que afecta a las mujeres, pero desde un partido que no sólo se define como antifeminista, sino que coloca al feminismo entre sus enemigos centrales (como dejó claro Milei en reiteradas ocasiones, y con particular virulencia en su discurso ante el Foro Económico Mundial en Davos). Las hermanas bastardas dejó servida la polémica. Para algunos, definir un objeto de estudio como éste implica normalizar algo percibido como una anomalía (mejor no visibilizarlas). Desde un marco similar, pero en otro sentido, se cuestionó el uso de la categoría de feminismo aplicada a un entorno al que se atribuye ir en contra de sus principios (se equivocan). Una última cuestión refería a la representatividad (si son unas pocas, no es relevante). Spataro y Vázquez, lejos de intimidarse, redoblaron la apuesta. Continuaron con un trabajo de campo que las llevó a identificar a más mujeres que se reconocen como feministas liberales y que apoyaron a Javier Milei, así como a profundizar en sus biografías, grupos de pertenencia y redes nacionales, regionales y globales a través de entrevistas y observación participante en grupos y eventos de distinto tipo. De ese trabajo surge el libro Sin padre, sin marido y sin Estado. Feministas de las nuevas derechas, publicado por Siglo XXI en 2025. Las autoras estudian dos grupos: las señoras y las pibas. Las primeras son mujeres en la cincuentena o mayores, pertenecientes a estratos socioeconómicos medio-altos o altos, que adhieren al liberalismo económico desde una tradición familiar con la que, al mismo tiempo, disputan desde su feminismo. Son, en este sentido, quienes reaccionan frente al mandato conservador que adjudica roles tradicionales a la mujer. Las segundas, las pibas, incluyen a quienes se han socializado en las movilizaciones de #NiUnaMenos, mujeres que rondan los treinta y cuarenta años, y también las más jóvenes, particularmente marcadas por el confinamiento durante la pandemia. En este grupo, la agenda de las mujeres aparece como un dato dado, mientras la reacción se dirige contra el Estado. Así, lejos de cualquier simplificación, pero con un estilo ameno y accesible, el libro muestra la diversidad y complejidad de estrategias vitales que no pueden sintetizarse en unas pocas líneas. Quisiera poner énfasis en tres elementos que marcan la tensión de estas mujeres en su adhesión a La Libertad Avanza: la defensa a ultranza del mercado (contra el Estado), la defensa del liberalismo y entre sus principios, del derecho al aborto y su definición de una estrategia política en un sentido crítico. Las mujeres que se definen como liberales son antiestado. En esto confluyen con La Libertad Avanza, pero, a diferencia del partido de Milei, no niegan ni la discriminación ni la violencia contra las mujeres. Lo que rechazan es lo que identifican con formas de victimización y dependencia de la protección estatal. Como alternativa, proponen formar para la independencia económica (hacen talleres y actividades para incentivarla) y también la libre portación de armas para defenderse. Estas mujeres son, además, proaborto. Desde este marco se han producido tensiones de calado en el partido, como la que mostró el debate entre Agustín Laje (referente intelectual de Milei, antiaborto) y Gloria Álvarez (influencer libertaria guatemalteca, igualmente crítica de la izquierda como de los programas conservadores y antiliberales de Orbán, Milei y Trump). Las mujeres estudiadas aquí comparten las ideas de Álvarez. Entonces, la pregunta que parece caer por su propio peso es por qué apoyan a Milei. Y la respuesta equivocada o no, lejos de basarse en la ignorancia, remite a la estrategia. El proyecto de Milei era el que más se acercaba a sus ideas y, por eso, decidieron disputar espacios. Queda claro durante la lectura que estos espacios son dinámicos incluso en un período tan breve como el que abarca este libro: algunas han abandonado el partido, incluso dejando posiciones institucionales, por su rechazo a ciertas derivas conservadoras. Por ejemplo, no se identifican con la vicepresidenta Villarruel por encarnar el ala más dura de este conservadurismo, aunque le reconocen haber alcanzado esa posición por sus propios méritos. Otras siguen considerando que es el único partido desde el cual pueden avanzar su agenda. Sin padre, sin marido y sin Estado hace una contribución importante a desmontar mitos y correr el velo sobre prejuicios que no sirven ni al fortalecimiento de proyectos políticos alternativos ni a la comprensión de fenómenos sociales. En primer lugar, el trabajo de campo de las autoras da cuenta de la insatisfacción de muchas mujeres frente a lo que califican como feminismo hegemónico. En segundo lugar, y en estrecha relación con lo anterior, es central la disputa sobre el rol del Estado que había quedado fuera de la representación partidaria. El cierre del debate generó el caldo de cultivo para la entrada de un discurso radicalizado que explica el éxito de La Libertad Avanza al darle respuesta (en términos politológicos, podría decirse que emergió un clivaje al que el partido de Milei ofrece una respuesta). Por último, para las ciencias sociales, el trabajo etnográfico (a diferencia de las encuestas) muestra la riqueza y complejidad del campo social, desmontando muchos prejuicios. Por ejemplo, la idea de que no hay mujeres en el mundo libertario (más allá de unas pocas figuras visibles, como Lilia Lemoine, por cierto, muy criticada por los grupos estudiados por ocupar posiciones de poder debido a sus relaciones personales), o la atribución de un carácter lumpen o ignorante a sus participantes, o la suposición de que las juventudes sólo se informan a través de redes sociales. Sobre esto último, el estudio da cuenta de la centralidad de los grupos de lectura y el intercambio de referencias, e incluso de la diversidad de estas lecturas. Por todo lo dicho, este libro hace una contribución enorme a la comprensión de las dinámicas políticas contemporáneas. Recomiendo su lectura y debate. *Politóloga y comunicadora (Geneva Graduate Institute y Red de Politólogas)
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