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» La Nacion
Fecha: 25/04/2026 16:56
Salvatore Cernuzio: El papa Francisco tenía su propia lista de etiquetas ROMA.- A un año de la muerte del primer papa argentino, siguen saliendo libros sobre su figura, legado y pontificado. Entre ellos, uno distinto, conmovedor, es Padre, un retrato inédito del Papa Francisco, del periodista italiano, Salvatore Cernuzio, que trabaja para los medios vaticanos (Radio Vaticana, Vatican News, LOsservatore Romano). De 38 años, casado y padre de cuatro hijos, en un libro ágil, casi catártico y lleno de emoción, Cernuzio revela esa increíble amistad que nació entre los dos, después de haberle entregado en mano una carta durante el vuelo papal a Irak, en marzo de 2021. Le siguió después un inesperado llamado telefónico que marcó el inicio de un vínculo muy estrecho. Este libro nace como acto de reconocimiento hacia un hombre, un Papa, que ha cambiado la vida de todos y tocado el corazón de muchos, explica en su prólogo Cernuzio, que desvela momentos íntimos, charlas llenas de humor, anécdotas y conversaciones que hablan de la profunda humanidad del primer papa argentino, hasta sus últimos días. Editado por Piemme, en el libro Cernuzio repasa los viajes que el Papa hubiera querido hacer a Moscú y Kiev, a Gaza -solía llamar a diario al párroco argentino de la Iglesia de la Sagrada Familia, Gabriel Romanelli- y a su querida Argentina. Hay algo que no me cierra, le confesó sobre el jamás realizado viaje a su madre patria, que tenía intenciones de hacer pero del que no estaba convencido. Periodista de origen calabrés, Cernuzio, que solía llevarle helado o empanadas al Papa cada vez que se veían en Santa Marta, en el texto brinda una perla: justo en los días que rodeaban su noveno y penúltimo consistorio, en septiembre de 2023, cuando en la camada de 21 nuevos cardenales estaba su futuro sucesor, el papa León, comentando justamente esos nombramientos, el papa Francisco definió a Robert Prevost con estas palabras: es un santo. Recién vuelto de una exigente gira papal a África -once días, cuatro países, once ciudades, 18 vuelos y 18.000 kilómetros-, Cernuzio dio más precisiones en una entrevista con LA NACION. -¿Qué fue lo que más te impresionó del papa Francisco, tu padre espiritual? -Su forma de ser concreta y su autenticidad. Era concreto, por ejemplo, en las respuestas que daba durante las confesiones o conversaciones. Nunca eran clichés, respuestas improvisadas ni indicaciones abstractas; comprendía los problemas de una pareja, de una familia, de un joven, las cuestiones relacionadas con la intimidad, la crianza de los hijos, el trabajo, las dificultades y las alegrías de la vida cotidiana. Era evidente que había pasado mucho tiempo en el confesionario y había desarrollado la capacidad de percibir incluso lo que no se decía, de leer en la mirada de las personas. Era auténtico porque conocía sus fortalezas sobre todo, su increíble simpatía, pero reconocía sus limitaciones, sus defectos, y no temía mostrarlos. La famosa humanidad de Bergoglio no era solamente acariciar a los pobres y a los niños, sino que consistía en mostrar sus verdaderas emociones: una risa sincera, ojos llenos de lágrimas, un momento de nerviosismo, una mirada de fastidio, de preocupación, de conmoción. Y, además, tenía una increíble capacidad para escuchar, para hacer que todos los que tenía delante se sintieran mirados y especiales. -Ha pasado un año. Sigues los pasos de León XIV. ¿Cómo viviste el primer aniversario de su muerte en medio de tu viaje a África? -Fue extraño... El estrés, la falta de sueño, el constante ir y venir, ya te hacen bastante vulnerable. Además, seguía los preparativos del aniversario en su Roma desde mi teléfono: la misa en Santa Maria Maggiore, los especiales, otros eventos. No habría participado en nada de eso. Me sentía fuera de lugar. Pero recordé las palabras que el propio Francisco me dijo cuando me pidió que estuviera en el hospital para darle lo que podría haber sido su último adiós. Tenía que ir al Líbano en unos días, y le dije que no me iría, que no quería dejarlo en ese estado, etc. Él levantó la voz: ¡Andá, es tu deber!. Era correcto que estuviera en África porque estaba cumpliendo con mi deber. Que, como periodista de los medios vaticanos, es estar al servicio del Papa. -En el libro, mencionas que el Papa Francisco definió un santo al entonces desconocido Robert Prevost. ¿Qué efecto te causó en ese momento? -Era una expresión que le había oído usar a menudo. El papa Francisco tenía su propia lista de etiquetas: es inteligente, es un enfant terrible, es puro de corazón... Usaba santo para describir a personas capaces de soportar situaciones y contextos tensos, de restaurar la comunión y la serenidad, de afrontar los desafíos con paciencia, sin perder la paz (ni el buen humor). -Y después de seguirlo intensamente como vaticanista de los medios de la Santa Sede durante todos estos meses, ¿puedes ver al santo en el nuevo Papa? -En esta acepción bergogliana, diría que sí: León se encuentra al frente de la Iglesia universal en medio de un mundo desgarrado, un mundo que funciona al revés, un mundo de guerras y violencia, incluso verbal, con presidentes que atacan al Pontífice como si fuera el líder del partido de la oposición... León, como dijo en el avión, continúa su misión sin miedo. Hace lo mismo cuando se enfrenta a las divisiones internas dentro de la Iglesia: el rito antiguo, lo sucedido hace meses con los lefebvrianos, tantos debates políticos... También en estos, Prevost ha demostrado su compromiso en seguir adelante con la búsqueda del diálogo y la superación de la polarización. Todo esto, con un estilo muy discreto y actuando entre bastidores. Así que, sí, en este sentido: ¡un santo! -El viaje a África, de hecho, quedó por un lado eclipsado, pero por el otro, fue muy seguido, a nivel mediático, por el ataque de Trump a León... ¿qué opinas? -Los ataques de Trump contra el Papa estaban en el aire desde el martes anterior, en Castel Gandolfo, cuando León XIV instó a los ciudadanos estadounidenses a dirigirse a los miembros del Congreso y decir que no querían la guerra. ¡Algo sin precedentes! Así que me esperaba una reacción de Estados Unidos... Desde luego, me pareció imprudente que ocurriera justo el día en que el Papa estaba en el centro de atención con 70 periodistas a su alrededor... Dicho esto, la polémica generó mucha expectación en torno al viaje a África; al mismo tiempo, corría el riesgo de que cada palabra o gesto se interpretara de forma sesgada: cada vez que León XIV hablaba de paz, guerra o tiranos, era una respuesta a Trump. Escuché a varios colegas decirlo en transmisiones en vivo o lo leí en algunos artículos... Evidentemente, incluso el Papa se dio cuenta de esto y, a mitad de su viaje, hizo un llamado al orden: Soy pastor y no político, estoy en África y me dirijo a África, los discursos se preparan con semanas de anticipación, y si pido la paz en Bamenda, Camerún, es porque hay una guerra separatista en Bamenda, no porque quiera atacar a Estados Unidos. En resumen, un enfoque inteligente para protegerse a sí mismo y a África, y también para reducir la tensión. El tema es que las palabras del Papa tienen de todos modos un valor universal y, como dijo el Papa Francisco, el centro se ve mejor desde las periferias y, en este sentido, el viaje a África fue muy útil para comprender muchas dinámicas.
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